Yván Gil recibe a GARA en el consulado de Venezuela de Bilbo. Desgrana con pedagogía y voz pausada la coyuntura que vive su país, marcada por meses de tensión y el reciente acuerdo entre el Gobierno y un sector de la oposición para votar el próximo 20 de mayo.

Nacido en Maracay (1972), ingeniero agrónomo que desempeño el cargo de ministro de Agricultura, actualmente adscrito a la Cancillería de Exteriores, Gil ejerce su cargo en una fase marcada por el acoso diplomático y la guerra multifacética contra su país.

«Nuestro proceso –arranca su análisis– ha sido complejo, de confrontación entre dos modelos teóricamente enfrentados, con unas minorías ahora en la oposición y unas mayorías que gobiernan. Los enfrentamientos violentos y la acción de las guarimbas que atacaron hospitales, escuelas y quemaron vivas a personas – 19 de ellas murieron por el simple hecho de tener la piel oscura, por ser chavistas o por ir vestidas de rojo– derivaron en la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente, que es un órgano constitucional, a partir de una movilización de más de ocho millones de personas».

Cree que ese paso terminó con la violencia y que la oposición decidió sentarse en una etapa final del diálogo. «Un diálogo –remarca– que venía desde mucho antes, siempre interrumpido por una oposición gobernada desde Washington. El Gobierno de Trump es muy claro en ese sentido, ha dado instrucciones de no negociar, de no reconocer el Gobierno bolivariano, de contestarlo permanentemente hasta llegar a la confrontación». En esa etapa final, Gil cree que las fuerzas de la oposición se jugaban su supervivencia política. «Ante el éxito del proceso constituyente, entendieron que no participar en el diálogo era condenarse al fracaso, desaparecer políticamente».

Con el presidente de la República Dominicana, Danilo Medina, y el expresidente español Rodriguez Zapatero como mediadores, se alcanzó un acuerdo a principios de febrero. «Fue un acuerdo muy amplio, con todas las garantías electorales, que dicho sea de paso, son las mismas garantías que siempre han existido en la Constitución venezolana. A lo que se comprometían era a aplicar el mismo sistema por el cual ellos y nosotros hemos ganado elecciones».

La llamada de Tillerson
«Sin embargo –prosigue–, en la política de confrontación de Washington no figura la posibilidad de firmar ningún acuerdo. Dieron a la oposición esa instrucción, en llamada telefónica del secretario de Estado Tillerson a Julio Borges, estando en la República Dominicana. De esto hay testimonio, lo pueden dar los mediadores. No firmaron y se retiraron del proceso».

Las órdenes de Washington causaron descontento en algunos sectores opositores: «La oposición, que es extremadamente heterogénea, terminó de implosionar y se separó. Se crearon dos grandes corrientes, una que asume el papel de EEUU y la orden de confrontación permanente, y otra que cree en el diálogo y en dirimir los conflictos a través del proceso electoral».

A pesar de todo, siguieron las conversaciones y se llegó a un nuevo acuerdo, que fijó la fecha definitiva del 20 de mayo. «Han quedado fuera quienes siguen las órdenes de Washington. Hay una convocatoria incontestable, bajo la ley venezolana, con amplia participación y garantías, como ha ocurrido siempre en Venezuela. Vamos a un proceso en el que estamos convencidos de que la gran coalición popular en torno a Nicolás Maduro va a ganar. En frente hay una coalición de derecha, con Henry Falcón a la cabeza. Va a haber una gran polarización y, al final, como siempre, el pueblo elegirá».

Guerra multiforme
Mientras tanto Trump dice que la opción militar está sobre la mesa, Tillerson sugiere un golpe de Estado, prohibir el procesamiento y venta del petróleo venezolano. ¿Cómo lo interpretan? ¿Considera que la guerra económica, el acoso diplomático o el no reconocimiento de la institucionalidad venezolana vienen en el mismo «pack»?

«A Venezuela se le ha sometido desde el inicio de la revolución bolivariana a una guerra multiforme; una guerra no convencional que aplica mecanismos como el sabotaje económico, la manipulación mediática y para crear noticias falsas y matrices de opinión negativa; el paramilitarismo de Colombia, que ha penetrado Venezuela; el contrabando y extracción de productos de primera necesidad hacia Colombia; el ataque a nuestra moneda; la intensificación de un conflicto territorial con Guyana por un diferendo que viene de lejos; el aislamiento diplomático… podríamos hacer un listado interminable. Se nos ha aplicado todo lo que se puede aplicar para doblegar la voluntad de un pueblo y hacer daño. Y, sin duda, se ha hecho mucho daño».

Todo esto está recogido en la orden ejecutiva de 2015 del presidente Obama, que declara que Venezuela es una amenaza para la seguridad nacional de EEUU. «Sí, lo que yo pueda decir se queda corto con lo que recoge esa orden».

