Los artesanos de la paz han puesto en marcha los preparativos de la manifestación del 9 de diciembre en París, una iniciativa que, sin ser la única, ocupa un lugar central dentro de la dinámica social que busca sumar «otra victoria posible». Se trata de seguir la misma receta que hizo posible el desarme de ETA y que aquí y ahora pasa por acelerar el desmontaje de la legislación especial que separa a los presos vascos de sus familiares.

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Entrevista con Jean-Noël Etxeberri «Txetx» (Artesano de la paz)
La movilización convocada para el 9 de diciembre en París es presentida por los artesanos de la paz como «una cita clave» dentro de la dinámica social para encauzar la cuestión del retorno de los presos y, en general, para consolidar la paz.

Con la perspectiva que da el tiempo, ¿qué imágenes o mensajes le evoca aquel 16 de diciembre de 2016 en Luhuso?
La sensación que prevalece es la de que todo se acelera, hasta el punto de marcar un antes y un después. En el antes, una organización trata de dejar de lado sus arsenales y dos estados y sus policías mantienen una actitud surrealista de bloqueo. Y en el después aparecen esos miles de personas que salieron a las calles para denunciar nuestro arresto, los 700 electos que pidieron nuestra libertad, los compromisos amplios también en Hego Euskal Herria. En resumen, el después es un escenario con una sociedad civil que pasa a erigirse en actor principal en la búsqueda de la paz, y que hace posible el 8 de abril.

¿Es de los que cree que en la jornada del desarme el Gobierno francés dejó hacer o de los que consideran que hizo?
Cualquiera puede constatar que el anterior Gobierno francés facilitó las cosas el 8 de abril, por lo que no hubo detenciones ni incidentes, y, además, llegó a posteriori a la conclusión de que hizo bien, porque aquello acabó en éxito para todos. A mi eso me quedó todavía más claro cuando en la última campaña a las elecciones senatoriales el ex primer ministro Bérnard Cazeneuve (PS) pidió el voto para Frédérique Espagnac citando como un activo político su implicación en el 8 de abril.

Aunque al final de mandato, ese gobierno se situó en la opción «gagnant-gagnant».
Francia ese día decide tocar con su propia partitura y, además, se da cuenta que tiene éxito, porque lo actuado contribuye a apaciguar la situación, lo que es bueno para Euskal Herria, pero también para los estados.

Sin el desarme la paz no es posible, pero el desarme no es la paz. Un mensaje que tiene distintos destinatarios.
De Luhuso al 8 de abril la dinámica social se extiende, de un pequeño grupo pasamos a una cincuentena de personalidades que se identifican como artesanos de la paz y llaman al 8 de abril. Y es en esa jornada de desarme, que se completa con éxito, cuando tomamos el compromiso ante miles y miles de personas, en Baiona, de trabajar para resolver las cuestiones pendientes. Hablamos de víctimas y de presos. Por eso se crea un grupo de reflexión sobre las víctimas y surge también la dinámica «ahora los presos» que busca un cambio palpable en la política penitenciaria dando continuidad a la lógica del 8 de abril y antes de Luhuso.

Si no es una manifestación más, ¿qué valor añadido tiene el acto del 9 de diciembre?
Creo que es importante constatar que es una iniciativa que busca que París mueva ficha a sabiendas de que ello implica una transformación de calado en el tablero. Hemos mantenido muchos encuentros con agentes no sólo del norte sino también del sur de Euskal Herria y hay un diagnóstico compartido de que si París cambia ello complicará las cosas a quienes en Madrid apuestan por el inmovilismo o, por hablar en positivo, reforzará las voces que también piden allí que se acabe con esta política penitenciaria. Partiendo de ese consenso general, nadie entendería que no pusiéramos todos todo de nuestra parte para conseguir ese paso, que no está ganado pero que es posible ganar, y que sería clave para abordar la solución definitiva en relación a presos y exiliados.

Ponen el foco en ciertos cambios en materia de administración penitenciaria que permitirían acabar con el alejamiento.
Creemos que es urgente que se suprima el estatus de vigilancia o peligrosidad especial (DPS, siglas en francés) que se aplica a los presos y que de no existir facilitaría, por ejemplo, el final del alejamiento. Y más en general, las demandas de acceso a la condicional, el excarcelamiento de los presos enfermos, de los que han cumplido la mayor parte de la pena... Ese retorno a la legislación ordinaria ya se evoca en la moción aprobada por unanimidad, el pasado 23 de setiembre, por la Mancomunidad Vasca. Como el desarme era esencial para construir un escenario de distensión, ese cambio de política penitenciaria, que debe darse de inmediato, es imprescindible para dar salida a la situación de los presos, porque un país con centenares de presos no es un país normal ni tampoco en paz.

