El programa 'Ur Handitan' tiene como protagonistas a los hijos e hijas de presos vascos: Los niños de la mochila. El mayor tiene 19 y el más pequeño ocho, y algunos tienen en la cárcel tanto a su madre como a su padre. En todos los casos, sus padres están fuera de Euskal Herria, y el programa mostrará cómo les afecta ese hecho en su vida cotidiana.

Gari es un niño de nueve años que nació en la cárcel de Granada, donde sus padres estaban presos. Hasta los tres años vivió en diferentes cárceles del Estado, pero en aplicación de la ley tuvo que salir de la cárcel. Desde entonces vive en Biratou con sus abuelos. Sus padres están en la actualidad en Algeciras y Gari recorre 2.000 kilómetros cada mes para ir a verlos. Para conocer la realidad de Gari, el programa le ha acompañado en uno de esos viajes.

Maddi tiene 11 años y vive con su hermana y su madre. Detuvieron a su padre cuando ella tenía tres años. Actualmente está preso en Valencia y todos los meses le visitan las tres. Es un viaje de siete horas "duro y pesado", según sus palabras.

También conoceremos a Adur, bilbaino de 19 años que tiene a su padre en la prisión de Arles en Francia.

Amaiur tiene 14 años y le gusta mucho jugar a fútbol. Su madre suele ir a animarle en los partidos. Su padre lleva 17 años en la cárcel de Castellón. En un tiempo, su madre también estuvo en la cárcel y vivió con sus abuelos. Los viajes a la cárcel son parte de su vida desde que nació.

Hize y Aiur son hermanos, de ocho y tres años, respectivamente, y su padre está encarcelado en Murcia. Siendo una realidad que conocen desde pequeños, "cada visita es especial", señalan. Visitan cada mes durante cuatro horas a su padre y hablan con él dos veces por semana por teléfono.

Malen ha empezado sus clases en la universidad este año y ha tenido que aprender a conciliar los estudios con las visitas a su padre. Su padre lleva 20 años en prisión, actualmente en Almería. Realiza una visita mensual, en un viaje de 11 horas en compañía de su madre y su hermano.

Nuria es la profesora de la pequeña Haizea. Cuando supo que tanto el padre como la madre de Haizea estaban en la cárcel se prestó a visitarles con ella en la cárcel de Valencia. Desde entonces, acuden las dos una vez al año para contarle las novedades de la escuela. Haizea ha reforzado su autoestima desde entonces, y habla con más normalidad de la situación de sus padres a sus compañeros y compañeras de clase.

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