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Una marea humana desbordó ayer las calles de Barcelona en una diada que pasará a la historia como un punto de inflexión para el independentismo catalán. Posiblemente la manifestación más numerosa que se ha realizado jamás en la historia de los Països Catalans y con un lema claro y rotundo “Catalunya, nou estat d’Europa” (Catalunya, nuevo estado de Europa).
La Assemblea Nacional Catalana (ANC), organización convocante, logró reunir la adhesión de la mayoría de agentes políticos y sociales del país, y si bien las expectativas apuntaban alto previamente a la manifestación, la realidad superó con creces a los más optimistas, llevándose a cabo una movilización que ha azotado los cimientos de la política catalana.
La ANC proviene y es heredera del movimiento social que llevó cabo las consultas alegales por la independencia que se iniciaron el 13 de septiembre del 2009 en Arenys de Munt y que posteriormente se extendieron como la pólvora por todo el territorio catalán. No cabe olvidarlo ni cabe por tanto mas que felicitar al pueblo catalán por esta demostración de fuerza movilizadora, aunque habría que tomar nota de varios aspectos destacados. Por una parte, la labor de zapa del autonomismo que ha intentado camuflarse en la manifestación y desvirtuar su esencia independentista mediante la reivindicación de un pacto fiscal con el estado español, intentando poner el independentismo al servicio de la burguesía colaboracionista y hacer de dique de contención de las ansias nacionales vehiculizandolas hacia intereses partidistas y de clase. Y por otra parte, la larga distancia que existe entre las ansias populares y el reflejo en las instituciones que cuentan con una relación de fuerzas en las que el independentismo sale bastante mal parado.
Contrasta en definitiva con la situación de Euskal Herria donde el independentismo cuenta con unas bases fuertes y en ascenso a nivel institucional, pero donde la estrategia independentista no acaba de despegar a nivel movilizador y de iniciativas potentes que puedan sacudir la coyuntura política y donde el movimiento social va perdiendo peso y equilibrio en relación a la centralidad que está tomando el institucionalismo.
Tanto en los Països Catalans como en Euskal Herria, se van a necesitar de estrategias claras que puedan superar el marco político impuesto y eso va a tener que pasar por una buena complementarización y energía tanto a nivel institucional, movilizador y desobediente, uniendo bien todas las piezas en un proceso independentista que arrastre las inercias existentes y que no tenga miedo a sobrepasar la legalidad.
Será el pueblo catalán el que tenga que decidir los caminos adecuados para tal labor, intentando neutralizar al autonomismo que cuenta con una fuerte capacidad y potencialidad para anestesiar al independentismo y en Euskal Herria, una vez finalizada la estrategia político-militar, única estrategia que ha sido puesta encima de la mesa en cuanto al camino a recorrer para alcanzar los objetivos, hoy en día no ha sido sustituida aún por un camino detallado más allá de vagas consignas y objetivos parciales de toma de poder institucional. |