Tras muchos tragos amargos, pasó sus últimos años en Venezuela, convaleciente en los últimos tiempos. A pesar de vivir nuevos tiempos políticos, el militante vasco murió a 8000 km de su tierra, a causa de la cerrazón de Madrid y París.

«Nuestra mente y corazón siempre están en Euskal Herria, pero resistiremos lo que sea necesario, acá o en China». Estas palabras las pronunció el reciente fallecido Miguel Angel Aldana (Gorozika, Bizkaia) en 1989 mientras estaba deportado en Panamá junto con otros tres compañeros. La muerte le llegó en Venezuela. Llevaba muchos años viviendo allá, desde que en los años 70, huyendo de la represión, tuvo que huir a Iparralde (País Vasco francés) y posteriormente, fuera forzado a vivir deportado en varios países.

Conoció la carcel, no una ni dos, sino en tres ocasiones, allí mismo en Lapurdi. La policía francesa lo detuvo en los años 1981, 1984 y 1985, y fue confinado a la isla de Yeu. La última detención fue la que lo apartó definitivamente de Euskal Herria. En 1985 el estado francés lo expulsó a Ecuador, junto con Alfonso Etxegarai. Mientras permanecían bajo vigilancia continua de la policia, sufrieron un abuso que nunca podrían olvidar: el 8 de enero de 1986, la policía española y ecuatoriana, conjuntamente, los secuestró y torturó salvajemente.

Tras ese desgraciado suceso vivió dos años más en Ecuador, hasta que junto a Eugenio Etxebeste y varios compañeros más fueron deportados a la República Dominicana en marzo de 1988. Pero no acabó ahí su periplo forzado en el destierro. Al cabo de un año, lo llevaron a tierras Panameñas. Allí vivió junto a otros dos compañeros, sin ninguna documentación que les facilitara una mínima protección jurídica.

Cercados
Estando en esa situación, vivieron los ataques militares estadounidenses para derrocar a Noriega. En medio de los combates los cuatro refugiados y familia consiguieron refugiarse en la nunciatura apostólica, donde, más tarde, el propio Noriega también encontró refugio.

Durante dos semanas, hasta que Noriega se entregó, la embajada del Vaticano estuvo sitiada por tanques y soldados norteamericanos. Gracias a los tramites del entonces arzobispo vasco y responsable de la nunciatura Sebastian Laboa para trasladarlos a un país "seguro", salieron de Panamá y llegaron a Venezuela el 10 de febrero de 1990.


Allí se integró en el colectivo de refugiados políticos vascos que vivían en este país desde los años 80. Pero aún en el destierro, no le dieron oportunidad de rehacer su vida con tranquilidad. Desde 1996, por culpa de la campaña iniciada por ABC y otros medio españoles contra el "santuario Venezolano", el gobierno español comenzó a pedir su extradición, junto con la de otros deportados. A consecuencia de esta persecución fue detenido dos veces en 1996 y en 1999, aunque la extradición nunca se llevó a cabo.

Así vivió Aldana sus últimos años, sin seguridad, viviendo en la semi-clandestinidad y enfrentandose a su grave enfermedad. Hace unas semanas una complicación de su enfermedad empeoró definitivamente su salud y murió el domingo a los 67 años de edad acompañado de su familia.

Un largo camino, lleno de obstáculos y la mayor parte, lejos de su querida Euskal Herria. Mientras tanto, a pesar del nuevo contexto político surgido hace cinco años, Madrid y París siguen negando la solución al problema de tantos refugiados en parecida situación a la de Aldana, y, sin respetar los derechos minimos exigibles. Así lo denunciaron ayer en su localidad natal Zornotza, que de la misma manera que Angelín no olvidó Euskal Herria, su pueblo tampoco lo olvidará jamás.