Se activa simbólicamente el paralelismo mental: entonces Chile y Allende; ahora Venezuela y Maduro. «Es una opción real ante la cual estamos preparándonos, pero no de ahorita. Busca también generar alarma. Meterse en Venezuela levantaría un conflicto que desbordaría a toda la región latinoamericana, con consecuencias enormes, incluso mundiales. Ellos querrían ir a por ese petróleo, pero nosotros sabemos muy bien cómo hacer que ese petróleo no siga fluyendo por muchos años al mercado internacional. Deben saber que nuestra prioridad es el bienestar y mantener la paz del pueblo venezolano y, sobre todo, la soberanía de las decisiones tomadas. El tiempo dirá, pero esperemos que no ocurra jamás».

«El cartel de Lima»
El Perú de Pedro Pablo Kuczynski, anfitrión de la próxima Cumbre de las Américas, ha impulsado un grupo de doce estados latinoamericanos, el llamado «Grupo de Lima», que en una flagrante intromisión en los asuntos internos de otro país, pretende cercar a Venezuela como antes hicieron con Cuba. Le pedimos una reflexión.

«Nosotros lo llamamos el ‘Cartel de Lima’. Es un cartel de gobiernos muy impopulares, fraudulentamente constituidos en los casos de Brasil y de Honduras. Trataron en la OEA de aislarnos, en la lógica de lo que se hizo en su momento con Libia. Fracasaron. Pertenecemos a organizaciones naturales como la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe), quisimos llevar el tema de Venezuela para que se discutiera, sin EEUU ni Canadá; queremos llevarlo a la Unasur, que preside Argentina. Es inconcebible que instancias consensuadas y constituidas entre los latinoamericanos sean boicoteadas así».

«Perú es anfitrión, no convocante, y ante su posición se han alzado las voces de Uruguay, Nicaragua, Ecuador, Cuba… Nuestra confrontación es con EEUU, que quiere a toda consta que no haya elecciones. Se nos está sancionando por hacerlas, para que no se reafirme la legitimidad de origen que tiene el Gobierno revolucionario. Reconocer esa legitimidad supondría echar por tierra el discurso con el que han querido envenenar a la opinión mundial, de que el Gobierno bolivariano era un gobierno fracasado, un estado fallido que somete a sus ciudadanos… Cuando veamos la realidad, lo que ocurre en las urnas, veremos que eso no es así».

«Decidimos protegernos y evitar la escalada con España»
El Estado español, en teoría, podría haber jugado el papel de facilitador o de puente, pero en la práctica su política ha sido la de dar cañonazos a la Revolución Bolivariana, incluso dando pasos peligrosos, hasta ahora desconocidos, como el acoso a integrantes del servicio diplomático en Madrid, o las fotografías de Albert Rivera, líder de Ciudadanos, con representantes de la derecha más guarimbera, que ha hecho del Estado español su particular estercolero. Le pedimos una reflexión al respecto.

«La única explicación que tenemos a ese comportamiento, no solo de España, es que el tema venezolano es una confrontación que va más allá de lo que es una simple discusión electoral o política interna. Nosotros estamos planteando una Revolución. Además es un proyecto de soberanía y de independencia nacional que choca con élites contrarias y que, ahora, gobiernan España». Sin embargo, hay particularidades: «Venezuela ha sido utilizada desde hace mucho tiempo ya como un tema de debate interno y de política exterior española. En Venezuela hay alrededor de un millón doscientos mil europeos, la mayor parte de ellos españoles, con pasaporte español. Hay intereses petroleros españoles, está Repsol, están Iberia, Mapfre, BBVA… hay inversiones importantes, intereses reales, y una necesidad de tener relaciones cordiales, como nosotros queremos tenerlas con España. Pero por esa cuestión ideológica, ha hecho una prioridad la confrontación directa y por eso hemos tenido que tomar medidas para protegernos y evitar la escalada, porque era muy peligrosa».

El canciller venezolano de Exteriores, Jorge Arreaza, declaró que las relaciones con España se agravaron porque «Rajoy se comprometió ante EEUU a liderar las acciones contra Venezuela en la Unión Europea a cambio de que EEUU no se inmiscuyera en el asunto de Cataluña». ¿Puede Gil Pinto decirnos algo al respecto? «Es información pública. Hay que ver las declaraciones del presidente Trump en las semanas previas sobre el conflicto político en Catalunya: dijo que eso era una asunto de los españoles y que no iba a inmiscuirse, ni mostrar ninguna opinión y que debía ser resuelto por los españoles. Tras el encuentro Rajoy-Trump, Rajoy declara públicamente que lideraría ante la UE el proceso de sanciones a Venezuela. E inmediatamente el presidente Trump respalda la posición del Gobierno español en el tema catalán. Hubo una negociación y Venezuela fue utilizada en esa negociación; lo hemos denunciado. Solo pedimos independencia del Estado español para tratar los temas de Venezuela y que deje de contaminar la UE, que puede convertirse en un agente promotor del diálogo.».