«Seamos realistas y hagamos lo imposible…». Ernesto «Che» Guevara

1. La ventana de Maneiro

Un día, Alfredo Maneiro, fundador de La Causa R, aplicó a sus discípulos una prueba de realismo político. Les dijo que se ubicaran, como revolucionarios, en una situación límite que describía así: estás en una habitación sin ventanas, sólo tiene una puerta para entrar y salir. Estás rodeado por tus enemigos. Si sales te atrapan, si entran te matan ¿Qué haces?
Y comenzaron las respuestas sin alternativas. Los derrotados y arrepentidos, argumentaban: me dejé rodear, no tomé las decisiones adecuadas, no actué a tiempo, ahora es tarde. Los aventureros decían ¿no me queda otra que jugármela con todo, salgo disparando y muero peleando. Y así iban, uno a uno, describiendo su derrota inevitable.

Ante la cara risueña de Maneiro, la pregunta era unánime ¡¿Qué harías tú?!

Y él respondía: seguramente, en mi maletín tengo una tiza o un lápiz, lo que sea, lo tomo, dibujo una ventana en la pared del fondo y me escapo por ella. Realismo político puro y simple.

2. La ventana de Chávez

Acorralado, en una habitación con una sola puerta y sin ventanas. Consciente de que su ausencia física causaría desconcierto entre sus seguidores y un vacío en la conducción del proceso revolucionario. Seguro de que su falta atentaría contra la unidad de las fuerzas políticas y militares que lo acompañaban, el ocho de diciembre de 2012, Chávez tomó un lápiz y frente a su pueblo y el mundo, dibujó una ventana: «si se presentara alguna circunstancia sobrevenida, que a mí me inhabilite para continuar al frente de la presidencia y para asumir el próximo período constitucional, ustedes elijan a Nicolás Maduro como presidente de la República Bolivariana de Venezuela». Este fue su último gesto de estadista que permitió a la revolución bolivariana mantenerse en el gobierno. Realismo político puro y simple.

3. La ventana de Maduro

La conmoción popular que causó la muerte de Chávez, dio la posibilidad de acabar con el proceso bolivariano por la vía electoral. Y casi lo logran en las elecciones presidenciales de abril de 2013, en las que Nicolás Maduro ganó con un margen no usual para el chavismo. Desde ese momento, la arremetida de la oposición fascista ha sido continua e implacable.

Es necesario advertir, que en Venezuela no existe una oposición política nacional y mucho menos nacionalista, sino la «avanzada política» de un ejército de ocupación que abiertamente lucha para reinstalar un gobierno títere de los poderes económicos de los Estados Unidos enquistados en el complejo industrial, militar y petrolero.

Las acciones de dicha avanzada, fueron respaldadas por el decreto ejecutivo del presidente Barack Obama, en marzo de 2015, declarando a Venezuela «amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional de Estados Unidos», lo que determinó, en primer lugar, la intensificación del bloqueo económico internacional, con sus nefastas consecuencias en la adquisición de alimentos procesados, medicinas etc., en segundo lugar, el incremento de la guerra económica interna que implica un ataque brutal a la moneda nacional y la escasez e inflación programadas, lo que les facilitó obtener la mayoría de curules en la Asamblea Nacional, en diciembre de 2015, y, en tercer lugar, el recrudecimiento, en 2017, de la violencia terrorista, con saboteos al sistema eléctrico, ataques a instalaciones públicas (hospitales, escuelas, comandos militares, transportes y depósitos de comida etc.), asesinatos y linchamientos de activistas «chavistas» y de efectivos de la Guardia Nacional.

A este difícil y peligroso cuadro interno, se suma la imagen virtual que han construido las empresas mediáticas internacionales de una Venezuela gobernada por un dictador corrupto, que impide las elecciones y encarcela sin fórmula de juicio, tortura y mata, a los ciudadanos que se le oponen pacíficamente.

Estamos sufriendo, indudablemente, las consecuencias de lo que Luis Antonio Bigott calificó, en 2005, como «Operación fascista sobre Venezuela».

De esta manera, todo estaba preparado para que nuestro país fuera objeto de una intervención militar multinacional «humanitaria», para «derrocar al dictador y recuperar la democracia y las libertades del pueblo». Tal y como han hecho creer que ocurrió en Irak, Afganistán, Libia, etc., luego de las invasiones armadas de Estados unidos y sus aliados de la OTAN.

Así las cosas, entre las filas de la avanzada imperialista y sus seguidores, se escuchaba el grito de triunfo «¡¡Ríndete Nicolás, que estás rodeado!!».

Y, Nicolás Maduro, el 1 de mayo de 2017, sacó su lápiz, dibujó una ventana en la pared del fondo y escapó por ella: llamó a constituyente. Realismo político puro y simple.

4. Constituyente es Patria

Nicolás, acaba de dibujar no una simple ventana, sino un ventanal para el poder popular. El más espacioso posible, para que escapen con él quienes se niegan a vivir en una neocolonia, rechazan decididamente la barbarie fascista y luchan para impedir que se instale entre nosotros.

Una ventana para perfeccionar nuestra Constitución, en términos de mayor protagonismo y participación popular y en la consolidación de un sistema económico no rentista, socialista y ecológico. Una ventana para que saltemos al jardín de las diversidades y nos reconozcamos como iguales. Una ventana para que nuestras niñas y niños, comiencen a mirar su mejor futuro y los viejos reconozcan que están en su más tierna edad. En fin, una ventana para que nos escapemos quienes queremos Patria independiente y soberana y aspiramos vivirla en paz. Realismo político puro y simple.

* Gregorio J. Pérez Almeida es Profesor de Filosofía y experto en DDHH