El diputado Gabriel Rufián, de ERC, analiza el año pasado desde el referéndum del 1 de octubre de 2017 y admite que “no espera nada” del Gobierno de Pedro Sánchez.

En apenas dos años, Gabriel Rufián (Santa Coloma de Gramanet, Barcelona, 1982) se ha convertido en un foco de atracción en el Congreso de los Diputados. Como diputado de ERC se ha enfrentado con lo que él llama “la caverna” del nacionalismo español. Sus intervenciones han puesto de los nervios a miembros del anterior partido de Gobierno. Maneja los tiempos y el lenguaje del “meme”: el lanzamiento de unidades mínimas de significado que enganchan a personas normalmente ajenas al lenguaje político. Rufián atiende a El Salto un viernes por la tarde, pocos días antes del aniversario del referéndum de independencia del 1 de octubre de 2017.

¿Qué has sabido sobre el 1 de octubre después del 1 de octubre?


Hemos comentado alguna vez —y lo digo con absoluta sinceridad, no es un eslogan político— que lo primero que aprendí a nivel personal aquel día es que teníamos enfrente a salvajes. Yo sabía ya que teníamos enfrente a gente con enormes carencias democráticas, pero la verdad es que, lo reconozco, no sabía que teníamos enfrente a gente capaz de enviar a salvajes a apalear a señores y señoras frente a colegios electorales. No lo sabía.

De hecho, recuerdo perfectamente cómo Oriol Junqueras, por ejemplo, en alguna reunión nos comentaba ‘yo igual acabo en la cárcel y si acabo en la cárcel tenéis que cuidar a mi familia’. Esto nos lo decía seis meses antes del referéndum y algunos de nosotros incluso nos reíamos, decíamos no es posible, no son capaces... Y se cumplió.

De hecho, muchos de nosotros pensábamos que el Estado español no iba a ser capaz de aguantar la situación, sobre todo a nivel internacional. Y se ha demostrado que sí. Así que, lo que he aprendido en cuanto a lo negativo es esto. En cuanto a lo positivo es que hay un montón de gente en este país —que no hace falta que sea independentista, sino simplemente demócrata— que está dispuesta a dejarse el cuerpo, literalmente, por defender la democracia.

¿Qué autocrítica hacéis en este periodo? Desde la política, ¿se ha perdido parte de la legitimidad ganada aquel día?


Creo que no. Creo que al contrario, y quien lo dude que se pase por aquí y que lo vea. Creo que figuras como la de Jaume Assens, Albano Dante, etc. reflejan, demuestran, el hecho de que hay muchísima gente que en un momento dado veía con enorme distancia el proceso político que vivía Catalunya, y que a partir del 1 y el 3 de octubre —que para mí es aún más importante que el 1 de octubre— se aproximaron a un proceso que es inequívocamente democrático. No hace falta ser independentista, repito, porque al final serlo es un estado transitorio. Muchos de nosotros somos republicanos, en mi caso de izquierdas, pero este es un proceso transversal. En cuanto a esta gente que te decía, vieron que era una defensa de los derechos civiles y que los siguientes quizá iban a ser ellos. Así que, al contrario, creo que el proceso político que vive Catalunya es más fuerte que nunca y más transversal que nunca. 



Sin embargo en este año ha habido cambios, ha habido un distanciamiento claro entre las distintas familias del procés, como se pudo ver en la convocatoria de elecciones de diciembre, a las que la antigua Junts pel Sí acudió por separado. 


Con todo el respeto del mundo, esto es un poco el Día de la Marmota. Más que nada porque yo me dedico a esto de forma pública hace cuatro o cinco años y hace cuatro o cinco años que cada semana me preguntan lo mismo. ¿qué pasa que estáis peleados? Si me hubieran dado un euro cada vez que me preguntan esto, sería rico.

