El profesor e investigador de la UPV-EHU Josu Martínez estrenó 'Jainkoak ez dit barkatzen' -'Dios no me perdona'- en el Festival de San Sebastián, un largometraje sobre Lezo Urreiztieta, "un pirata del siglo XVI nacido por error en 1907", que no pudo cumplir su mayor ilusión: asesinar a Franco

Sobre imágenes históricas, animaciones y entrevistas con personas cercanas al protagonista, 'Jainkoak ez dit barkatzen' -'Dios no me perdona'- proyecta la voz real de Lezo Urreiztieta, un "pirata del siglo XVI nacido por error en 1907". El documental registra la vida del personaje vasco entrevistado por el periodista, escritor e historiador Martín Ugalde en 35 cintas, trasladadas a la pantalla por el profesor e investigador de Comunicación Audiovisual de la UPV-EHU Josu Martínez.

La película de Martínez fue estrenada en el Festival de San Sebastián el pasado mes de septiembre, una pincelada histórica que cuenta la vida de un hombre singular: Lezo Urreiztieta, el hombre que armó a Euskadi contra la sublevación militar del 36, ayudó a casi mil personas a escapar en el 34 y refugió a centenares de exiliados durante la Guerra Civil, entre otras cosas. Martín Ugalde lo entrevistó durante 35 horas, y el producto de aquellas conversaciones tiene ahora su versión audiovisual.


Martínez da con las cintas en el Ayuntamiento de Andoáin, el pueblo natal de Ugalde. Sus hijos entregaron en el Consistorio en cajas de cartón con los cassettes de hace cuarenta años. "Había oído hablar de Lezo, algunas referencias en algún libro, un pie de página... Pero no aparecía casi en ninguna parte. Ugalde escribió un pequeño libro sobre él, pasando por alto los temas más polémicos. No me pareció que fuera lo que yo quería saber del personaje". Consiguió encontrar todas las cintas y, cuando las escuchó, comenzó el documental: "Fue como encontrar el tesoro de un pirata. Me di cuenta de que había una historia gordísima que había que contar".

Además de las historias que Lezo Urreiztieta contó a Martín Ugalde, Martínez ha entrevistado a historiadores, amigos y familia del 'pirata'. "El documental es un género que me gusta mucho" cuenta Martínez, "porque consiste en el trato humano. La relación con tus personajes es con personas reales: comienza mucho antes de que digas acción y sigue una vez que se ha apagado la cámara". A través de la película, el autor afirma que ha habido una "intrahistoria"; algunos de los descendientes de Lezo se volvieron a juntar, algunos se conocieron y "otros se reconciliaron con su abuelo".

"Su mayor ilusión era cargarse a Franco antes de irse de este mundo" cuenta en la película Alberto Atxotegi, antiguo refugiado y amigo de Lezo. "Yo no he tenido más que esa idea" registró Lezo en las cintas. "Qué de cosas planeé. Solo tenía esa idea en la cabeza", confiesa en las cintas.

Entre sus planes estaba bombardear el palacio de Aiete (en San Sebastián), residencia de verano del dictador, con helicópteros. O "pegarle un bombazo y joderlo" en su yate. Al final puso en marcha el proyecto de un túnel lleno de explosivos bajo la residencia veraniega de Franco en San Sebastián, pero el intento se frustra. "En todo caso yo prefería secuestrarle y atarle como un animal, desnudo, con un collar de perro", recuerda en las cintas.

Sus numerosas ideas pueden ser escuchadas en 'Jainkoak ez dit barkatzen' junto a todas las historias que hicieron de su vida una auténtica hazaña de guerra. Su vida, sin embargo, llama la atención desde el momento en que comenzó a adentrarse en el mar.

Del cognac a las armas
A los seis o siete años de edad, el padre de Lezo comenzó a llevarlo al mar a modo de castigo. "Para mí era la gloria" afirma Urreiztieta a Ugalde en la primera cinta. Bebía con los marineros y comenzó a vender cognac de contrabando en Inglaterra. Antes de los diez, según afirman, ya ganaba más que el capitán.

En la cuarta cinta, Urreiztieta narra sus primeros pasos en la política. Militó en ELA y en el movimiento independentista Jagi Jagi, que formó parte del PNV a partir de la década de 1930. Siendo él nacionalista, en 1934 comenzó lo que él llamaba "el verdadero contrabando": un amigo comunista, con la Fuga de la Revolución de ese mismo año, solicitó su ayuda para pasar a Francia.

"Saqué un total de 826 personas. Contadas" dice Urreiztieta en las cintas. Algo que, sin duda, Martínez pone en valor: "Creo que es muy difícil destacar una sola cosa de las que hizo Lezo, pero por el valor de salvar vidas, me quedaría con los rescates que hizo durante la represión en 1934". Entre ellos, según el autor, se encontraban muchos dirigentes del movimiento socialista de Bizkaia.

