La Colombia Profunda vista desde los ojos de periodistas de Brasil de Fato, Peoples Dispatch, Marcha y Colombia Informa, quienes viajaron a las selvas del Chocó. Allí, conocieron de primera mano lo que piensan y sienten mujeres y hombres del Ejército de Liberación Nacional -ELN- y su punto de vista sobre la paz.

María es el nombre que escogí, por temor a olvidar el mío. Apenas el avión aterrizara en Calí, sería mi identidad por los próximos días; celulares apagados, solo memoria y una libreta para recordar estos días.

Junto a María, tuve que recodar otros nombres nuevos, compañeros de viaje que observaba mientras repetía sus nombres mentalmente, obsesivamente. No quería ser yo quien arruinara el plan.

Cuando arribamos, una señora saludo con una sonrisa. Ella no estaba sola, la acompañaba otro señor, ambos se presentaron. Así como yo no era María, ella no era Yaneth; pero la sonrisa junto al abrazo creó un lazo de confianza. Sentí como si ella fuera un familiar, quien sabe una tía.

El grupo partió en camioneta por las calles de Cali, atravesando diversos barrios. En cada uno de estos, Yaneth hacia algún comentario sobre comidas y bebidas de la región. El tiempo corría y no tendríamos tiempo de compartir un café.

Después de media hora, Yaneth y el conductor se despiden, y otro hombre toma el volante. Recorrimos durante algunas horas rutas zigzagueantes, moviéndonos de un lado a otro de manera incesante.

Intentaba entender hacia donde nos dirigíamos, observando las señales de la carretera; había estado observando los mapas el día anterior; solo sabía que nos dirigíamos al pacífico.

Luego de unos cientos de kilómetros recorridos, llegamos a un pequeño poblado, adentrándonos unas cuadras en él. Agradecí no haber desayunado, ya que las curvas en el recorrido me habían dejado un poco mareada; sabiendo, además, que nos esperaban un par de horas en lancha.

Una joven con un piercing en la ceja parecía ser nuestra guía de viaje, nos preguntó si queríamos jugo, yogurt, comer algo. Todos estábamos bien. Subimos a la lancha, bancos de madera, exceso de pasajeros y equipaje.

Muchas botellas de agua en una bolsa, algunas frutas, y nuevas personas sonriendo en nuestra dirección. Pocas veces me sentí tan perdida e, incompresiblemente, tan segura. No tuve necesidad de preguntar nada a nadie, apenas seguir las instrucciones y sumergirme.

El viento se sentía fuerte en la cara, y remolinaba el pelo. Cada vez que la lancha galopaba en el rio – parte de la Cuenca del Río San Juan-, era como si pasáramos por una calle destruida. La humedad ambiente ya se sentía en la piel; alrededor, una espesa vegetación se perdía en el río, crecido por la época.

En las márgenes, y junto a nosotros en la lancha, los rostros negros e indígenas componían un nutrido abanico de tonalidades. Casi no había “blancos”, salvo por nosotros, únicos con cara de extranjeros en aquella embarcación.

El paisaje terminaba de componerse con las casas flotando en el rio, sostenidas por columnas de madera. Cruzábamos canoas y botes, conducidas por niños, hombres, mujeres y ancianos, en muchos casos acompañados de sus perros. Yo no lograba quitar la mirada de todo lo que sucedía alrededor, hasta que me dormí, ayudada por el balanceo de la lancha.

Llegamos a destino, o casi. Bajamos de la lancha y junto con nosotros descendieron otras personas. Ahora cobraba sentido la reserva de lugares para la lancha realizada durante el viaje en camioneta.

Un pueblo medio fantasma nos recibía. Por tratarse de la hora del almuerzo, imagine que los moradores estaban comiendo o durmiendo la siesta, ya que el calor era intenso.

“¿Qué número calza usted?” Con esa pregunta entendí que mis zapatillas deportivas no serían suficientes para seguir el camino, y me entregaron unas botas negras de caña alta, las usadas para el trabajo en el campo.

Pensé que iríamos a recorrer un largo camino a pie a través de un riachuelo, muy por el contrario; embarcamos en otro bote, esta vez más pequeño. En esta instancia comenzamos a presentarnos, con nuestras identidades de ocasión.

Con la ansiedad en aumento, intentaba relajarme mirando el escenario circundante. De pronto, una lancha veloz con jóvenes vestidos con ropa militar, fusiles y brazaletes rojinegros con las letras ELN grabadas, rasgo el paisaje.

En ese momento, mire a Gustavo, a Jorge y a los demás, y reímos. Lo que siempre sabíamos, pero nunca expresamos, se materializó: estábamos en territorio del Ejército de Liberación Nacional (ELN), la mayor guerrilla en actividad en América Latina, creada en 1964.

