Tras dos días de silencio llenos de incógnitas, el president de la Generalitat, Carles Puigdemont, ha comparecido hoy en Bruselas junto a siete de sus consellers, donde parece que se instalarán hasta nuevo aviso. Lo ha hecho en una pequeña sala de prensa llena hasta los topes por medios de todo el continente, a los que se se ha dirigido en catalán, castellano, francés e inglés en una comparecencia en la que destacan cinco puntos. Cinco ejes que dan pistas para interpretar el futuro a corto plazo.

Primero: Govern legítimo y vigente. El Govern se ha partido en dos, no política ni ideológicamente, sino geográficamente. Espacialmente. La mitad funcionará desde Bruselas y la otra mitad desde Barcelona. Están en permanente contacto. Lo que toca subrayar es que, a diferencia de otras instancias administrativas –en las que sí se ha acatado el 155 para proteger a funcionarios– el ejecutivo no se da por cesado por la aplicación del artículo 155 de la Constitución y sigue siendo el gobierno legítimo de la Generalitat de Catalunya.

Segundo: evitar la violencia. El president ha explicado que el viernes, a través de fuentes contrastadas, tuvieron conocimiento de que el Estado preparaba «una ofensiva altamente agresiva y sin precedentes» contra ciudadanos, funcionarios y miembros del Govern. La obsesión del Govern es evitar episodios violentos y represivos contra la sociedad catalana, algo que reconoce que «ralentizará» la implantación de la República, pero que ancla al independentismo en valores pacifistas con buena prensa en Europa –y lo confronta con la actuación estatal el 1-O–. Se pone un muro, de paso, a la pretensión española de juzgar a los responsables independentistas por rebelión, tipo penal que exige la concurrencia de violencia.

Tercero: «Será un camino largo». Puigdemont ha sido sincero y es de agradecer. Se ha dirigido directamente a la sociedad catalana y, en especial, a los sectores que apoyan la República independiente, para reconocerles que esto será largo. Muy largo. Era evidente, pero todavía existía cierto pensamiento mágico que confiaba en echar a andar la República de forma casi natural en las próximas semanas.

Cuarto: las elecciones del 21D. Los comicios impuestos por Rajoy el 21 de diciembre son el nuevo hito en el calendario catalán. También en el español. Van camino de convertirse en las auténticas elecciones plebiscitarias reconocidas como tales también por el unionismo. No es el escenario esperado, pero es apasionante, y está lleno de posibilidades. «Es en el territorio de la democracia donde somos más fuertes, siempre que haya urnas, nos encontrarán», ha subrayado. Pero con una cláusula del todo lícita: «Nosotros respetaremos los resultados de las elecciones sean las que sean. ¿Rajoy hará lo mismo? Quiero saberlo».

Quinto y último: el asilo. Puigdemont ha negado haber acudido a Bélgica a pedir asilo. Ha subrayado que la mitad del Govern se ha instalado en Bruselas porque es «el corazón de la Unión Europea», pero se ha cuidado mucho de implicar a uno de los países que más simpatías ha mostrado hacia Catalunya: «Nuestra presencia aquí no tiene nada que ver con la política belga». Y sin embargo, una duda flota en el aire: si el Gobierno español dicta una orden europea de detención y entrega contra Puigdemont, ¿Bélgica acatará? Si lo hace, ¿el president no planteará la la petición de asilo?