Sin embargo, el 'pirata' llevó en barco más que personas en aquella época. Cuando estalló la guerra en 1936, varias personalidades políticas acudieron a él: "Tienes que traer armas" le dijeron. Las primeras llegaron desde Checoslovaquia a una Euskadi con poca capacidad bélica, después de caer Gipuzkoa bajo la sublevación militar. El historiador de la Fundación Sabino Arana Iñaki Goiogana afirma en el documental que, sin las 7.000-8.000 armas que Lezo trajo en su barco, "difícilmente hubiera aguantado Bizkaia otros ocho meses contra Franco". A pesar del bloqueo y las minas en el Cantábrico, Lezo Urreiztieta metió en Euskadi un total de 17 barcos llenos de armas.

Ugalde recogió esas historias, las de cómo acogió refugiados de guerra en un palacio de Brataña o cómo le negó la mano a un oficial nazi a lo largo de las 35 cintas, que ahora se han hecho públicas. La película revive las elecciones que trajeron la república, el inicio de la guerra civil, su final o la extensión de la ocupación nazi, pero con un hombre protagonista como hilo conductor y centro de la historia: Lezo Urreiztieta, el católico 'pirata vasco' que, según Martínez, "hizo todas las cosas que Dios no perdona".

Lezo pasó su vida soñando una Euskadi libre. Incluso pensó en comprar una isla desierta del pacífico, en cuyo mapa escribió nombres de pueblos vascos, y construir una nación independiente mientras el País Vasco no se liberara

Lezo pasó su vida soñando una Euskadi libre. Incluso pensó en comprar una isla desierta del pacífico, en cuyo mapa escribió nombres de pueblos vascos, y construir una nación independiente mientras el País Vasco no se liberara

Una huida a México y una Euskadi libre en el Pacífico
Lezo Urreiztieta fue descubierto planeando uno de sus atentados contra Franco y lo expulsaron de Francia. Él decide irse a México. Se llevó a su hijo mayor, Eli, pensando que todo se arreglaría pronto. Allí pasaron cuatro años.

Lezo empezó a buscar un lugar donde poder ser libres. Compró unos mapas y encontró una isla, Guadalupe, que estaba desierta. Sobre la carta escribió nombres vascos como 'Gorbea' o 'Gernika', para construir, mientras no pudieran liberar Euskadi, una Euskadi liberada. Planeó comprarla durante años. Llegó, incluso, a hablar con el que fuera presidente de México, Lázaro Cárdenas. Le planteó una nación "libre de Francia y de España, y libre de México" también, según Urreiztieta.

70 años del rescate de los guerrilleros asturianos
Lezo citó a los guerrilleros asturianos en el puerto de Luanco, donde los recogió en el atunero 'Goizeko izarra' y los llevó lejos de la represión de la época, en 1948

Lezo citó a los guerrilleros asturianos en el puerto de Luanco, donde los recogió en el atunero 'Goizeko izarra' y los llevó lejos de la represión de la época, en 1948

En octubre del 48, Lezo sacó de los montes de Oviedo a los últimos guerrilleros socialistas en Asturias. "Es una historia muy especial, también por cómo lo cuenta Lezo, que los encontró y no se creían que una persona sola los fuera a salvar" ríe Martínez. "Me gustaría que por esta historia el documental se pudiera ver en Asturias. He contactado con varios hijos e hijas de aquellos guerrilleros y me gustaría que ellos también lo vieran y descubriesen quién era Lezo".

Aquella hazaña no fue fácil. Un dirigente socialista asturiano, al que Lezo ayudó a escapar en 1934, fue a verle a San Juan de Luz. Hacía año y medio que no veía a su hijo, 'el nenón', que estaba en el monte con otros guerrilleros. Pidió a Lezo ayuda para encontrarlo, pues solo él podría hacerlo. "Con esa piropada, ¿cómo me voy a poder negar?" responde el marinero.

Llegó a Asturias en ferrocarril, clandestinamente, valiéndose de hábitos y tejas, haciéndose pasar por cura. Pero nadie le abrió cuando llamó a la puerta de las direcciones apuntadas. Con la represión, nadie se fiaba de nadie.

Pasaron meses hasta que contactó con los guerrilleros, "gracias a un señor que iba a estar en el café Cervantes con un periódico con la última hoja al revés". Lo sacó a las afueras de Oviedo. "Y digo, ¿este cabrón dónde me lleva?" recuerda Lezo. A través de pasadizos, aparecieron en un campo rodeados de 'maquis' con las escopetas cargadas: "¡Si no viene 'el nenón', me matan!". Gracias a Lezo, 27 hombres y una mujer escaparon aquel día.