Once mil personas, la mayoría llegadas desde Euskal Herria, otras muchas desde el área de influencia de la capital francesa, han secundado el llamamiento de los artesanos de la paz para avanzar en el proceso de paz, lo que aquí y ahora, tal como se ha expresado a lo largo de la marcha, implica dar pasos concretos para desmontar la política penitenciaria de excepción que vulnera los derechos de los presos e impone una doble pena a sus familiares y allegados.

Los organizadores han destacado que la paz necesita del compromiso formal del Gobierno francés.

Los artesanos de la paz anunciaron una marcha rica en colores y la de hoy ha ofrecido, sin lugar a dudas, todo un arcoiris. Miles de personas llegadas desde distintos puntos de Euskal Herria, en los dos trenes fletados para la ocasión, o en autobuses salidos la víspera desde distintos puntos de la geografia vasca, han tomado desde primera hora de la mañana los aledaños de la estación de Montparnasse, donde se han vivido los primeros encuentros, los saludos emocionados y los gestos de complicidad entre gentes de muy distinta procedencia.

La manifestación de hoy podía haber sido solo un meritorio desembarco de vascos y vasca en París, pero la banda sonora de esta marcha, en la que se cruzaban mensajes en los tres idiomas en que habla a diario Euskal Herria, daba cuenta de que estábamos más bien ante una movilización con muchas intersecciones, idiomáticas, culturales, afectivas, políticas, y también por qué no, ante una incipiente y prometedora entente a pie de calle entre vascos y capitalinos franceses.

Tras incorporar a los marchistas llegados desde Fresnes, en el sprint final del tour de las prisiones, la marcha ha partido pasadas las 12.30 desde la place 18 juin 1940 para dirigirse, en ambiente fresco pero soleado, hasta su destino, en las inmediaciones del Monumento de Los Inválidos.

Sobre una escena móvil se han sucedido las actuaciones de artistas, vascos y franceses, que han dado ambiente a la movilización, que sin ser festiva, ha transcurrido entre sonrisas y comentarios de esperanza, porque a París se ha llegado tras un trabajo intenso.

Ese maratón de interlocuciones, a múltiples bandas, ha hecho posible que destacados dirigentes de la política hexagonal se hayan sumado, mediante el apoyo al llamamiento «Arriesgar por la paz», y en no pocos casos mediante su presencia en las calles de París, a una dinámica que suma entre diferentes que promete dejar poso en París como en Ipar Euskal Herria. Allí estaban Benoît Hamon, excandidatu a la presidencia por el PS; la senadora del PS Fréderique Espagnac; la exdiputada del mismo partido Sylvianne Alaux; Anita Lopepe (EH Bai); los parlamentarios Vincent Bru, Max Brisson…

Junto a ellos también se han visto representantes políticos y sindicales de Hego Euskal Herria como Maddalen Iriarte y Josu Juaristi, de EH Bildu; el presidente de Udalbiltza, Luis Intxauspe; la secretaria general de LAB, Garbiñe Aranburu, y su homólogo de ELA, Adolfo Muñoz, entre otros.

La imagen final de la marcha «Paix en Pays Basque: Orain presoak» no ha sido sino una muestra más de esa capacidad de sumar voluntades, en el objetivo común de pedir al Gobierno francés que aplique el derecho ordinario a los presos y presas vascos.

Acto final

En place Vauban tomaban la palabra la productora de cine Fabienne Servan-Schreiber; el presidente de la Mancomunidad Vasca, Jean-René Etchegaray; Joana Haramboure, hija de Frédéric Haranboure Txistor, que lleva 28 años en prisión; y el presidente de honor de la Liga de Derechos Humanos, Michel Tubiana.

Etchegaray, el primero en tomar la palabra, ha recordado que han pasado seis años desde la Conferencia de Aiete; ha afirmado que el camino de la paz es «muy largo» y ha considerado que la actitud de los estados ha sido «insultante» desde Aiete hasta ahora. Ha expuesto las demandas para cambiar la situación de los presos y ha subrayado que ese cambio precisa del compromiso del Gobierno francés. «El proceso de resolución no pude seguir sin el compromiso formal del Estado francés, por eso estamos aquí. Sigamos unidos y en el caminio de la paz. Bat egin dezagun berbidean», ha reclamado.

La realizadora de cine francesa Fabienne Servan-Schreiber ha dado la bienvenida a París a los ciudadanos vascos que se han desplazado hasta allí y ha pedido que se aplique la ley ordinaria a los presos y presas. «Las leyes existen», ha remarcado. Ha recordado a todas las víctimas y ha pedido una «paz con justicia». A los gobiernos español y francés les ha reclamado que «nos oigan» y «se arriesguen por la paz».

Joana Haranboure, hija de Txistor Haranboure (28 años en prisión) ha hablado, con voz fuerte, por momentos entrecortada, de la situación que sufren los presos y sus familias. «Etxean nahi ditugu, bizirik nahi ditugu», ha proclamado.

Michel Tubiana, presidente de honor de la LDH. «No se trata de olvidar el pasado, ni los sufrimientos, sino de poner fin a un conflicto que ya no tiene combatientes», ha afirmado, al tiempo que ha emplazado al presidente francés, Emmanuel Macron, a que asuma el riesgo de la paz.

Ha cerrado el acto Mixel Berhokoirigoin, quien ha pedido la vuelta de presos y exiliados a la sociedad vasca. Ha recordado a las víctimas y ha afirmado que no hay mejor opción que construir una paz que beneficie a todos. Además, ha llamado a acudir en enero a la marcha de Bilbo por los derechos de los presos.