El presidente del Estado español se había ofrecido como interlocutor entre Estados Unidos y varias regiones del mundo, incluyendo América Latina. El presidente de Bolivia le respondió en un acto con campesinos.

El martes 7 de febrero el gobierno español informó, por medio de una nota oficial, la conversación sostenida entre el presidente Mariano Rajoy y su par de Estados Unidos, Donald Trump. En el texto, publicado en el sitio web de la presidencia, se destaca que en la comunicación telefónica Rajoy “ha mostrado su disposición a desarrollar una buena relación con la nueva Administración estadounidense”. También que le expresó que su gobierno “está en las mejores condiciones para ser un interlocutor de Estados Unidos en Europa, en América Latina y también en el Norte de África y Medio Oriente”.

Pocas horas después llegó la respuesta del presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales. “Esta mañana temprano me informé que el presidente de España, Mariano Rajoy, dice que él puede ser mediador entre Estados Unidos y América Latina”, dijo Evo ante cientos de campesinos, en un acto realizado en Oruro el miércoles 8 de febrero.

“Respeto su interés, pero ahora no estamos en tiempos de que alguien venga a mediar. La América Latina tiene soberanía, tiene dignidad. Estamos en otros tiempos”, agregó. “Tenemos capacidad de resolver nuestros problemas, internos y externos. No estamos en tiempos de monarquías ni oligarquías. Son tiempos de pueblos organizados”.

La ocasión de por sí implicaba un fuerte contraste con la política que expresa Mariano Rajoy: Evo entregó en el acto 7750 títulos de propiedad sobre la tierra -44% a nombre de mujeres, según destacó- , 70 tractores y otros implementos agrícolas. Además anunció la creación de 10 nuevos centros educativos en Oruro, señalando la importancia del acceso a la educación en el campo y en la ciudad, como un derecho de todo el pueblo boliviano.

El primer presidente indígena del país -donde la enorme mayoría de la población es originaria, durante siglos marginada- recordó también la nacionalización de los recursos de Bolivia, reivindicando la soberanía económica y llamó a los campesinos y campesinas a cuidar la tierra y el agua. “En Bolivia, gracias a la unidad del pueblo y de los movimientos sociales, nos hemos liberado de cualquier dominación e intervención externa tanto en lo político como en lo económico”, señaló entre aplausos y ovaciones.

Poco después, sintetizó el mismo mensaje desde su cuenta en twitter, @EvoEsPueblo.

Las expresiones del mandatario boliviano, sin embargo, contrastan con el silencio de la enorme mayoría de los líderes y los medios privados de comunicación del continente. Décadas de intervenciones han instalado como normales a expresiones de este tipo, que en boca de presidentes con otra orientación política provocarían grandes escándalos.

Repercusiones en la política interna española

Los dichos de Rajoy no fueron bien recibidos en el Estado español, donde se destacó el servilismo mostrado hacia Trump, evitando en la conversación temas como las amenazas a migrantes provenientes de América Latina y la polémica sobre el muro en la frontera con México, mientras se ofrecía abiertamente como peón de la expansión política y militar de Estados Unidos en el mundo.

La actitud del líder del Partido Popular llevó a que muchas voces lo calificaran de “recadista” o “mayordomo” de Trump. Esta última fue la expresión elegida, por ejemplo, por el Partido Socialista Obrero Español. Mario Jiménez, vocero de esta formación, declaró que ‘‘a la mayoría de la ciudadanía española le causó vergüenza e indignación que Rajoy se haya ofrecido como una suerte de mayordomo de Trump”. Esto ‘‘nos retrotrae a las peores imágenes de las Azores’’, explicó, aludiendo a la subordinación del ex presidente José María Aznar (también del PP) respecto a la política militar de George W. Bush desde 2001, cuando invadió Afganistán e Irak, en una escalada intervencionista que sigue vigente luego de una década y media.

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau (Barcelona en Comu, ligada a Podemos) también se sumó a las críticas con duras palabras: “No creo en sus dotes como mediador, no las ha demostrado en conflictos que le quedan cerca. Y no hay nada que mediar con quien levanta muros”. Colau también le preguntó: “¿Por qué no sigue el ejemplo de otros líderes europeos y mundiales que no se han ofrecido servilmente a unas políticas que van contra los valores democráticos?”.

“Que quede claro: nosotros y nosotras no nos ofrecemos a colaborar cordialmente con Trump, sino con las redes de alcaldes, ciudades, mujeres, jueces, asociaciones, movimientos, artistas y profesionales de todo el mundo que se están organizando para resistirse a sus políticas”, concluyó Colau.