En un calvario de 35 años se logró hallar sus restos e incluso conseguir cinco condenas, pero todavía hoy los familiares de Lasa y Zabala son negados como víctimas, el Estado no asume la guerra sucia y la impunidad es la norma. De todo ello se habló ayer en Tolosa, con revelaciones interesantes de Pili Zabala.

Durante la mesa redonda, primero de los actos de este 35 aniversario del secuestro y luego muerte de Joxean Lasa y Joxi Zabala, hubo ocasión para todo: verdades como puños sobre la guerra sucia por boca del historiador Iñaki Egaña, luego un agradecimiento sincero y novedoso de Pili Zabala a la izquierda abertzale por su denuncia insistente del caso, y finalmente varias revelaciones de la hermana de Joxi y hoy parlamentaria de Elkarrekin Podemos, elocuentes de cómo 35 años después las familias sufren la esquizofrenia de ver negado en público lo que a veces se les reconoce en privado.

Pili Zabala solo tenía 15 años cuando su hermano fue visto por última vez en un parking de Baiona, el 15 de octubre de 1983. Ayer no le dolieron prendas en reconocer que vivir en Tolosa se le hizo insufrible, explicar que en su casa «la tristeza entró por la puerta y la ilusión salió por la ventana», lamentar que «yo durante mucho tiempo no hice nada, no podía», y agradecer a la izquierda abertzale que «siempre hayáis estado ahí. Este reconocimiento os lo debo». La mesa redonda estaba organizada por la dinámica Kalera Kalera, como paso previo al Iheslarien Eguna de este sábado, también en Tolosa.

Al lado de Miel Mari Lasa, hermano de Joxean, que también expresó su agradecimiento «a los que estáis hoy y a los que estuvieron antes», Pili Zabala evocó con cariño a su hermano. Y luego cambió el tono para admitir su malestar con la retocada ley de víctimas de abusos policiales de la CAV. Prevé que se aprobará pero no oculta que «me duele que donde más fuerza hayan hecho es en no dañar el honor de los victimarios. Y se lo he dicho a Jonan Fernández».

Desde esa doble posición de víctima de guerra sucia y parlamentaria, Zabala ha tenido acceso directo a dirigentes políticos de antes y ahora. Y ahí llegaron las revelaciones. Narró una conversación con el eurodiputado Ramón Jáuregui (en aquel 1983 delegado del Gobierno en la CAV), en la que este, al sentirse interpelado, «se puso nervioso, me dijo que me quería pedir perdón, que sabía que entonces tenía responsabilidades, pero que no había hecho nada en esto. Le planteé si no era hora de que el Estado pidiera perdón a Euskal Herria y me dijo que no es el momento, que el Gobierno es débil».

Sobre el actual delegado también tenía algo que contar Pili Zabala: «[Jesús] Loza me dijo que la guerra sucia no fue algo de la Guardia Civil, sino una decisión del Gobierno. No os descubro nada», añadió al público.

En este tránsito la hermana de Joxi se ha reunido incluso con el expolicía de los GAL José Amedo en un «encuentro restaurativo»: «Él es un mercenario, pero yo no soy tonta. Sé que me mintió, pero yo siempre aprovecharé cualquier fuente de información que tenga a mano».

Más significativa es la reciente reunión con Sonia Ramos, al frente de la Dirección de Víctimas del Terrorismo estatal desde 2012. Tampoco hubo sorpresa aquí, pero sí desvergüenza: «Me dijo ‘tú no eres víctima’». Igual que Alfonso Alonso (PP) en el famoso momento del debate televisivo de la campaña de 2016.

375 de condena, 20 de cárcel
Ahí está el quid de la cuestión 35 años después del caso más icónico de la guerra sucia. 35 años de los que los Lasa y los Zabala pasaron los doce primeros sin saber siquiera si estaban vivos o muertos, cinco más a la espera de juicio y los dieciocho restantes sin ser considerados víctimas y viendo a los condenados salir a la calle. Los datos los puso sobre la mesa el historiador Iñaki Egaña: las penas al general Galindo, al delegado Elgorriaga y a los guardias civiles Vaquero, Dorado y Bayo ascendieron a entre 71 y 75 años de cárcel, pero pasaron entre rejas realmente entre uno y seis años.

Tras el juicio del año 2000, faltan cosas importantes por saber, pero los detalles salen ya a cuentagotas. Egaña citó un descubrimiento reciente que da qué pensar. En un BOE de octubre de 1984 aparece un largo listado de condecoraciones a miembros de las FSE, muchas de ellas con pensión vitalicia, y en el grupo figuran los agentes de Intxaurrondo responsables de este crimen, en el que entonces aún nadie les implicaba. ¿Pudo ser un macabro premio de primer aniversario? Entonces se debía dar por seguro que los restos habrían sido disueltos por la cal viva para siempre, pero una casualidad los sacaría del subsuelo en 1985 y otra revelaría su identidad ya en 1995.

En el resto de su intervención, ante una sala llena de la Casa de Cultura de Tolosa, Egaña trazó un recorrido por la guerra sucia desde un prisma nuevo, que da perspectiva internacional a una lacra que Euskal Herria ha padecido en silencio y en solitario. No solo recordó que se han contabilizado 83 muertos, además de unos 20 secuestros y múltiples violaciones (dos con resultado de muerte). Remarcó además que en Euskal Herria ha habido cárceles ocultas como en Argentina o Chile (el Palacio de La Cumbre al que llevaron a Lasa y Zabala es un ejemplo); que se ha practicado la tortura a nivel masivo (si el estudio de Lakua va camino de los 5.000 casos, Euskal Memoria supera ya los 8.000); que se han empleado fake news antes de que el concepto existiera siquiera (de aquella Gernika quemada por los «rojo-separatistas» al 11-M atribuido a ETA o los 383.000 exiliados por su culpa de que habló el Foro Ermua)....

Una realidad que se sigue negando, denunciaron los contertulios, y de la que Joxean Lasa y Joxi Zabala son quizás los dos exponentes más conocidos. Entre tanta verdad dura, Pili puso una pincelada humana: «Estamos aquí porque los queremos. Y porque ellos querían a Tolosa; Joxi le decía a mi ama ‘ya verás como todo se arreglará y en un par de años estaremos allí’». Fue hace 35 años, pero aún duele como toda herida abierta.