José Pérez Navarrete, coronel en la reserva de la Guardia Civil, fue condecorado por Ignacio Cosidó, director de la Policía española, en 2016. Este alto cargo del instituto armado fue condenado en 1987 y 1992 por las torturas a Juana Goikoetxea. El Gobierno español le indultó parcialmente un año después. Nunca dejó de ascender en el escalafón militar.

Un coronel de la Guardia Civil en la reserva fue premiado en 2016, junto a otros compañeros, por Ignacio Cosidó, director de la Policía española. Se trata de José Pérez Navarrete, antiguo agente destinado en Euskal Herria que fue condenado (y parcialmente indultado) por las torturas padecidas en 1982 por Juana Goikoetxea.

La víctima, arrestada en Getaria y cuya causa quedó archivada, sufrió el tormento a manos de al menos cinco uniformados. En 1987 la Audiencia de Donostia condenó a Pérez Navarrete a 4 meses de arresto y 4 años de inhabilitación. Un fallo ratificado por el Tribunal Supremo en 1992. En 1993, el entonces ministro español de Justicia, Tomás de la Quadra- Salcedo, le indultó junto a los guardias Emilio Parra Moreno, Alejandro Iglesias, Julio Saavedra y José Antonio Hernández del Barco. El perdón afectaba solo a la inhabilitación, por lo que los cuatro primeros ingresaron durante un breve período de tiempo en la cárcel militar de Alcalá de Henares.

El caso de Goikoetxea no fue el único en el que se vio envuelto Pérez Navarrete durante su estancia en Gipuzkoa. Un mes antes de que el Gobierno de Felipe González le indultase, en 1993, la Audiencia de Gipuzkoa le absolvía de otra querella por torturas. En este caso la denuncia la interpuso Juan Carlos Garmendia, detenido en Ordizia en 1982 en una operación contra ETA. Durante el tiempo que duró la instrucción de estos procesos (el de Goikoetxea, por el que sí fue condenado, y el de Garmendia, del que salió libre), Pérez Navarrete siguió escalando posiciones en la Guardia Civil. De hecho, según reflejaba “El País” el 5 de marzo de 1993, no solo fue ascendido, sino que llegó a ser asesor en asuntos de «terrorismo» de Rafael Vera, secretario de Estado para la Seguridad y condenado en 1998 por el secuestro de Segundo Marey perpetrado por los GAL.

Su promoción en el escalafón de la Guardia Civil no pasó desapercibida. Así, el entonces diputado de IU Enrique Curiel (ya fallecido) preguntaba en 1988 al Gobierno español sobre el ascenso a capitán de Pérez Navarrete. El Ejecutivo llegó a escudarse en la «ausencia de notificación de la sentencia». Casi dos décadas después, en 2015, el uniformado pasó a la reserva con grado de coronel, ubicado en lo más alto del organigrama.

En los últimos años, Pérez Navarrete también ha destacado por el perfil político de algunos de sus puestos. En 2010 formó parte del equipo de la Presidencia española del Consejo de la Comisión Europea. En concreto, fue el encargado de «Schengen, Europol e Intercambio de Información».

Siguió en activo hasta 2015, cuando pasó a la reserva, aunque continuó en servicios especiales. Durante los últimos años estuvo destinado en la Representación Permanente de España ante la Union Europea, como representante de Interior. Cuando Cosidó le impuso la medalla en 2016 también ejercía como analista en la dirección general de Interior de la Comisión Europea. No hay constancia de que incluyese «torturador» en su CV.

La «bolsa», la «bañera» y más de un año para curar las heridas

Juana Goikoetxea fue detenida en Getaria el 1 de enero de 1982 cuando tenía 56 años. Fue acusada de pertenencia a ETA y permaneció nueve días en manos de la Guardia Civil, que la torturó salvajemente. Según se reflejaba tanto en la denuncia de Goikoetxea como en el sumario que instruyó la causa, entre las prácticas a las que le sometieron los agentes (entre los que se encontraba José Pérez Navarrete) están los golpes, la «bañera», la «bolsa» y la aplicación de electrodos. Incluso llegaron a subirle al monte a disparar muy cerca de ella. Según quedó acreditado en el juicio, tardó 417 días en curar sus heridas. De ellos, en 174 no pudo desarrollar ninguna de las actividades que realizaba habitualmente. Tras sufrir aquel infierno, Goikoetxea fue puesta en libertad sin cargos.

 

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