Al final siempre decimos lo mismo, es un proceso muy transversal, con fuerzas políticas muy diferentes. La noticia sería que las CUP y Convèrgencia o el espacio político que representa Convèrgencia se pusieran de acuerdo a la primera. Pero la noticia es que no se pone de acuerdo. Yo lo entiendo perfectamente, pero algunos de nosotros lo vivimos con absoluta normalidad. Y esa transversalidad que nos hace ganadores, que hace al proceso de autodeterminación catalán ganador —que tiene otra vez una mayoría total y absoluta en el Parlament de Catalunya, con unas elecciones impuestas desde Moncloa— pues también comporta enormes dificultades.

Porque, lógicamente, igual que en el caso del PSOE y Podemos, no tiene absolutamente nada que ver la Crida, Junts Pel Sí, Junts Per Catalunya, Convérgencia, PdeCat o como se quieran llamar y ERC. No tienen nada que ver. De hecho, no tiene nada que ver ERC y las CUP... Al final, la pregunta es siempre para el otro lado, ¿cómo es posible que fuerzas, que plataformas políticas, civiles, en definitiva, sociales, se pongan de acuerdo para un fin? Es posible porque el adversario es mucho mayor. El adversario, el Estado español, es monolítico y entiendo que en según qué sectores lo que se está haciendo en Catalunya se vea casi como algo extraterrestre. Ojalá algún día en en el Estado español, PSOE y Podemos se pongan de acuerdo como se están poniendo de acuerdo aquí formaciones políticas para un fin superior.

¿Cómo se encuentran los presos políticos del Procés? ¿qué esperáis del Estado en el futuro inmediato hasta el juicio? 


De los salvajes que apalearon a la gente el 1 de octubre lógicamente no espero nada. Sería un ejercicio de inocencia y de candidez enorme. Dicho esto, esperamos mucho de la gente que vota, que confía en fuerzas políticas que supuestamente son progresistas como el PSOE. No espero nada de [Pedro] Sánchez, no espero nada de Miquel Iceta, pero espero mucho de gente que confía en ellos, que los vota, quizá recordando unas siglas que seguramente fueron gloriosas, gente a la que le chirría mucho lo que están haciendo con demócratas como Oriol Junqueras, Raül Romeva, Jordi Cuixart, etc.

Nuestros compañeros presos políticos y amigos están fuertes, están determinados, están lúcidos, en plenitud y, en el caso de mi presidente, el presidente de ERC, Oriol Junqueras, está aún más gigante de lo que era. Siempre digo con humildad que algún día saldrá de la cárcel Oriol Junqueras y que todo el mundo se prepare ese día. 



¿Faltó pedagogía en torno al 1 de octubre sobre lo que es la soberanía en este momento en el marco de la Unión Europea? ¿Faltó un discurso claro sobre la UE? 


Creo que desde medios críticos como el vuestro no esperáis mucho de esta Unión Europea que, siendo muy generosos, podemos decir que no vive su mejor momento. Una UE que deja morir a la gente en el Mediterráneo, que permite lo que pasa en Hungría, que permite lo que pasa en Polonia, que permite lo que está pasando en la frontera entre Macedonia y Grecia... sería un enorme ejercicio de inocencia y de candidez esperar alguna cosa.

Muchos de nosotros tenemos un sentimiento muy crítico hacia esta UE. No esperábamos mucho. Es cierto que hay silencios significativos respecto a lo que pasó en Catalunya. Hay gente que se posicionó absolutamente en contra, otra que no se manifestó. Creo que conviene recordarlo. Pero dicho esto, al final, el frente internacional liderado por Toni Comín, Meritxell Serret, el propio Carles Puigdemont, guste más o menos, es un frente que ha originado y ha traído las únicas victorias a nivel judicial e internacionales de los últimos tiempos. No porque los jueces belgas sean proindependentistas catalanes, sino porque son demócratas. Al final, la diferencia entre un juez belga y un juez como Llarena es que el juez belga no trabaja para el PP, o para el PSOE, o para Ciudadanos. 



