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Recientemente hemos vivido dos hechos de fuerte impacto en el devenir político de Euskal Herria.

En la mitología griega Ortro era un perro de dos cabezas. El gigante Gerión le encomendó guardar un rebaño de  bueyes en la isla Eritia.

Recientemente hemos vivido dos hechos de fuerte impacto en el devenir político de Euskal Herria. Por una parte, el operativo armado contra Herrira que ha llevado a que el estado español prohíba las actividades de este movimiento de defensa de los derechos de los presos y presas vascas. Por otra parte, la resolución del tribunal de Estrasburgo en relación a la aplicación de forma retroactiva de la doctrina 197/2006, que tendría que suponer la inmediata liberación de decenas de presos y presas políticas a las que se les ha aplicado esta medida totalmente inconsistente y arbitraria desde un punto de vista jurídico y cruel desde un punto humano.

Se podría decir que el ataque a Herrira sorprendió a una gran parte de la sociedad vasca, incluidos también amplios espectros de la izquierda abertzale que en sus análisis habían dado por terminada la fase de las ilegalizaciones. Sin embargo, la realidad se abrió paso una vez más de una forma contundente y chocó frontalmente contra la ingenuidad del oprimido. No haber anticipado la posibilidad real de un golpe de esas características, haber educado a la sociedad vasca en la imposibilidad de que algo así ocurriera, en el fondo hace visible un desajuste o cierta inexactitud en el análisis de la función del estado, sus estrategias, del momento que vivimos y más globalmente en la propia teoría de la represión.

En el caso de la sentencia de Estrasburgo puede ocurrir algo parecido. Si bien, como no podía ser de otra manera, la satisfacción y la alegría debido a la esperemos, inminente liberación de decenas de prisioneros y prisioneras políticas es un hecho a celebrar, se puede dar de nuevo un desajuste o cierta inexactitud en el análisis de no tener en cuenta las relaciones inter-burguesas del imperialismo europeo, las diversas aplicaciones de las estrategias y el propio significado de Europa. No como ente geográfico sino político del capital, que es exactamente lo que es.

El comunicado de hace dos años en el que ETA informó que ponía fin al empleo de la violencia revolucionaria no abrió un nuevo tiempo político sino una nueva fase que al ser activada de manera unilateral no cambiaría el tiempo político por sí misma. Ya que los ejes de este tiempo en relación al conflicto siguen invariables: Euskal Herria sometida nacional y socialmente por los estados español y francés, con el capitalismo y la represión como ejes vertebradores de la imposición. No solo no abrió un nuevo tiempo sino que ni siquiera se abrió una oportunidad de dar el salto a un nuevo tiempo. Eso es algo a generar aún. Y esto es sencillamente porque desgraciadamente ni hace dos años, ni hoy en día, todavía se han generado las condiciones de ruptura necesarias para a través de desatar las contradicciones existentes pueda nacer una nueva realidad o un nuevo tiempo.

En cualquier caso, el fin de la lucha armada vasca marca un antes y un después. Una nueva fase. En mi opinión, al contrario de lo que piensan muchos, especialmente para el estado. Una nueva fase que ha creado un choque estratégico interno en el estado donde cada vez se perfilan dos formas de encarar esta fase que en realidad para ellos no sería más que un nuevo ciclo represivo y un nuevo ciclo de imposición.

Al estado español ante la evidencia del cese armado de la resistencia vasca se le abrió un dilema. Que la necesidad contra-insurgente debía pasar por una reformulación de la estrategia con vistas a alimentar procesos de asimilación con los que cuentan con mucha experiencia histórica como el producido por el PNV, EE o PCE. Eso o seguir tensando la cuerda.

Esas son las dos opciones que presentan ciertas incompatibilidades entre ellas. El estado se está debatiendo entre una o la otra. La movilización de ayer en Madrid en contra de la sentencia de Estrasburgo en realidad solo respondía a esa lucha interna, siendo un elemento de presión en favor de seguir tensando la cuerda y especialmente defendida por el frente militar, policial y de los sectores más duros del capital. Al otro lado estaría el poder fáctico europeo que si bien ha defendido durante décadas la mano dura del estado español contra Euskal Herria no ven con buenos ojos el tensionamiento actual de la cuerda hasta el absurdo y exige que se canalice ‘el conflicto vasco’ hasta su liquidación, con la esperanza de moderar a la izquierda abertzale en baremos asimilables para los intereses de la Europa del capital, no vaya a ser de que tanto abuso ‘de alas’ a futuras potencialidades rupturistas, ya que la Europa del capital, necesita una Europa sumisa. No un núcleo de subversión en el centro de sus entrañas ni un estado socialista vasco independiente que contagiaría las proximidades.

Para el estado español, inmerso en una crisis profunda, con la necesidad de ampliar su coerción , de aumentar el recorte de derechos, de impedir que la clase trabajadora se subleve, de contrarrestar el proceso independentista en Catalunya, con poca cintura debido al impulso netamente fascista que ha tenido que imprimir para intentar sofocar a la disidencia vasca se le presenta este reto y este dilema.

A Catalunya ya están mandando desde algunos sectores españoles globos sonda en relación a una negociación para parar el proceso soberanista a cambio de reivindicaciones antes rechazadas por el estado pero que mantengan a Catalunya atada. Se sabe que una parte influyente del PSOE ,aunque aún tímidamente, apuesta por un “proceso de paz” en Euskal Herria con la esperanza de que eso impida un proceso rupturista en sintonía con la Europa del capital. El PP cuenta con contradicciones internas que son un reflejo de todo este lío de estrategias e intereses. Igual le ocurre al PNV debido a su relación estructural con el estado y el capital.

Sin embargo, el estado y el capital es el que tiene la última palabra, el que gestiona y dinamiza todas las necesidades represivas y de imposición, que pueden variar, pero que para ellos no tiene final ya que sería su fin.

¿Hacia dónde se decantarán?.

Eso es secundario siempre y cuando el oprimido entienda que pese a que el perro que guarda el rebaño pueda tener dos cabezas diferentes ,el objetivo de éstas es el mismo, destruir a su presa. Por lo tanto solo en manos del oprimido está no permitirlo, explotar todas las contracciones que puedan beneficiar, abrir brechas en el enemigo y no en los amigos, además de generar las condiciones de ruptura necesarias para a través de desatar las contradicciones existentes pueda nacer una nueva realidad liberadora, descartando la ingenuidad y poniendo en marcha la ingeniería subversiva aprendida de siglos de lucha de la clase trabajadora mundial y de nuestro propio pueblo para abrir en esta fase un nuevo ciclo revolucionario hacia la independencia y el socialismo, siendo esa la solución al conflicto para la clase trabajadora vasca.

+ Círculo concéntrico, muelle y dragón