Hace 39 años, Euskal Herria se estremecía ante la noticia del fusilamiento de los militantes de ETA Txiki y Otaegi y los militantes del FRAP Ramón García Sanz, José Luis Sánchez Bravo y Xoxe Humberto Baena.

Eran los últimos estertores de un régimen que tenía ligada su existencia a la vida de Franco, pero que mostraba con estos asesinatos de Estado su voluntad de continuidad en la defensa de sus intereses de clase y de negación de las realidades nacionales del Estado español.

En pocas semanas, Franco moriría, pero hoy vemos claramente casi cuatro décadas después que dejó todo atado y bien atado. Las nacionalidades vasca, catalana , galega y canaria siguen sin recuperar el derecho de autodeterminación que por derecho internacional les corresponde, la clase obrera y las clases populares de todo el Estado sufren cada día mayores acometidas en sus derechos laborales y sociales, mientras la monarquía sucesora de Franco y la clase política heredera directa del franquismo se enriquecen de manera indecorosa en un sin fin de corruptelas y compadreos delincuenciales donde tampoco son ajenos los que disfrazados de socialistas también reclaman su parte en este festín de saqueadores.

Año tras año, las calles y pueblos de Euskal Herria se han llenado de pueblo enfrentando la represión para homenajear a las mujeres y los hombres que han dejado su vida en esta lucha por la independencia y el socialismo, y también a los miles de heridos, detenidos, presos, refugiados, torturados y maltratados que la “democracia” española ha producido dejando ver su herencia netamente franquista.

Hoy en día, ante un nuevo aniversario de los asesinatos, sería cínico decir que la violencia del Estado ha terminado. Varios cientos de prisioneros y prisioneras políticos vascos pueblan las cárceles de los Estados español y francés simplemente por luchar por los mismos objetivos por los que dieron su vida Txiki y Otaegi, las detenciones de militantes vascos continúan y las fuerzas de ocupación y sus lacayos locales siguen sin renunciar a la tortura como método para doblegar la resistencia del pueblo vasco. Las condiciones sociales del pueblo trabajador vasco se degradan de manera acelerada como resultado de las políticas de recorte y austeridad que benefician únicamente a las clases adineradas y corruptas, incluida la burguesía autóctona, que persiguen el objetivo de salvar al capitalismo de la debacle en la que se encuentra y que amenaza con destruir incluso la vida humana en el planeta en su afán de acumulación desmedida.

En Catalunya frente a una mayoritaria exigencia social de independencia, el Estado español responde con la negación, la mentira y todas la maniobras para engañar, confundir y manipular este sentimiento, y mucho nos tememos que en un futuro cercano la represión al movimiento independentista sea la respuesta ofrecida, pues es algo que el Estado heredero del franquismo lleva en sus genes. Lo mismo en Galiza, donde las fuertes condenas de prisión impuestas a militantes independentistas y revolucionarios galegos dejan ver que el Estado español no está dispuesto a permitir que se vayan creando las condiciones para que el movimiento patriótico y revolucionario galego crezca y se desarrolle, imponiendo la política del miedo y la represión una vez más.

Los asesinatos de Txiki y Otaegi y los militantes del FRAP siguen hoy impunes, al igual que los miles de crímenes cometidos por el franquismo durante cuarenta años. La proclamada amnistía de 1977 significó en la práctica una ley de punto final para dar impunidad a los delitos de lesa humanidad que se cometieron durante esos años. Y si bien es lógico que los herederos directos del franquismo, como son la monarquía borbónica y la derecha española, impongan el olvido y la impunidad, es triste ver en el mismo barco a partidos como el de los socialistas españoles, a cuyas filas pertenecieron tantos hombres y mujeres asesinados y represaliados por el régimen de Franco.

En Euskal Herria, la resistencia vasca, en una decisión estratégica e histórica, cumplirá en este aniversario del 27 de septiembre tres años del abandono definitivo del accionar armado. Una decisión que busca el pleno desarrollo de las energías sociales y políticas en la sociedad vasca que sean capaces de abrir un nuevo escenario que aboque en la recuperación nacional plena y donde el destino de Euskal Herria sea decidido por el pueblo vasco libre de chantajes y presiones de ninguna clase.

A esta decisión política tanto el Estado español como el francés han respondido con una política de bloqueo que intenta desvirtuar el propio proceso y sobre todo, desanimar a la ciudadanía vasca que ha visto con esperanza la posibilidad de una nueva situación donde se respeten los derechos humanos y donde su palabra y capacidad de decisión sean respetadas. Se intenta así desanimar y desmovilizar.

Pese a todo, si algo ha demostrado el pueblo vasco a lo largo de su historia ha sido precisamente su voluntad de ser libre y soberano. Y si fue capaz de enfrentar el franquismo, de resistir a su heredera “democracia” en la etapa de la confrontación armada, también sabrá dotarse de las herramientas y energías necesarias para seguir haciéndolo en este nuevo escenario. Pocos pueblos pueden decir que su lucha viene de tan lejos y de coyunturas tan complicadas y la tradición rebelde e insumisa transmitida de generación en generación será capaz de traer de vuelta a casa a presos y refugiados para que se sumen a la lucha en esta nueva etapa y lograr de manera ya definitiva los sueños por los que dieron su vida los gudaris de ayer y de hoy, la independencia y el socialismo. ¡¡¡27 de septiembre, la lucha sigue!!!