La nueva consejera de Interior es conocida públicamente por la pelea que lideró contra el pantano de Itoitz. Nació en Artieda hace 58 años y montó un despacho de abogados junto con su hermano en 1986, que ha sido referente de izquierdas en casos administrativos y medioambientales. Antes asesoró a Jesús Bueno Asín en Ordenación del Territorio, de 1979 a 1983.

Beaumont cita a GARA a las seis en su despacho en Diputación. El equipo llega y ella sigue reunida. Su secretaria se excusa. Son las siete y la puerta de la consejera sigue cerrada. Llega un representante de los bomberos. Otro más a la cola. La secretaria se queja de que no le sigue el trote, que empiezan por la mañana y terminan todos los días entrada la noche, y añade que la consejera continúa trabajando en casa. Cuando al fin se abre la puerta, Beaumont se da un respiro de cinco minutos. Teníamos media hora con ella y nos dedica una entera. A grabadora apagada, va una última pregunta. «¿Cuánto está durmiendo?». La consejera es escueta: «Poco, pero duermo muy bien porque acabo cansada». Nos despedimos casi a las nueve y la dejamos en el ordenador. «Ahora empiezo yo», dice.

¿Cuánto tiempo pasa desde que le proponen ser consejera de Interior hasta que da el sí?
De las diez y cuarto de la mañana a las cuatro y media de la tarde. Ese día había leído la prensa y vi que no había un gobierno de coalición definitivo y que Uxue Barkos designaba los consejeros. Me llama Adolfo Araiz, que es amigo mío de siempre y compañero de profesión. Primero me avisan que me va a llamar, pero no me cuentan por qué. Como Bildu no iba a estar, pensé que buscaban un equipo de asesoramiento o no sé. A las diez y cuarto me dice para quedar. Adolfo me propone ser consejera y, además, de Interior. Yo a Uxue la conocía personalmente por su trabajo en el Congreso, por la Coordinadora de Itoitz. Estaba nerviosa y me puse más. Lo primero que pensé fue en mi madre. Luego pensé en el despacho y le contesté que necesitaba hablarlo con mis hermanos. En realidad, yo estaba pensando en trabajar menos para disponer de más tiempo. Al final, quedamos para comer.

¿Y cómo fue esa comida?
Adolfo me transmitió que había unanimidad. Que si decía que sí, nadie se iba a oponer. Comimos juntos y también con mis hermanos, porque no me había dado tiempo aún de estar con ellos. Él tenía que llevar la respuesta a la reunión de las cuatro y media. Yo le dije que se fuera a las cuatro menos cuarto, para tener un rato así los hermanos solos y que luego le llamaría. Entonces no sé qué pasó, si fui al baño o a pagar. Cuando volví a la mesa, mi hermano José Luis me dijo que no hacía falta suspender la sobremesa para estar solos, que la decisión estaba tomada. A Adolfo se le alegra la cara y se va. A los diez minutos me llama Uxue.

En tan corto periodo de tiempo, tampoco le dio tiempo a leer el programa para saber qué objetivos tiene su cartera...
A leerlo no. Luego me lo he leído muchas veces y la parte que me toca, más. Pero lo seguía por la prensa. Yo siempre he sido lectora de cinco periódicos diarios. En papel, claro, ¡que soy de la vieja escuela! Muchos por la noche, con calma. Las líneas generales las sabía.

Si usted no se leyó el programa, si necesidad tampoco tenía, si estaba pensando en cambiar un poco de vida para tener más tiempo... ¿Por qué dice entonces que sí a Interior?
Llevo toda la vida renegando, contra la clase política, contra los gobiernos. Pero para una vez que se puede dar la vuelta a las cosas, merece la pena. Evidentemente, hay muchas aristas en el Gobierno, pero mucha ilusión también en la gente. Yo misma tenía ilusión en ese gobierno del cambio. Ahora, además, la vivo y la percibo. Dije sí por responsabilidad de contribuir con ese cambio que se quiere.

Por trayectoria profesional, quizá pegaba usted más en Medioambiente u Ordenación del Territorio. Pero le toca Interior.
Esas son mis materias, sí. Ahí he estado toda la vida y sé dónde piso. Pero Interior es un reto. Tengo 58 años y, ya que me pongo, que sea algo también de cambiar. Sé más de aquello que de esto, pero también sería para mí más de lo mismo. Me lo planteo como un reto personal. También pensé que no es la consejería más lucida, pero tiene muchísimo trabajo. Bajo mi competencia está la memoria histórica, la transparencia, la lucha contra la corrupción. Requerirá esfuerzo... En algunas cosas sí será continuar. En otras, toca empezar de cero. Lo que yo quiero es que los ciudadanos entiendan que la Administración es de todos, porque lo de defender lo público frente a lo privado es algo que tengo muy claro. Así me han educado. Creo en que esto no es de nadie, que somos meros gestores. Esa es la idea que pienso que se puede defender en esta consejería.