Pregunte a uno de los compañeros de viaje si aún era el Valle del Cauca. El me explico que por la distancia recorrida ya estábamos en el departamento colombiano del Chocó. Y kilómetros más arriba podríamos encontrarnos con la frontera con Panamá.

Luego de unos minutos, apagaron el motor de la lancha, y fuimos aproximándonos hacia una casa. Miro para arriba, un joven indígena, con corte de cabello moderno, uniforme militar con brazalete del ELN y un fúsil en la mano nos sigue con los ojos. Santiago comenta sonriendo: “Algunos años atrás no se permitía ese corte de cabello”.

Saltamos de la embarcación, subimos una pequeña loma de barro y fuimos invitados a entrar en la casa donde vivía un matrimonio de abuelos, su pequeño nieto y unos tantos niños y niñas.

Fue el momento de dar las buenas tardes, algunos apretones de manos y sonrisas, y de vuelta al bote. Los diversos cambios en los medios de transporte parecían tener un objetivo: confundirnos; y principalmente, dejar la menor cantidad de pistas posibles.

Luego de un corto trayecto la pequeña embarcación arribaba a nuevo destino. Allí nos recibía un hombre alto, con uniforme militar junto a una bandera roja y negra del ELN extendida. Se presentaba como el Comandante Uriel.

Nos encontramos con decenas de hombres y mujeres, la mayoría jóvenes, con sus fusiles en mano. Uno por uno, y apretones de manos de por medio repetía: “Un gusto, María”. Parecía que la nueva personalidad me invadía.

Una galería amplia bordeaba la casa, en la esquina de esta me recosté y sonreí por dentro. Mirando la selva que nos rodeaba, y las personas que nos recibían, pensé en lo que me esperaba por conocer.

Luego de los saludos, nos convidaron con jugo de avena y nos invitaron a formar una ronda. Círculos de palabra entre medio de fusiles, una escena que se repetiría en los próximos días.

Entre todos, nos presentamos. Yo, María, de Brasil, junto con los compañeros argentinos que me acompañaban, y varios muchachos –guerrilleros y guerrilleras de todas partes de Colombia. Negros, indígenas, blancos, rostros de la región y de otros departamentos del país.

Mi objetivo era conocer más sobre ELN y hacer entrevistas, fue así que me presente. Luego del círculo, me invitaron a conversar con Lucía, una joven y hermosa mujer que tenía un acento y manera de hablar tipo urbano, había escogido el campo, la guerrilla; como su lugar de militancia.

Solo las dos, sin grabadora y con un cuaderno de notas como apoyo, así comenzamos la charla. Ella me explicaba dónde estábamos: El Frente de Guerra Occidental – Omar Gómez del ELN.

Estamos en Chocó

En el occidente colombiano se encuentra el departamento del Chocó, único que posee salida hacia el océano Pacifico– hacia donde desemboca el Rio San Juan – y hacia el Atlántico, al Mar del Caribe. Es la región más empobrecida de Colombia y su población está formada por comunidades negras e indígenas en su mayoría.

Con más de 500 mil habitantes, Chocó posee un 82% de su población conformada por afro-colombianos, es decir, 9 de cada 10 personas son negras, de acuerdo con Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE).

Según el organismo gubernamental, en su último relevamiento de 2011, Chocó es el departamento colombiano con el índice más alto de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), alcanzando el 79,19% de su población, frente al 27,78% de la media nacional. Dentro de este marco de personas consideradas pobres, el índice de miseria llega al 32,24%.

Otro estudio realizado por la Defensoría del Pueblo, del año 2014, titulado “Crisis Humanitaria en el Chocó”, apunta graves problemas de desnutrición infantil, insalubridad pública, falta de asistencia de salud, precariedad en la cobertura y en la cualidad de la educación e impactos en el ecosistema.

El documento destaca también que niños, adolescentes, mujeres y ancianos, así como las comunidades negras e indígenas, además de las personas en situación carcelaria, están en situación de vulnerabilidad. “Chocó sigue siendo uno de los lugares del país donde la garantía efectiva de los derechos humanos de la población es más limitada”.

Los datos solo refuerzan el escenario visible para quien recorre la bahía del Río San Juan, y así lo plantea Lucía en nuestra conversación.

El departamento del Chocó, sin embargo, es rico – comentaba Lucia – con gran cantidad de recursos naturales: oro, plata, bosques, petróleo; además de gran cantidad de ríos y salida para ambos océanos. Aquí se encuentran los intereses del Estado colombiano y de las empresas nacionales y transnacionales, explicó.

“El Estado va hacia donde las transnacionales se mueven ”, afirmó Lucía, enumerando una serie de proyectos mineros y de infraestructura de transporte ya en marcha o con previsión de implementación en la región, como los que conectan a Colombia con Panamá.

Con base en estos intereses empresariales, las poblaciones son engañadas constantemente para que salgan de su territorio, o peor, son forzadas a abandonarlo por medio de la violencia, los desplazamiento, es decir, salida a la fuerza de los territorios.

