Urge plan nacional integral y popular antibloqueo. Análisis de La Corriente

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Las variables principales que determinan la situación política nacional siguen siendo la crisis económica y el bloqueo comercial y financiero. Hay otros elementos presentes, como las negociaciones en Barbados con los factores opositores tutelados por EEUU, aún cuando la dirigencia golpista aparezca cada vez más desacreditada y con menor incidencia sobre la población del país: las recientes revelaciones sobre los planes de entrega del Esequibo para obtener el respaldo británico y la evidencia de las conexiones entre Guaidó y el paramilitarismo colombiano no hacen sino terminar de confirmar la calaña criminal, antinacional y antidemocrática de esta pseudodirigencia, con el correspondiente impacto en la disminución del cada vez más mermado apoyo que reciben de la base social opositora. Así, el centro de la dinámica sigue estando en el frente externo y en la crisis económica causada por el bloqueo y potenciada por variables como las dificultades del gobierno para alcanzar mayores niveles de eficiencia, la corrupción.

En el frente de la agresión internacional estamos asistiendo a una agudización de las contradicciones en el bloque político que actualmente conduce el gobierno de EEUU. Por un lado, vemos que Trump intenta poner orden en su gobierno, en su  gabinete, para buscar tener actores más afines a su visión y desprenderse de sectores que afectan su estrategia. Es un hecho que la política norteamericana viene conduciéndose de forma caótica y errática, lo cual nos ha favorecido: hay poca claridad en los objetivos y en la estrategia, y las tensiones internas son muy fuertes, lo cual está además transversalizado por el escenario electoral estadounidense. Esto, a pesar de que todo indica que no habría mayor problema para que Trump sea reelegido. A esa probabilidad ha sumado más la política económica, que ha sido relativamente exitosa, manteniendo crecimiento y estabilidad, que la política exterior, que no ha sido exitosa, producto de que hay un cuadro geopolítico global que no logran descifrar y entender cabalmente para poder adecuarse a ese escenario: continúan con posiciones imperialistas, hegemonicistas, en un contexto global en el que no hay condiciones para eso por los factores de poder que han emergido.

Todos estos elementos tienen su expresión en la política de EEUU hacia América Latina. Allí es clave el peso determinante que tiene el estado de Florida en la elección presidencial de EEUU. Es Florida precisamente donde se concentran los factores más radicalmente anticubanos y antivenezolanos y donde están los factores que más han impulsado la línea dura contra Venezuela, lo cual obliga a Trump, de cara a su reelección y de cara a la conformación de las alianzas internas que necesita para empujar su proyecto político y económico, a hacer concesiones en este sentido y favorecer estos sectores de línea dura. Entonces vemos por un lado a un Trump que busca llevar la política hacia Venezuela por la vía de la negociación, contrariamente a lo que dijo recientemente en relación con la salida de Bolton, desarrollando una línea que consiste en evitar la intervención armada, pero aumentar al máximo la presión para generar condiciones favorables a sus intereses y después negociar. Por otro lado, están los sectores más guerreristas exacerbando el tema de la intervención armada, que son los que vienen impulsando el tema del TIAR, la presión sobre Colombia para que mantenga e impulse una actitud belicista hacia Venezuela, entre otras acciones. De hecho, es probable que el actual recrudecimiento de las acciones belicistas venga acompañado de un recrudecimiento de las sanciones económicas.

En resumen, en el frente externo hay un conjunto de contradicciones no lineales que deben ser analizadas con mucho detenimiento para leerlas acertadamente, descifrar correctamente el cuadro y anticipar posibles escenarios. Aunque la vía de la negociación es la que encabeza Trump, ello no quiere decir que se vaya a suspender el bloqueo o a flexibilizar y tampoco que vaya a haber una reunión de Trump con Maduro, principalmente porque Venezuela no tiene el peso geopolítico o nuclear, ni la prioridad estratégica que tienen factores como Corea del Norte, o los países de Asia Pacífica, que es donde se ubica el esfuerzo principal de EEUU en política exterior. En general, es necesario tener claro este proceso de contradicciones del enemigo externo, pero no debemos atenernos a que las contradicciones dentro del establecimiento norteamericano vayan a resolvernos el problema. El carácter intervencionista del imperio norteamericano no lo determina un hombre o dos sino la vocación y la ideología supremacista de la élite dominante, y sus intereses. Lo correcto es que como pueblo, como nación y como Estado hagamos lo que corresponde para defender la soberanía, la paz y la democracia.

En el frente interno tenemos entonces como variable principal que determina la dinámica el escenario económico, que está condicionado por dos factores principales: 1) el impacto del bloqueo comercial y financiero, que imposibilita aspectos como el comercio exterior y la comercialización del petróleo, lo cual repercute en un profundo impacto para que Venezuela pueda emplear sus capacidades en lograr la recuperación económica y atender el agravamiento cada vez mayor de la crisis social y de servicios. Y 2) la crónica incapacidad que ha venido demostrando el gobierno nacional para construir una política económica integral y coherente, que responda a las condiciones de una economía bloqueada, asediada, como es la nuestra actualmente.