Mi pregunta iba orientada a saber cómo se engarza en el proyecto que eclosiona el 1 de octubre en las condiciones materiales de la gente que vienen hoy determinadas por el marco económico que impone esa Unión Europea. 


Respetando tu pregunta, creo que si aceptamos ese marco mental estaríamos comprando el marco mental de la caverna. Recuerdo perfectamente, meses antes del 1 de octubre, las palabras de Margallo, que venía a decir que si en Catalunya se votaba aquello iba a traer las diez plagas bíblicas, iba a venir la invasión zombie, la varicela para todo el mundo, y sobre todo íbamos a salir ipso facto de la UE. Bueno, se votó entre palos y no se salió de la UE. De hecho quien está advertido de manera reiterada por sus enormes carencias democráticas, incluso amenazando con el artículo 7 [del tratado de la UE], es España. No es Catalunya. Cuidado.

Al final, la UE del dólar sigue siendo muy pragmática, pero las intervenciones de según quién en Bruselas, que hasta hace bien poco lo veían con enorme distancia, creo que reflejan un cambio. Sí estoy de acuerdo contigo en que quizá faltó cierto discurso europeísta en ese sentido. Siempre dije lo mismo, hablando a nivel particular, yo soy muy partidario de que, una vez Catalunya se independice, si su pueblo lo decide, se haga un referéndum. Otro referéndum para saber si su pueblo quiere seguir siendo parte de la UE. Creo que eso sería muy positivo, siendo muy conscientes de lo que es la UE hoy.



Antes del referéndum decías en Cuarto Poder que veías a la izquierda española muy miope en la cuestión de Catalunya. ¿Has detectado en el último año un avance respecto a este tema? 


Haría la misma distinción que hace un año. En aquel momento ya distinguíamos, como no puede ser de otra manera, entre la cúpula de los partidos, principalmente PSOE, Podemos e Izquierda Unida, y lo seguimos haciendo. Hablo por mí mismo, hay muchísima gente por Madrid que te dice, siempre al empezar, ‘yo no soy independentista, no soy catalán, pero me representas y lo que están haciendo con tu gente es una auténtica sinvergonzonería’. Me quedo con eso, creo que cada vez hay mucha más gente que en un momento dado ve que lo que está pasando en Catalunya es simplemente un reflejo de un Estado en una regresión total.

Confío mucho, sobre todo de cara al siguiente ciclo electoral, en que muchísima gente que en un momento dado confía en el PSC, incluso en Ciudadanos, y sobre todo en Podemos, vea que Catalunya es el único mecanismo de cambio que hay en España o la única amenaza al régimen del 78. Por eso, intentamos que las intervenciones que tenemos en el Congreso interpelen a todo el mundo, se viva en Vic, en Hospitalet, en Sestao o en Ciudad Real. 



No estás viendo una posibilidad de cambio real en Madrid. ¿No hay ruptura posible? 


No. La única diferencia entre [Juan Ignacio] Zoido y [Fernando Grande] Marlaska es que Marlaska es más guapo. Ya está. O entre Rajoy y Sánchez. Sánchez es más guapo. Lo que ha habido es una operación cosmética. Sí es cierto que se nota un cierto intento del Gobierno del PSOE de cambiar las formas, pero ya está, terminan diciendo lo mismo. Nosotros lo que vemos  que a la mañana [Teresa] Cunillera, la delegada de Gobierno te dice que qué mal que haya gente en la cárcel por sus ideas y a la tarde ese militante de Sociedad Civil Catalana que es el ministro de Exteriores, Josep Borrell, te habla de guerra civil. Es una de cal y otra de arena. Nosotros no esperamos nada de Sánchez. El apoyo a la moción de censura no fue un apoyo al PSOE, sino que fue un no a ladrones y carceleros como eran Rajoy y compañía. Y nos encontrarán enfrente cada vez que no tengan claro que al final hay gente en la cárcel por sus ideas.