Además de la actuación del Ejército colombiano, Lucía mencionó el papel desempeñado por los paramilitares, que también dominan el narcotráfico, con las salidas de drogas para América Central a través de la región del Pacífico colombiano.

En la política institucional regional, la guerrillera expreso que “no importa el partido, el dinero es lo que mueve”, destacando que, en su visión, Chocó es el “departamento donde hay más corrupción en el país”. Para ella, de manera general, allí quien gobierna es del sector conservador.

¿Y el ELN en ese contexto? Lucía explicó que la actuación de la guerrilla acaba siendo un factor de resistencia para el avance de las multinacionales y su explotación de la población y de la naturaleza. Eso acaba incomodando al Estado colombiano, que incide en el conflicto por medio del Ejército.

De los 30 municipios del Chocó, el ELN está presente en casi todos, conto luego Lucía. El accionar guerrillero se concentra en el trabajo de formación política y organización de las comunidades, además de la fuerza armada. La articulación guerrillera se da también con organizaciones de la sociedad civil y comunitaria, y con sectores de la Iglesia Católica ligados a la Teología de la Liberación.

Sobre la forma de financiamiento de la guerrilla, Lucía cuenta que se cobran “impuestos a las actividades económicas, por ejemplo, impuesto a los que compran y transportan madera, minería y hojas de coca; pero nunca a quien produce, no tiene sentido”, explica, argumentando que están allí para defender las comunidades y actuar junto con ellas.

La guerra en la comunicación

En el interior de la guerrilla, las fotos y vídeos son permitidos solo en algunas situaciones y siempre cubriendo los rostros de los guerrilleros. De los visitantes se espera respeto y compresión de los límites de seguridad establecidos.

Con estos criterios, Gustavo y Jorge toman fotos de los guerrilleros en formaciones y simulaciones de actividades de entrenamiento y combate.

Desde el último período, a mediados de 2017, el Frente de Guerra Occidental – Omar Gómez del ELN decidió avanzar en una nueva estrategia de actuación, la comunicacional. Se abrieron cuentas en las redes sociales además de un blog propio, a través de los cuales promueven el dialogo directo con la población colombiana y de otros países.

Entre comunicados, fotos de actividades con las comunidades y artes gráficas de fechas históricas, mensajes de lucha y denuncias, postean mensajes con frecuencia, directamente de la guerrilla, y de la “estética guerrillera” que defienden en sus producciones.

Lucía explicó que evaluaron la importancia de personificar algunas páginas para mostrar que había personas construyendo la guerrilla y crear identidad a partir del carácter humano. Por esto, el Comandante Uriel se encuentra en páginas y perfiles de Twitter e Instagram, en Vimeo y en un blog, además de su sitio web oficial del ELN.

Otras páginas en Facebook y Youtube intentaron se creadas, pero “cinco minutos después de la creación, ellos borraban las cuentas, sin explicar por qué”, relató.

Aun con bajo nivel de llegada, las cuentas son una apuesta a incidir en el pueblo que se encuentra distante del accionar guerrillero. Para eso, un contacto de WhatsApp y un e-mail del Comandante Uriel son los canales directos de conversación con los interesados en conocer más sobre este Frente de Guerra del ELN.

Por medio de WhatsApp los guerrilleros promueven un ciclo de debates y estudios con los interesados, con envíos constantes de textos formativos, los llamados Colectivos Virtuales de Estudio y Trabajo. Además de los textos, ellos incentivan que las personas actúen en la difusión de estas informaciones y acciones, como collage de imágenes y apoyo al ELN en las redes sociales.

A partir de ese primer contacto formativo, ellos buscan, en algún futuro, invitar a los participantes interesados a visitar los territorios. No solo colombianos buscan el contacto con la guerrilla, según contaron, también extranjeros.

Una apertura mayor para que periodistas nacionales y extranjeros visiten los campamentos de la guerrilla ya se inició. Se contabilizan cerca de 20 medios de comunicación que visitaron los diferentes frentes de guerra del ELN en este último período.

No todos los que buscan a la guerrilla son invitados, primero es necesario transitar un camino de diálogos y evaluaciones sobre las intenciones y la línea editorial de cada agencia. Es preciso un mínimo grado de confianza, también para preguntas respondidas por e-mail o envío de vídeos.

Interrogados sobre el balance de esta cobertura de la prensa, ellos evalúan que, en general, son honestos: aunque no apoyen la guerrilla, no buscan difamarlos. Así mismo ha habido casos de “manipulación de las entrevistas, cortando las declaraciones y dando un sentido diferente a lo que fue dicho”, como contó Lucía, pero ese es un riesgo que ellos están dispuestos a correr, como tantos otros.

Pregunto cómo manejan la seguridad digital en la clandestinidad de la guerrilla. Comandante Uriel y Lucía son los más involucrados en esta tarea, explican que por conocimiento autodidacta y con la ayuda de ingenieros de confianza, buscan formas de establecer una comunicación segura, criptografías, llaves de seguridad y conexión de internet satelital.

