AberriEguna

La celebración del Aberri Eguna de la Red Independentistak estuvo marcada por la situación catalana. Esteladas tuvieron su hueco entre enseñas navarras e ikurriñas. La intervención de la vicepresidenta de la Associació de Municipis per la Indepèndencia (AMI) fue de las más aplaudidas.

La manifestación fue multitudinaria. La pancarta prácticamente llegó a pisar los talones a la cola, pues cuando la cabecera alcanzó el Parlamento se veían aún las últimas filas al fondo de la calle Navas de Tolosa. Se avanzó a buen ritmo, casi como en un desfile. Una veintena de txistus, colocados solo unas líneas después de la pancarta y todavía entre las estrellas verdes de ocho puntas, marcaban el paso con viejas melodías por la libertad. La multitud coreaba canciones y, a cada poco, se escuchaban gritos de independencia.

Justo antes de que arrancara la marcha, Txutxi Ariznabarreta (portavoz de independentistak) atendió a los medios. «En esta situación pensamos que no vale de nada ponerse de rodillas y rogar al Estado. La única alternativa es abrir un proceso soberanista también en Euskal Herria, construir nuestro Estado democrático y social y proclamar la República Vasca», afirmó.

La manifestación tuvo un recorrido atípico. Arrancó por Navas de Tolosa, viró por Pío XII hasta la Avenida del Ejército y giró una vez más en Yanguas y Miranda. Desde ahí regresó a Navas de Tolosa para culminar en Sarasate a los pies del Monumento a los Fueros. De todo el recorrido, aproximadamente la manifestación ocupó 1,5 kilómetros, lo que supone un nivel de asistencia notable, que necesariamente superó las 10.000 personas que cifró la Delegación del Gobierno español. Desde la organización se lanzó otra estimación de 18.000. La presencia policial fue llamativa; abría paso a la pancarta una comitiva de 50 policías españoles guardando formación y ocho furgonetas. La dotación que cerraba la protesta apenas era inferior.

El último tramo fue solemne, con el himno de Nafarroa atronando por la megafonía del Paseo Sarasate. La pancarta con el lema “Menpetasunetik askatasunera. Burujabetza hobe” se abrió paso entre aplausos. La bertsolari Maddalen Arzallus dio la bienvenida desde el escenario a la multitud y agradeció a todos la participación, dando inicio así a un acto central amenizado con canciones de Julieta Itoiz y bertsos improvisados por Julio Soto.

El primero de los discursos y uno de los más conmovedores fue el de Jon Fano, representante del movimiento de pensionistas. «Las movilizaciones del día 17, junto con las que llevaron a cabo nuestras compañeras el 8 de Marzo y las que realizamos todos los años en favor de los derechos de los presos y presas políticas vascas, señalan que este país vibra, está vivo y tiene fuerza para defender sus derechos sociales, culturales y políticos», aseguró Fano.

El pensionista trazó las líneas centrales de sus reivindicaciones: una actualización de las pensiones con subidas del IPC y una pensión mínima de 1.080 euros al mes para poder vivir con dignidad. «Es preciso dar pasos adelante potentes. En Hego Euskal Herria tenemos cerca de 250.000 personas, en su mayoría mujeres, que no llegan a una pensión de 700 euros mensuales. Hay que acabar con esto», manifestó Fano. Su solución pasa por construir una Seguridad Social vasca. «Este país tiene capacidad productiva, económica, de recaudación fiscal y relación de fuerza social para mejorar las pensiones de un modo significativo», subrayó.

Amaia Zufia, por su parte, trasladó las reflexiones que el movimiento feminista hace de lo sucedido el 8 de Marzo. «La huelga tuvo como base la vida y no el mercado», explicó. «Nuestro planteamiento político no es para la élites, no es para que en los círculos de los ricos haya más mujeres, sino para luchar en favor de quienes son expoliados», continuó. La portavoz sostuvo que el feminismo busca la ruptura «con un sistema heteropatriarcal, racista, capitalista y colonialista».

Zufia lanzó un mensaje solidario a Catalunya y denunció que «la involución democrática y social en el Estado» va justo en el sentido contrario de los postulados feministas en Euskal Herria, que buscan un nuevo orden social que ponga «la vida en el centro» y no se focalice en las instituciones.

Un mensaje desde Catalunya

«Justamente hoy, hace seis meses que en Catalunya celebramos el referéndum –arrancó Annabel Moreno–. Y a pesar de todo, de la persecución y la clausura de colegios, de las cargas policiales, votaron 2.286.217 personas. De ellas, 2.044.000 votaron sí a la República Catalana». El discurso de la alcaldesa de Arenys de Mar, vicepresidenta de la Associació de Municipis per la Independència, era uno de los más esperados. Y a la postre resultó el más emotivo.

Moreno narró cómo tras este referéndum se ha desatado «una caza de brujas feroz, salvaje y sin medida» contra los independentistas, con más de mil imputados, incluida ella, y 16 personas presas o que han tenido que marcharse. La alcaldesa enumeró los días de prisión o exilio que llevan los principales líderes independentistas: Jordi Cuixart, Jordi Sánchez, Oriol Junqueras, Carles Puigdemont, Anna Gabriel... La relación de nombres y días generó sentimientos encontrados entre los presentes, que corearon “Llibertat presos politics”, pero también “Euskal presoak etxera”.

La representante catalana tuvo además el acierto de lanzar un guiño a los presos de Altsasu por la pelea con guardias civiles, destacando que están en prisión sin juicio, al igual que los líderes catalanes. La gente lo agradeció con aplausos y exigiendo la libertad de unos y otros. «Ante estas injusticias, estos actos autoritarios que recuerdan las épocas más oscuros de la España del siglo XX, no nos quedaremos parados. No nos acallarán y continuaremos más firmes que nunca defendiendo nuestras ideas políticas. No habrá suficientes barrotes para silenciarnos», aseguró Moreno.

Por su parte, Maite Aristegi, que cerró el acto arropando a la portavoz de la AMI, aprovechó la oportunidad que brindó la catalana para recordar la manifestación del 14 de abril por los procesados de Altsasu. Y, además de ello, lanzó la reflexión de que ya no basta con declaraciones de solidaridad hacia el pueblo catalán, sino que la mejor ayuda que se puede ofrecer a Catalunya pasa por abrir al Estado un segundo frente independentista en Euskal Herria.