El testimonio del exconcejal de Iruñea Elías Antón (Herri Batasuna) es uno de los 17 escogidos por los técnicos de la Oficina de la Memoria Histórica, conformada por historiadores de la UPNA, para su informe pericial que apoya la querella interpuesta por el Ayuntamiento por los crímenes franquistas.

El Ayuntamiento de Iruñea ha presentado una querella ante los juzgados para intentar investigar los crímenes y abusos del franquismo cometidos en la ciudad. La querella no solo recoge las más de 300 muertes de la represión de 1936, sino también la privación de derechos de los trabajadores y la persecución de ideas de los 40 años siguientes. La iniciativa se apoya en 17 casos de personas concretas, bien porque fueron más representativos de las distintas facetas de la represión franquista en sus distintas etapas o porque generaron más pruebas de cargo. Uno de esas 17 voces es la de Elías Anton.

¿Cómo ha sido la experiencia de tomar parte en la querella del Ayuntamiento?
Pienso que ha sido un trabajo muy serio. Estuve tres horas explicando cómo me torturaron y qué me hicieron. Me gustó la implicación del Ayuntamiento y, en particular, de Joseba Asiron. Y me gusta que Iruñea sea la primera ciudad en interponer una querella así. Ha sido interesante porque, durante el proceso, ha habido muchas personas que no se atrevían a denunciar y que incluso no se consideraban vejadas o torturadas o represaliadas que se han dado cuenta de que lo fueron. Por ejemplo, trabajadores de empresas expulsados por sus ideas y víctimas de la represión a la clase trabajadora, a huelguistas y demás. Pero no me gusta que se quede en los años de Franco y deje de lado los 40 siguientes.

¿Qué aporta su testimonio a la querella? ¿Por qué es usted uno de los 17?
A mí me torturó Melitón Manzanas en 1966. Era un hombre cruel, muy cruel. Torturó a infinidad de personas, no solo a mí. Y además, colaboraba con la Gestapo. Tenía el permiso para hacer lo que quisiera con el que quisiera, en sus tiempos. Y este ser, hoy día, esto es triste y real, está considerado una víctima. El terrorista está en listas de víctimas del terrorismo, cuando era un maníaco, un desequilibrado absoluto.

¿Por qué su caso es especial?
Porque contamos con una prueba importante. Mi abogado, Elías Ruiz Ceberio, metió un juicio de faltas a Melitón por las torturas que me hizo a mí y a un compañero, Juan Mari Arzallus Arrieta. Nos torturó de tal modo que las marcas quedaron visibles y perfectamente claras. Creo que será el único juicio de faltas que tuvo. Al que, como es lógico, no se presentó. Nosotros le esperamos toda la mañana.

¿Qué le hizo?
A mi compañero le dejó la espalda en carne viva. Habíamos colocado una ikurriña en el velódromo de Anoeta, que estaba entonces sin cubrir. Se puso un ángulo de hierro con unas pesas para que colgara la bandera. Melitón le pegó hasta con ese ángulo. A mí me tenía en una silla, con las manos atrás, esposado al respaldo. Lo que más le gustaba era subirse sobre esas esposas. Me descarnaba las muñecas. Además, lo mismo le daba meterme la pistola en la boca que darme con toda la culata. En un momento determinado, estando él subido sobre las esposas y yo con ellas clavadas en las muñecas, se cayó la silla. Yo caí para atrás. Y él saltó encima mío. ¡Se puso a saltar! Él me golpeaba casi siempre de espaldas, desde atrás. No miraba a los ojos cuando pegaba.

¿Qué edad tenía?
19 años... 19 años de entonces. Muy cándidos. Éramos punta de lanza, pero muy cándidos. La visión de la vida no era la misma. Ahora, con 19 años se es un adulto total. Entonces no eras un adulto completo. Y él me amenazó con mi hermana y mi madre. Decía que las iban a llevar, que las iba a violar y hacerles cosas...

¿Cuánto duró aquello?
Tres días. Tres días y tres noches, claro. Fue en el Gobierno Civil de Donostia.

¿Qué información buscaba?
Nada. Nos habían cogido a todos. Estábamos pintando y apareció la guardia de Franco. Salimos corriendo. Los que iban tras de mí dispararon. Me metí bajo un coche, pasaron de largo y escapé. Al resto les cogieron y luego fueron a por mí. De mí no necesitaba información, fue autosatisfacción de él. Todo eso lo expliqué cuando vinieron los del Protocolo de Estambul.

Pero no es la única vez que fue torturado.
Me han torturado cuatro veces. Esa fue la primera. Dos con el franquismo y dos cuando se quedó todo atado y bien atado. La peor vez fue cuando en el 86 me entregaron de policía a policía. Fue en unas cuevas inmundas en dependencias de la Guardia Civil en Madrid.

¿Cree que la querella del Ayuntamiento rompe el candado de la Ley de Amnistía?
Honradamente, pienso que no. Hay mucha gente implicada en esa ley. Los primeros los traidores de la época de la reforma. Léase, Carrillo el pactista. El PSOE de González y de Guerra...

Y sin embargo, la iniciativa de una querella le gustó.
Sirve para que no haya olvido. Yo ni olvido ni perdono. No olvido porque no puedes olvidar el sufrimiento. Y el perdón tampoco porque no soy cristiano ni religioso. Pero a pesar de todo, sí que creo que puede haber reconocimiento y, después, llegar incluso a entendimientos.