Muchos por ahí poseen celulares y, de vez en cuando, se los ve tomando alguna foto o simplemente mirando la pantalla. Para el manejo de las redes sociales, los celulares son otros, según ellos, cambiadolos constantemente y conectados solo en situaciones especificas. Quien posee computadoras, realiza la mayoría de los trabajos offline y apenas se conecta en la hora de enviar o recibir información.

La televisión está presente en diversos hogares, con trasmisión satelital. Compartimos junto con la familia que nos alojo en las noches, el noticiero de la emisora hegemónica del país, una especie de Noticiero Nacional como de Rede Globo (Noticiero Brasileño).

En una mirada rapida, se podría decir que cada diez noticias, siete son sobre temas relacionados a las guerrillas o los Diálogos de Paz, sea con el ELN o de los acuerdos con las antiguas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), actual partido de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común.

Juventud Guerrillera

Sin reloj y los celulares apagados, las conversaciones detienen el tiempo. En una especie de almuerzo y cena en el mismo plato – arroz y gallina, base local de alimentación- vimos la noche caer.

Y si la oscuridad llega, el día finaliza, al menos para nosotros, los guardias nocturnos se organizan. En un juego de luces de linternas, los jóvenes guerrilleros toman mochilas, fusiles, apilan sillas y terminan de limpiar platos, cubiertos y vasos – lavados en la rivera del río.

Para desplazarse hasta el lugar donde iríamos a dormir, era necesario tomar una canoa estrecha, apenas dos personas por asiento, con un motor pequeño y no muy ruidoso. Mantenerse en calma en la oscuridad, en el barranco, hasta la lancha y dentro de ella fue el mayor desafío que enfrentaba hasta aquí.

De repente, el motor se detuvo, en medio del río; con una linterna encendida, para no llamar la atención, los guerrilleros comenzaron a moverse para llegar al motor y ver cuál era el desperfecto. A cada paso que daban, la canoa se inclinaba para un lado, y era necesario equilibrar el peso para el otro. Algo casi intuitivo, ya que no podíamos conversar o hacer mayores ruidos.

El ruido del motor corto el silencio de la noche en aquel bosque húmedo. Ahora con el viento nuevamente en mi rostro, pude observar el majestuoso cielo estrellado y el contorno de las sombras de la vegetación. A mi lado aparece Venus, un perro criollo medio amarillento por el barro, una de las mascotas de los frentes guerrilleros, siempre sentada en los asientos delanteros de la canoa, como se estuviese disfrutando de la brisa de la noche.

Nuevamente la tranquilidad me invadió, con la inocencia de quien desconoce los peligros de estar en una zona de conflicto armado. Me iba acostumbrando a estar entre jóvenes en ropa de fajina, fusiles en las manos y cintas roji-negras.

 

PARTE II - Entre fusiles y sutilezas: lo cotidiano en la guerrilla colombiana del ELN

Continuación de esta crónica realizada en las selvas del Chocó donde periodistas de Marcha, Brasil de Fato, Peoples Dispatch, y Colombia Informa se adentran en los vericuetos de esta región colombiana para conocer a las mujeres y hombres que conforman uno de los grupos insurgentes más antiguos del mundo.

“Hago parte del Ejército de Liberación Nacional, del Frente Guerrillero Ernesto Guevara”. Así inicia su presentación Yesenia, mujer negra de porte alto y delgado, paso firme y con sonrisa grande, que alcanzaba sus ojos, que juntos sonríen.

Siempre acompañada de Coronel, un perro grande y blanco, recuperado del Ejército colombiano, ella es nuestra primera entrevistada, ahora con grabadora y cámara autorizados, en este territorio guerrillero en el departamento del Chocó.

Yesenia es un nombre poco común en la guerrilla, algunas búsquedas me llevan a “La Negra Yesenia”, una de las comandantes del Frente de Guerra más importante de la historia del ELN, que murió en combate al final del 2011. Los homenajes son comunes cuando se escogen sus seudónimos “Elenos” – como son llamados los miembros del ELN.

Ella cuenta que entró a la guerrilla en el inicio de su juventud, hoy aparenta tener alrededor de 35 años. En el inicio, lo que la motivo era la belleza del grupo, que caminaban juntos con armas y uniformes. De pocas palabras, ella no dio más detalles. “Eso fue lo que pasó”

Poco a poco, ella cuenta, va aprendiendo la ideología, los valores y los “muchos motivos que nos hacen continuar en esta lucha”, como la desigualdad social que atraviesa Colombia, apunta.

Sobre los valores, ella cita: “La honestidad, la solidaridad, la disciplina, ser criticó… Todos esos valores nosotros los inculcamos en todos los muchachos. Es uno preocuparse por el otro compañero”. Inculcar, verbo que tiene como uno de sus significados es el de impregnar algo en el espíritu de alguien.