¿Por qué cree que usted puede llegar ser una buena consejera?
Eso se lo tendrás que preguntar a quienes me han propuesto. No lo sé, pero sí sé que tengo 58 años y me he dedicado siempre a trabajar. Y soy producto de algo que ocurrió hace muchos años. Fui asesora de Bueno Asín, diputado por la Merindad de Sangüesa, que equivalía a consejero ahora. Llegamos aquí por la candidatura popular Orhi Mendi, que luego apoyaron los partidos: estaban Herri Batasuna, el PNV, el MC, EMK... Ahí aprendí una forma de trabajar y ahora la quiero repetir. No sé cómo decirte. Yo no voy a cambiar. Nunca me he pintado y nunca me voy a pintar. Para los juramentos y los fastos de la investidura, que no me gustan nada, me tuve que preparar un poco. Hoy ya visto normal. Con respecto a tu pregunta, me veo capaz y me veo con fuerzas de llevar la consejería adelante. ¿Me tocará tragar con algún sapo y culebra? No lo descarto. Yo votaré como debo. No voy a votar en nada en lo que no crea. Eso lo saben los que me propusieron y quienes me admitieron.

¿Y cuáles son las cosas en las que cree usted?
El día de la investidura yo hice unas declaraciones. Por la polémica con el ministro del Interior, ningún medio las recogió. Las hice porque me enfadé un poco con lo que se dijo de que este era un gobierno de tecnócratas. A mí que no se me confunda: no soy tecnócrata. Y entonces leí esto [coge un folio que tenía preparado a mano en la mesa]: «Siendo mi sello de identidad la defensa de la tierra, de las causas justas, de lo público frente a lo privado y desde mis convicciones abertzales, republicanas de izquierdas y feministas, voy a trabajar por una Administración Pública eficaz y transparente». Lo leí porque quiero que quede bien claro quién soy políticamente. Luego dirán que más parece de no sé qué o más parece de no sé cuántos. No me importa. Una cosa es que no milite en ningún partido y otra que me llamen tecnócrata, porque no lo soy.

Pero poco eco tuvieron esas declaraciones...
Entre la pregunta de si el repliegue de la Guardia Civil y la Policía Nacional y las declaraciones del ministro, los periodistas destacan lo que quieren. Pero quería que ante la opinión pública esto quedara claro, porque esas señas de identidad van a presidir mi gestión.

Sí que es cierto que su nombramiento ha sido polémico y eso genera desgaste. Uno puede ser más fuerte o menos, pero también tiene gente a su alrededor para la que no es fácil. Usted ya asume que su nombramiento ha sido así...
Pues no. Si soy sincera, no. No lo pensé cuando dije que sí... A ver si consigo decirlo más claro: a mí no me afectó y me sigue sin afectar, pero no quiero parecer chulica ni que digan: «Mira esta». No y no. Lo que pasa es que nosotros con Itoitz sufrimos muchísimo. Se nos machacó. Y fue por los mismos que ahora han hablado de mí así. Me había pasado ya y me pasó durante muy largo tiempo. Parto de ahí y estoy preparada. Aunque me sigue pareciendo una pasada lo que han dicho. Y sinceramente, tampoco he tenido tiempo. Si yo me paro a leer lo que decían de mí, no voy ni a la toma de posesión de Uxue al Parlamento. O voy de tonta diciendo que soy tecnócrata, que soy técnica... Pero me niego a hacer eso. Así que me preparé unos textos, uno el que te he leído.

¿No leyó las críticas en esos cinco periódicos?
Preferí que no. Ahora bien, Paula [su secretaria], mis hermanos, Uxue, Adolfo... me tenían debidamente informada. Me dije: «Si lo leo, a lo mejor me afecta más». Está mucho más indignada otra gente que yo y mi familia. La gente de mi pueblo, compañeros míos de profesión, han dado un paso adelante en mi defensa. Me ha escrito mucha gente, de Gasteiz, de Valencia, gente que no veía hace años. Me han dado su apoyo abogados, magistrados, jueces, policías, bomberos... Y lo agradezco, pero obviamente hubiera sido mejor que todo esto no hubiera ocurrido.