Desde abril se han producido algunas puestas en libertad, jueces que han evocado el desarme para adoptar sus decisiones... ¿Son señales? ¿Cuáles son los cambios que esperan?
Lo primero que hay que denunciar es que, paradójicamente, la situación de los presos vascos en cárceles francesas es hoy más dura que en 2011, porque a raíz de los atentados de 2015 ha habido un endurecimiento de las leyes y de las condiciones carcelarias. Esa situación es insostenible, como es insoportable esperar a que se produzcan más desgracias, en las carreteras con los familiares, en las cárceles, con muertes como la de Kepa del Hoyo. El 8 de abril dejó un poso positivo en la ciudadanía francesa, en los medios de comunicación, también en esferas de poder, por supuesto en redes militantes. Luego el objetivo no puede ser otro que llevar al Gobierno francés a la convicción de que cuando juega un papel propio y no subordinado a España las cosas van mejor, y que el cambio de la política penitenciaria será, como el 8 de abril, un acto positivo para todos.

La aprobación del denominado informe Bergeron, la pasada semana en el Parlamento Europeo, hizo aún más patente el aislamiento del PP. A la vista de ese voto y de cómo se posicionaron los eurodiputados franceses rechazando un sistema penitenciario que imponga el alejamiento o la no excarcelación de los presos enfermos, cabe deducir que, en lo que al mapa político francés se refiere, el PP sólo puede contar con el apoyo del Frente Nacional. Tras la visita de la delegación vasca a París, el pasado julio, en unos días Jean-René Etchegaray volverá a evocar la cuestión de los presos ante el Ministerio de Justicia. ¿Qué debemos esperar de ese nuevo encuentro a alto nivel?
Los artesanos no acostumbramos a comentar de antemano estas reuniones porque estamos comprometidos con mantener la confidencialidad que exige el trabajar estas materias. Me remito a lo que dijimos tras la visita de los electos: como ellos mismos declararon, fueron escuchados y recibieron el compromiso de seguir trabajando, en un espíritu de diálogo.

Hablando de diálogo, en la cuestión catalana las autoridades francesas apoyan sin fisuras a las españolas.
Pero ese gobierno no puede dar la espalda a una opinión generalizada que, compartiendo o no la demanda independentista, no soporta la actitud guerrera de Madrid. Creo que ello debería hacer reflexionar a Macron sobre las consecuencias negativas de alinearse ciegamente con un gobierno que con su cerrazón enquista los problemas. Creo que el 8 de abril el anterior Gobierno francés así lo entendió finalmente con el desarme y seguro que si hacemos del 9 de diciembre otro Luhuso al nuevo Gobierno no le quedará más remedio que llegar a la misma conclusión, esta vez sobre la cuestión de los presos.

¿No les preocupa que con todas las miradas puestas en Catalunya sea difícil abrir hueco en la agenda al 9 de diciembre?
La incapacidad para dialogar que exhibe Madrid en Catalunya provoca incomprensión y, salvando las distancias, es esa cerrazón la que llevó antes, en nuestro país, a la situación inaudita de que una organización armada quisiera deponer las armas y Madrid se negará a facilitar ese paso. Creo que el 8 de abril deja una enseñanza poderosa en el sentido de que hay que respetar a la sociedad. Y estoy seguro de que con una gran movilización vamos a conseguir que el 9 de diciembre marque un antes y un después, que sea un Luhuso para los presos.

Así se prepara el tren a París

Reuniones
Los artesanos desarrollarán reuniones abiertas comarca a comarca, en los tres herrialdes. La inscripción de voluntarios está también en marcha. «Sería bueno que en Hego Euskal Herria también hubiera campaña de información», apunta Etxeberri.

Transporte
Estos días arranca la inscripción para autobuses (precio orientativo del billete: 65 euros). Se fletará un tren (o más) de 1.000 plazas (costo del billete: alrededor de 100 euros) que enlazará Hendaia con París-Montparnasse. La inscripción será pueblo a pueblo y habrá bonos de solidaridad para compensar los costos del desplazamiento.

Tour de las cárceles Desde el 16 de noviembre una delegación de Sare, Etxerat y Bagoaz recorrerá veinte prisiones y recalará en ocho ciudades galas. La gira concluirá el 9 de diciembre en París.

Desde fresnes
Los artesanos se sumarán desde el 7 de diciembre a las etapas entre Reau, Fléury y Fresnes. Desde esa última cárcel marcharán a París, donde tendrá lugar la gran movilización.

Manifestación
Se desconoce el lugar exacto, pero será en el corazón de la capital gala. Acto de tres horas, desde las 12.00 a las 15.00, en el que habrá una escena móvil, con música en directo.