Y la disciplina es la muestra cotidiana. Se despiertan a las 4:45 de la madrugada, se preparan para la conferencia de la tropa, entonan el himno del ELN y comienzan los entrenamientos físicos. La pausa para el desayuno es a las 8:00 am, y después vuelven a entrenar, finalizando para el almuerzo.

Después de un breve descanso, viene la formación de manejo de armas, aprender a montar y desmontar el fusil, movimientos de marcha son realizados a lo largo de dos horas. La comida es temprano, aun con el día claro.

Además del entrenamiento físico, hay formación política, inicia después de la comida y la limpieza de las vasijas y ollas. En clases o ruedas de discusión, ellos conversan sobre la historia del ELN, leen noticias y otros temas. “A las ocho de la noche todo el mundo se va a dormir, hasta el otro día”, describe Yesenia.

Fuera de la rutina mantenida por toda la tropa, hay grupos que se turnan la custodia de los campamentos, de día y en las noches. Todo cronometrado y bien definido. Las tareas también son igualmente divididas, como las de plantación, cocina y limpieza.

El trabajo en ese territorio no es solo interno. Los guerrilleros también contribuyen con las comunidades. “A partir de lo más básico de la región. Ayudar a las personas a realizar los trabajos comunitarios, para que trabajen en comunidad. Y trabajamos con ellos”, relata Yesenia. Sea construir una casa, crear espacios de convivencia y del cuidado general, así como con la devoción de cumplir las reglas generales establecidas por los propios moradores.

Así como Yesenia, la guerrillera Yadira – que también tiene sonrisa fácil y ligera, lo cual mezcla con una postura firme y seria -, nos cuenta de la actuación del ELN con la población local. “Es muy bueno ayudar a las comunidades con el trabajo, con las cosas cotidianas”.

Yadira se enorgullece de realizar un trabajo especial con las mujeres, para que “salgan de esa vida sumisa, en la cual se tienen que dedicar a sus maridos, a lo que el hombre diga”. Aunque el feminismo no sea una cuestión presente en esos términos en el frente guerrillero, Yesenia define: “Aquí decimos que somos una organización de igualdad”.

Pero esa no es la imagen que el ELN está retratando en los medios colombianos o internacionales. Y sobre eso le pregunté a Yadira. “Las noticias dicen muchas cosas, muchas cosas que no son así. ´Como maltrato a los campesinos, desplazando comunidades’. Eso son mentiras. Cuando alguien llega [a una comunidad], se identifica, conversa con ellos. No se obliga a nadie a nada que no quiera hacer”, expone la guerrillera, con una mezcla de tristeza e incomodidad en la voz.

Personalidades

En una de las palafitas por las cuales pasamos, una mamá y su bebé mientras lo balancea en una red. Sin uniforme militar, ella viste un vestido de tirantes, la tarde era caliente y húmeda. La bebé con cerca de seis meses, viste apenas pañal y una cinta roja amarrada en la muñeca.

Una de nuestras compañeras de viaje, Cynthia, pregunta el porqué de la cinta. “Protección”, responde la madre. El marxismo, que marca la tradición del ELN, se mezcla con creencias personales y religiosas. Algo que no sorprende. En la tradición de la guerrilla están figuras emblemáticas como los sacerdotes Camilo Torres Restrepo y Manuel Pérez Martínez, el Cura Pérez.

Allí también hay espacio para las individualidades. Aunque la vestimenta militar sea el uniforme, y los símbolos del ELN el intercambio de identidad y místicas colectivas, cada uno viste adornos que demuestran la forma que identifican su belleza y vanidad. Las muchachas hacen trenzas, usan pinzas y chulos en los cabellos. Los jóvenes varían los peinados y boinas.

Además de los adornos que les embellecen, Yadira nos explica que carga durante las marchas. “Tengo mi fusil, mi chaleco, mi pistola, mi equipamiento – vajilla, cobija, hamaca, carpa. Esas son las cosas básicas que carga un guerrillero.”

En las armas, pistolas o puñales, también hay adornos y bordados con que los decoran. Del escenario marcado por el verde, café y negro, los demás colores solo aparecen en los detalles.

Aunque en el campo de las personalidades, preguntamos a Yadira cómo se construyen las relaciones amorosas al interior de la guerrilla. Y para eso también hay reglas.

“Aquí si alguien se quiere casar, iniciara un noviazgo. Son tres meses que se da a esas dos personas para ver si se quedan juntas o se separan. Se pasa esos tres meses, conversan con los compañeros y se oficializa como matrimonio. Con tres años de estabilidad, tienen permiso para tener hijos, si un matrimonio es estable”

Fuera de las cámaras, en conversaciones en medio de las caminatas y comidas, otros muchachos nos cuentan de los hijos de los guerrilleros y su relación con la guerrilla son fuentes de preocupación. Entre ellas está la educación, ya que hay tanta escasez de escuelas en las zonas rurales como un constante desplazamiento territorial que dificulta la permanencia en la educación formal.

