Ustedes me perdonan, pero no puedo dejar de contar una humorada de Andrés Eloy Blanco cuando, presidente de la Asamblea Constituyente de 1946, al fin de una sesión cuando todos salían del Palacio Legislativo, una señora del público comentó la intervención de Germán Borregales, un diputado tan reaccionario que acusaba a Rafael Caldera de comunista. "¡Qué tipo tan bruto!" dijo la mujer, y Andrés Eloy le respondió "Y eso que usted no lo ha leído…"

Así pasa con la izquierda exquisita cuando "explica" su oposición a nuestra imperfecta, incompleta, defectuosa, contradictoria y, sin embargo, progresista y muy digna de ser defendida Revolución Bolivariana.

Para Roland Denis, que el pueblo chavista, con todas las dificultades, incomodidades y peligros que vivimos, siga (sin dejar de criticar y protestar) apoyando a la revolución, lo único que prueba es "la posibilidad de control de masas, a pesar de la acelerada evolución caótica en que nos encontramos, hasta llegar al borde de un desmoronamiento de todos los sistemas públicos y comunes como de los más básicos derechos a la sobrevivencia del cuerpo colectivo…" Ni de vaina se le ocurre pensar que el pueblo pueda tener más conciencia que él, que el pueblo entienda que lo nuestro vale la pena ser defendido. Sobre todo, cuando nos comparamos con Argentina, Brasil, Colombia, España, México, Perú, Chile, etc.

Sin negar la corrupción, el burocratismo y la mediocridad gobiernera, el hecho que la mayor parte de nuestros males venga del bloqueo o guerra económica que nos aplica el mundo, es para Denis un detalle insignificante, porque según él "Esto ha sido un inmenso laboratorio, donde se conjuga la complicidad de gobernantes y agentes monopólicos nacionales e imperiales". Y uno se pregunta, si el gobierno es cómplice de agentes monopólicos imperiales ¿de dónde vienen los golpes? O como dijo un boxeador molido a golpes a su entrenador que aseguraba que el adversario estaba acabado: "Entonces vigila al árbitro, porque alguien me está matando" …

Lo que pasa, según lo que podemos entender en la prosa de Roland Denis, es que no sólo el gobierno es una birria, sino el pueblo es pasivo, porque (cito):

"Nadie con un mínimo de ética y formación política entiende cómo dejan que se descomponga y se barbarice el cuadro económico-social y de los servicios públicos, a tal punto, sin que se conjuguen las condiciones para la activación de un movimiento virulento de resistencia en contra de quienes lo han hecho posible tanto desde el mando de gobierno como desde la tiranía económica monopólica".

Un "movimiento virulento de resistencia" lo hubo, y se llamó guarimba, pero ¡que vaina! no fue del pueblo chavista sino de la extrema derecha… ¿Y entonces? ¿Cómo se explica que las masas trabajadoras no se rebelen contra el gobierno? ¿Cuál es la respuesta a este misterio de la ciencia?

Para Roland Denis "Esto parece un imposible, propio solamente de una sociedad placentera de su esclavitud y su miseria en aumento, o en el mejor de los casos, de saltos verbalizados cuyos límites no pasan de ser el lamento cada vez más rabioso pero impotente propios de una representación de sí que no pasa de ser aquella de la víctima eterna". Es decir, porque –según él- somos un pueblo de mierda, masoquista, que goza sufriendo, y se complace en su papel de víctima. Camaradas, tenemos el honor de ser insultados por los que saben, por la izquierda exquisita.

Que Obama y Trump hayan declarado a Venezuela "amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional de los Estados Unidos", que la representante gringa en la ONU diga que somos una "amenaza global", que la Unión Europea nos sancione por no ser lo suficientemente democráticos, que Rajoy nos culpe hasta de la independencia de Catalunya y que Santos, a quien su montaña de cadáveres no le quita el sueño diga que somos "su peor pesadilla", son señales inequívocas de que algo debemos estar haciendo bien. Pero eso no significa nada para la izquierda exquisita, que no entendió a Chávez, no entiende a Maduro y –peor- no entiende al pueblo trabajador.

Para la izquierda exquisita, el pueblo chavista no está a la altura de la teoría revolucionaria, y esta revolución sólo tuvo un momento verdadero: al principio cuando creyeron que iba a ser como ellos creían que debía ser, como la imaginaban. Sin toda la complejidad, las deficiencias y las dificultades de la realidad. En aquellos buenos tiempos cuando Roland Denis era viceministro.