En Octubre de 1917 la Revolución Soviética abría la puerta a la construcción de una sociedad nueva y socialista. En lo tocante a la mujer antes de la Revolución estas sufrían el peso de un sistema tan patriarcal que no era inusual que fueran compradas y vendidas como esposas o sirvientas.

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La victoria bolchevique cambió de inmediato y por completo la vida de las mujeres: apenas un mes después del triunfo dos decretos establecieron el matrimonio civil y permitieron el divorcio a petición de cualquiera de los cónyuges, logrando mucho más de lo que el Ministerio de Justicia prerrevolucionario, los periodistas progresistas, los feministas o la Duma jamás habían siquiera intentado.

Tras ello en Octubre de 1918 el Gobierno ratificaba el conocido como "Código Soviético de la Familia" que barría de forma práctica y real siglos de poder patriarcal y eclesiástico, estableciendo una nueva doctrina basada en los derechos individuales y la igualdad entre los sexos que se concretaba entre otras cosas en el derecho al divorcio y en el establecimiento de salarios iguales para hombres y mujeres; en que matrimonio ya no lo legalizaba la Iglesia, sino una ceremonia civil; en que las mujeres que daban a luz en hospitales no tenían que pagar nada, en la descriminalización y posterior legalización del aborto, en que los lugares de trabajo permitieron que las mujeres se ausentaran por maternidad y aborto... La legislación soviética daba asi a la mujer un grado de igualdad y libertad que no ha sido alcanzado ni siquiera por los países capitalistas “democráticos” económicamente más avanzados de hoy día.

De esa memoria, de esa "Ley libre" porque para la Libertad estaba hecha, hemos hablado con Marina Pibernat Vila, antropóloga social e historiadora, feminista y comunista, que ha coordinado el libro "Mujeres de Octubre" de reciente publicación.

Aqui, en "La Memoria".