La solución sería que los militantes de actuación civil pudieran ser los profesores en la región, o sea, se dispusieran a pasar un ciclo escolar en el campamento, donde podrían enseñar no solo a los niños y adolescentes, pero también a los adultos y las comunidades.

Según la Defensoría del Pueblo, en el informe “Crisis Humanitaria en el Choco”, de 2014, la tasa de analfabetismo en el departamento donde actúa ese frente de guerra es del 20,9% dos veces y media más del índice nacional. En Brasil, el Estado con la taza mayor de no alfabetizados es el Maranahão, con 16,7%.

Otra de las historias compartidas es la de la navidad en que los hijos de las guerrilleras y los guerrilleros pueden pasar las festividades junto a sus padres, en un lugar seguro en el campo. Nos cuentan que en ese encuentro había desde niños hasta adolescentes, algunos con un distanciamiento o un rencor a su padre, por el tiempo de separación en función de la dedicación a la guerrilla.

El comienzo de la confraternización fue un poco distante, desconcertante. Pero fue solo pasar un animado partido de fútbol entre ellos para que las risas y abrazos comenzarán a surgir. En la despedida, los llantos, dar un hasta luego doloroso o un adiós eterno a quien se ama.

Para conocer más sobre los sentimientos de felicidad y tristeza que afectan a los guerrilleros, indagamos nuestro tercer entrevistado, Emerson Valírio Martínez, “orgullosamente ‘eleno’, con cédula de identidad roja y negra e impresiones digitales que se escriben con tres letras blancas, como símbolo de paz con justicia social”.

Con la cámara encendida, a las primeras preguntas el responde en tono de oratoria planeada. Cuando se le cuestionó sobre el momento más difícil que él había pasado en la guerrilla, parece que el recuerdo ablanda su tono de voz.

“Yo fui herido en combate dos veces. Creo que ese fue uno de los momentos más difíciles. Porque fue un año y medio que estuve fuera de la organización, en recuperación, con la pierna destrozada por la bala. Pero, igual, nada es imposible que no se pueda superar.”

Estar lejos de la guerrilla es lo que más le impacta. No es solo el deber de estar en la lucha, es la necesidad de estar entre los suyos. “Yo no me adapto fácilmente a estar fuera de la organización, del frente [guerrillero], de los compañeros, de la familia, porque aquí construimos como sea un núcleo familiar, en el cual todos nos echamos de menos, como si fuéramos hermanos de sangre”, comparte Emerson.

¿Y el momento más feliz? “Creo que fue el momento que conocí mi bebé, lo único que tengo hasta el momento. Y otro cuando mi familia me visitó por primera vez. Yo estuve siete años sin comunicación con ellos, sin saber de ningún familiar. Pero, bueno, son de esos momentos que siempre tengo como recuerdos en mi corazón”.

Entre dos familias. Ese parece ser el sentimiento que ronda a Emerson, es posiblemente el de otros muchachos por ahí. ¿Cómo explicar a los padres o familiares la opción de dedicar su propia vida para una causa, la de la liberación popular?

“A ver, siempre los familiares o las madres, muchos no están de acuerdo con que sus hijos estén directamente en el conflicto. Si no hay esa politización y que se den cuenta de que es un deber unir y luchar por lo que se quiere, siempre buscan, en algún momento, [cuestionar], ‘por qué no vuelve’ y ‘existen otras formas que no se matan’”.

Pero la respuesta para Emerson es “no”, pues ese es el camino en que el cree. Entre seguir “explotado por un patrón, vivir endeudado siempre, no tener nada, vivir de forma más precaria que en la insurgencia, pues, [la persona] va querer continuar arriesgando lo que sea. Y también tiene la convicción ideológica”.

Emerson complementa: “Es de conocimiento general que es la pobreza, la precariedad de la vida, lo que lleva a alguien a tomar la decisión de pertenecer a un grupo armado”.

Zona de guerra

El Frente Occidental – Omar Gómez es una de los nueve frentes de guerra del Ejército de Liberación Nacional, que tiene actuación en todo el país, incluyendo a las ciudades, con el Frente de Guerra Urbana.

Dentro de estos, tienen Frentes Guerrilleros, con el objetivo de construir poder popular a partir de los territorios. El Frente Guerrillero Ernesto Che Guevara fue el que visitamos. Camisetas y cintas coloridas para amarrar en los brazos, con frases revolucionarias, marcan la identificación de ese grupo, compuesto mayoritariamente por jóvenes.

También hay Compañías, con cierta autonomía en cada frente, el ELN posee un Comando Central compuesto por cinco miembros. Entre ellos, esta Nicolás Rodríguez Bautista (Gabino), responsable político y militar; e Israel Ramírez (“Pablo Beltrán”), jefe de la delegación del ELN en la Mesa de Diálogo de paz con el gobierno colombiano.