Es urgente una política económica para contrarrestar los efectos del bloqueo comercial y financiero, una política que nos permita emplear las capacidades, recursos, herramientas que dependen de nosotros, que permitan hacer que el Estado pueda intervenir en la economía, convocando a todos los actores económicos. La política económica que viene aplicándose desde el 20 de agosto de 2018 es improvisada, errática y contradictoria, al menos en lo que se refiere a encarar los principales desafíos de la economía, que son combatir la hiperinflación y reactivar el aparato productivo. No hay un plan económico que efectivamente apunte a esos objetivos. Se ha intentado combatir la hiperinflación con algunas medidas de carácter monetarista pero ha sido fallido, por ser medidas parciales e incongruentes. A pesar de que esas medidas dieron algunos resultados positivos temporales, su efecto fue breve porque era insostenible. Esto, además del hecho de que esos logros fueron a costa de descargar sobre los sectores de la sociedad más débiles económicamente el mayor peso de las consecuencias de estos ajustes económicos.

Hoy estamos asistiendo a un agotamiento de esas medidas monetaristas ortodoxas como el congelamiento del salario, la reducción y suspensión de los bonos sociales, la suspensión del crédito bancario a través del encaje 100%, la reducción del gasto público. Todo eso tuvo un impacto en la disminución de la demanda y eso hizo que se ralentizara la hiperinflación: durante tres meses la hiperinflación se llevó a un número por debajo del 50%, cuando veníamos superando el 200 o 250%. Esa ralentización era insostenible y, además, con consecuencias sociales profundamente graves.

El plan nacional integral y popular antibloqueo al que nos referimos como urgente debería tener al menos tres ejes:

1) Una política económica antibloqueo. Se necesita convocar a todos los sectores económicos, sociales, públicos y privados a una gran espacio de discusión sobre la política económica para enfrentar el bloqueo comercial y financiero que tenga dos objetivos centrales: a) combatir la hiperinflación con un plan antiinflacionario integral, con metas claras y realistas, diseñada para evitar que la mayor carga de los ajustes macroeconómicos necesarios recaiga sobre la mayoría trabajadora del país, que es la que hasta ahora sufre las peores consecuencias de la crisis; y b) la reactivación de la producción nacional con prioridad en la producción agropecuaria y agroindustrial.

Esta crisis es una oportunidad para adelantar un proceso de industrialización. Esto debe ser un esfuerzo central de la política económica antibloqueo. Sabemos que es una tarea titánica y compleja, más en las condiciones de un país bloqueado y asediado, pero para derrotar el plan intervencionista norteamericano se nos impone esto como desafío. Defender la patria y producir debe ser la consigna nacional.

Una política de reactivación de la producción agropecuaria pasa por estructurar un PLAN DE URGENCIAS PRODUCTIVAS NACIONALES en el que todos los sectores sin distinción ideológica estén convocados, para lo cual se requiere crear un clima de confianza, de apertura, de garantías para que la producción comunal, la pequeña y mediana empresa y las empresas públicas puedan desarrollarse.

2) Una ofensiva política contra los grandes males enquistados en la revolución bolivariana: la corrupción, la ineficiencia y la falta de voluntad política para avanzar en la profundización de la democracia revolucionaria, que es el centro del proyecto histórico chavista. ¿Dónde quedó la iniciativa de rectificación y cambio? Es necesario que se adelante, enmarcado en un plan estratégico, el conjunto de planteamientos y propuestas que los sectores sociales, políticos y económicos, hemos hecho para el fortalecimiento ético, para la eficiencia del gobierno y del Estado. La agresión norteamericana obliga a la unidad nacional, popular y democrática de todos(as) los y las venezolanos(as), pero es necesario que en medio de esta batalla histórica se atienda el conjunto de contradicciones que mellan y debilitan la moral y la disposición de lucha de la gente.

3) Un plan de defensa de los activos del país en el exterior. Un eje de la agresión norteamericana es el despojo arbitrario que de forma sistemática se está adelantando contra los activos y recursos financieros del país. Al pueblo venezolano y al movimiento chavista nos preocupa que, al menos de forma evidente y notoria, no se esté adelantando un esfuerzo, planificado dentro de una estrategia, para defender, recuperar y enfrentar el despojo descarado del que estamos siendo objeto. Esto va de la mano con el impulso de una robusta política de solidaridad en la cual el aparato diplomático debe convertirse en un instrumento político y organizativo de ese amplio y democrático movimiento de solidaridad.

Que este año 2019 hayamos logrado sortear las amenazas externas e internas y hayamos logrado defender la democracia, la soberanía y la paz de Venezuela es un logro incuestionable. Sin embargo, sabemos que la batalla continúa y que el centro en buena medida estará en continuar asfixiando al país atacando la economía para obligarnos a negociar en desventaja, doblegados. A eso no estamos dispuestos como pueblo. Y de eso hemos dado pruebas suficientes en estos años de asedio y agresión inclemente. Pero para avanzar con paso más firme y mayor fuerza hacia esos objetivos deben tomarse acciones desde la alta dirigencia política del gobierno y el Estado venezolano. Aquí está el pueblo de Bolívar, Chávez, Manuelita, Negro Miguel y Guaicaipuro, dispuesto a seguir peleando, haciendo propuestas, exigiendo la participación que ha conquistado con resistencia y lucha. Es la hora. Pa’ luego es tarde.

Coordinación Nacional Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora

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