El problema es que, lo que para unos es reivindicación y apología de la lucha antifascista, para otros y para la Delegación del Gobierno español en Navarra siguen siendo «la realización de una concentración que favorecería el comportamiento de los terroristas».

Como cada año, este también, desde Ahaztuak 1936-1977 habíamos convocado un acto de homenaje a los cinco luchadores antifascistas que fueron asesinados por la dictadura franquista  el 27 de Septiembre de 1975. No esperábamos, la verdad, después de que una convocatoria similar, el año pasado, se pudiera haber desarrollado con total normalidad, viniera el nuevo gobierno del PSOE, con su nuevo talante y, el nuevo delegado del gobierno, José Luis Arasti Pérez, nos aplicara las viejas prácticas.



Al cumplirse 43 años de aquellos hechos, nuevamente volvemos a encontrarnos, y no es la primera vez, con los ramalazos de aquella dictadura. Nos vienen a decir que, en base a un informe de la Jefatura Superior de Policía de Pamplona, nos prohíben la concentración por ser una convocatoria que viene acompañada de un cartel, en el que aparecen las fotos de cinco terroristas, a quienes se quiere homenajear. No sabemos que esperaban; en un homenaje a cinco personas asesinadas por el franquismo, lo lógico es que aparezcan sus fotos. De quien sino.



Se dice en la prohibición, que esta convocatoria supone un menosprecio y humillación a las víctimas y sus familiares, y que pudiera ser constitutivo de un delito de enaltecimiento del terrorismo. Sin embargo, seguimos pensando que no existe ningún elemento de ensalzamiento del terrorismo por lo que no hay ningún motivo para que esta prohibición.



El problema es que, lo que para unos es reivindicación y apología de la lucha antifascista, para otros y para la Delegación del Gobierno español en Navarra siguen siendo «la realización de una concentración que favorecería el comportamiento de los terroristas».



Bajo estos criterios hemos de seguir soportando prohibiciones como esta, un hecho de extrema gravedad por lo que supone la constatación de que el modelo de impunidad para el régimen franquista y sus crímenes se refuerza con la negación del derecho a la memoria de las víctimas de aquel régimen dictatorial, y también contra las personas que lucharon contra el mismo.



Transcurridos 43 años de aquellos acontecimientos, una parte de la clase política y la judicatura española continúan negando la condición política de los asesinados al alba del 27 septiembre de 1975. Y en esa negación, de la condición política, está el error de fondo de algunos sectores que, trabajando por la recuperación de la memoria, no valoran el contenido político de ese trabajo. La misma negación política que está detrás de esta prohibición.



Lo hemos podido comprobar recientemente en un denominado “Manifiesto por la memoria histórica y contra la manipulación” en la que, personas de diferentes ámbitos relacionados con la memoria, criticaban algunas actividades a desarrollar en el Gaztetxe Maravillas Lamberto, por: «poner en valor la lucha de ETA, en el marco del Gudari Eguna el 27 de septiembre, encontrarle un sentido práctico al horror provocado por ETA o plantear que la violencia de ETA… fue una violencia de respuesta, es una aberración humana que no compartimos».



Y resaltaban la, en su opinión, clara contradicción que se cometía al: «pretender relacionar al mundo de ETA, y su actuar autoritario, con Maravillas Lamberto, los fugados del fuerte de San Cristóbal o cualquiera de las 3.452 personas asesinadas en Navarra. La memoria si algo nos enseña es… a rechazar de plano la violencia…».



Para nosotras y nosotros, el marco del 27 de septiembre, no consiste en poner en valor la lucha de ETA y relacionarla con Maravillas Lamberto, los fugados del fuerte o los miles de asesinados, pero si entender que ETA fue una respuesta al franquismo, que la violencia no empezó con ETA ni, desgraciadamente, acabó con ETA, la lucha de ETA surgió en la lucha antifranquista, y en ello está la clave. José Luís, Ramón, Humberto, Txiki y Otaegi fueron luchadores antifranquistas.



La línea divisoria no está en la utilización de la violencia, a no ser que estas alturas nos creamos lo de estar en «contra de la violencia venga de donde venga», o que «el fin no justifica los medios», cuando, además, se viene de aplaudir el desalojo violento de un Gaztetxe, eso sí, utilizando una violencia amable. La línea divisoria está entre franquistas y antifranquistas, se esté o no de acuerdo con algunos métodos.



De lo contrario, ¿estamos diciendo que fue un error coger las armas para defender la República, o seguir luchando en el «maquis» contra la dictadura? A las 3.452 personas asesinadas no les dio tiempo ni a optar y, probablemente esa, la opción de coger las armas, hubiera sido la de muchas de ellas. ¿Rechazaríamos de plano esa violencia?

José Luís, Ramón, Humberto, Txiki y Otaegi; nosotros y nosotras no olvidamos y os seguiremos recordando cada 27 de septiembre. Murieron por unos ideales, y esos ideales siguen vivos en nosotros y nosotras. Ésta es la herencia que hemos recibido, y la que nos da la fuerza para no rendirnos y seguir con el trabajo de recuperación de la memoria.