Con actuación en el Chocó, el departamento más pobre de Colombia, está el Frente de Guerra Occidental. Su nombre homenajea a Omar Darío Gómez (“Alejandro”), que cayó en combate en 2016, en esa localidad. Con más de 30 años de actuación en el ELN, él era el tercero en comandar este frente.

Con la vegetación densa y el sistema de transporte por medio de lanchas y canoas, Yesenia, una de las guerrilleras entrevistadas en el Chocó, nos cuenta que allí los ataques del Ejército colombiano vienen principalmente por los aires.

“Ahora la modalidad son bombardeos de helicóptero, que lanza el Ejército sobre nosotros en cualquier momento. Las bombas pueden venir de día o de noche. En esta zona, dicen que es muy difícil llegar por tierra, un asalto en el campamento, pero también lo pueden hacer. Y es por eso que, todo el tiempo, estamos en vigilancia. Porque en cualquier momento pueden caer sobre nosotros de cualquier forma, sea por aire o por tierra”

A cada ruido del motor de la lancha, los cuellos se estiran para ver quien pasa. Un movimiento casi natural de cada guerrillero. Los sentidos están siempre agudizados.

Los enemigos, además del Ejército oficial del país, son los paramilitares, que actúan de manera clandestina, como civiles, y que tienen el respaldo de la policía y del Ejército, como lo caracterizan los guerrilleros, en unos círculos de conversación que fuimos invitados a participar en el campamento del Frente Guerrillero.

“Paramilitarismo es una política de Estado para contener la insurgencia. Y continúan haciendo del terror su actuación”, dice uno de los miembros del ELN, en una noche durante los días de nuestra visita. En conversación con decenas de miembros del frente, ya en total oscuridad nocturna de la selva, ellos nos contaban sus apreciaciones, en off, del conflicto armado en el país.

Estar entre guerrilleros, con correas al hombro de sus fusiles. Eso podría parecer una situación incómoda e intimidadora. Pero estar allí, en aquel campamento, era una sensación de tranquilidad. No parecía, pero estábamos en una zona de guerra.

¿Por qué seguir en armas?

La opción por la vía armada para la revolución no es una decisión fácil. Además de abandonar la vida civil, familia y la casa. Los guerrilleros tienen que confrontarse con una serie de desafíos cotidianos.

La estructura de los campamentos es transitoria, por eso, no tienen más que simples construcciones de palafitas, sin agua potable, fosas e incluso colchones donde dormir. Los utensilios domésticos son simples. Lo suficiente para garantizar un bienestar mínimo.
Las muertes no son historias. Ellas pasan, Y la convicción de que la lucha es mayor, por la liberación de todo el pueblo, los hace continuar. “Y eso es lo que me da rabia, cuando pasa algo, cuando matan a un compañero”, relata Yesenia.

“Cuando [nos] matan, se dice ‘baja de un guerrillero’, y cuando muere un soldado, ‘asesinaron a un soldado’. Y eso es muy doloroso. Todos somos hijos de campesinos, todos somos seres humanos. Por el hecho de que no estamos armados luchando por los ideales de la clase pobre, no significa que seamos menos que los soldados que están luchando por la oligarquía. Los soldados que están luchando por la oligarquía son hijos de campesinos igual que nosotros. Entonces, eso es muy doloroso, es muy fuerte”, cuenta la guerrillera.

Para Emerson, uno de líderes del Frente Guerrillero Che Guevara, lo que llevó al conflicto político, social y armado en Colombia, que ya tiene más de 50 años, “son los mismos puntos que negó el Estado colombiano en la negociación en la Mesa de Diálogo con las FARC, que firmaron el Acuerdo de Paz de la Habana, como la mesa que se viene desarrollando con el ELN. [El Estado] no discute el modelo económico, político, social, de la propiedad privada y tampoco el régimen militar”.

Sin esas discusiones, el cree, “no va ver cambios dentro de las políticas que guían el país, y no va haber solución para buscar una equidad social”

Y con la convicción y la esperanza de que es posible cambia la realidad desigual de Colombia y de América Latina, ellos aún siguen en armas. “Siempre y cuando exista opresión, va seguir habiendo resistencia. O sea, el mensaje para el pueblo colombiano y de nuestro continente es que tenemos que hacer la lucha de diferentes formas, unirnos, y juntos combatir la oligarquía y el imperialismo”, finaliza Emerson.

Como principal referencia política y militar del Frente de Guerra Occidental, el Comandante Uriel nos brinda una última entrevista. La figura más sobresaliente del ELN en las redes sociales, cuando siempre aparece con un sombrero y un pañuelo rojo y negro donde solo se permite ver sus ojos, entre nosotros, al interior del campamento, el siempre esta con el rostro descubierto y con gestos alegres. Para la entrevista en video, nuevamente cubre el rostro.

Es así como nos hablaron otros combatientes, Uriel defiende la lucha armada y una experiencia histórica revolucionaria, un acumulado de trabajo político-organizativo con las comunidades. En ese sentido, “el ELN es un patrimonio no solo del pueblo colombiano, sino de toda América Latina.” Pero no es el único. Para él, hay una serie de expresiones de movimientos populares en Colombia y en diversos países.

“Respetamos los caminos que otras organizaciones, otros procesos, decidan prioritarios en este momento. En el ELN también estamos haciendo esfuerzos a partir de otros escenarios, no solo en el ámbito armado. Pero consideramos necesario mantener esa semilla de la lucha armada revolucionaria, de resistencia armada y popular. Porque sé que no es ahora, pero va ser prioritaria en otros momentos”.

Con una lectura de proceso para “transformar el mundo y construir algo diferente”, que tenga como base la organización popular y la unidad, el apunta que “el imperialismo no va a caer solito. Es con una fuerte resistencia popular que vamos a acabar con él”.

“Los esfuerzos que cada uno, que cada organización está haciendo para transformar el mundo vale, cuenta. De la misma forma espero que valoricen el esfuerzo que está haciendo el ELN para ayudar a construir un mundo diferente. Dicen que en el socialismo o entramos todos o no entra nadie. Y como dice mi camiseta: luchar por el socialismo es luchar por la humanidad”.

A pesar de estar en medio de la densa selva del Chocó, su intención no es aislar la guerrilla. Para eso, echa mano de herramientas de tecnología y comunicación. “Nuestra tarea no es quedarnos callados. Por todas las vías posibles tenemos que hacer agitación y propaganda, llevar el mensaje revolucionario”

Y con base en algo como la solidaridad y hermandad, el, delante de las cámaras, parece que busca enviar un mensaje a los movimientos y militantes populares para que no los dejes solos.

“Aquí estamos para todo y así esperamos que muchos estén para nosotros. Son bienvenidos. Todos los que quieran venir para contribuir, aprender lo que podemos enseñar, y que fortalezcamos nuestros lazos. Vean en nosotros una oportunidad de laboratorio, de amigos incondicionales, de aliados, de compañeros de lucha”.

Espontáneo en las conversaciones cotidianas, hace preguntas sobre la realidad brasileña, las noticias de otras partes del mundo, nuestras opiniones. No solo sobre política, siempre surgen a flote temas como historia, tecnología, series y películas, música – su predilección es por el rap, y canta una canción de vez en cuando.

La receptividad y atención con que fuimos recibidos en territorio “eleno”, el Comandante Uriel pide, a través de nosotros, que llegue a otras partes.

Una micro-sd con más informaciones fue uno de los regalos de despedida de Uriel y Lucía, su compañera, junto a cintas coloridas con mensajes del Che Guevara, camisetas y otros adornos que marcan la identidad de aquellos guerrilleros.

En las carpetas digitales estaban comunicados, vídeos, fotos, materiales periodísticos y toda suerte de archivo que el Comandante Uriel reunió a lo largo de los últimos años.

Entre tantas cosas, las canciones me hicieron recordar de lo que eran los días entre ellos. Distintas versiones de la canción Hasta siempre, en homenaje al Che Guevara, eran las más tocadas en los momentos de descanso, en especiales las versiones de rap.

Pero aquella que me hizo sentir de vuelta a la selva y al convivir de aquellos muchachos y muchachas era una que traía en su letra frases de Mario Benedetti del poema “Hombre que mira al cielo”.

En la nueva versión, se canta: “Y que el dolor no nos apague la rabia, la fuerza, la alegría, la vida, la pasión. Que los asesinos del pueblo se marchen. Hagamos de nuevo el amor y la revolución”. De la canción Del Amor Y La Lucha , desde Mentenguerra.

La casa llena, con abrazos rápidos me despedí. Fueron pocos días con una carga intensa de emociones y aprendizajes. Miraba sus ojos y decía adiós. Sabría que no volvería a verlos.

En el trayecto del Río San Juan en la lancha parece que comenzaba a entender lo que me había pasado. Mirando alrededor, el ruido cortante del motor y del viento por los oídos, una cumbia local por el radio, voltee a mirar fijamente las palafitas y los rostros por los cuales pasaba.

Indígenas, negros, niños, ancianos, familias, en sus actividades cotidianas de lavar ropa, bañarse y jugar en el río. El mirar fijo que yo les lanzaba, ellos me lanzaban de vuelta. Ojos llorosos embarcaron a la vista. Entendí lo que significaba toda aquella lucha.

Un grupo de mariposas amarillas comienzan a volar en círculos en una de las paradas. Sonreí. Era realmente la Colombia Profunda.

*Fotos y vídeos: Gustavo Roque y Jorge Dalton