Hace 60 años la Junta Patriótica logró aglutinar una movilización popular que derrocó a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez; sin embargo la vieja dirigencia política usurpó este triunfo para iniciar 40 años de represión y violencia contra el pueblo.

Conformada el 11 de junio de 1957 e impulsada por el luchador social, Fabricio Ojeda, integrante del partido Unión Republicana Democrática (URD), la Junta reunió a Guillermo García Ponce por el Partido Comunista de Venezuela (PCV), Amílcar Gómez y José Vicente Rangel (URD), Silvestre Bucarán de la juventud de Acción Democrática (AD) y Enrique Aristiguieta, por el partido socialcristiano Copei.

Mientras la vieja dirigencia de los partidos, Rómulo Betancourt (AD), Rafael Caldera (Copei) y Jóvito Villalba (URD), estaba en Nueva York, en Caracas la Junta Patriótica organiza a los cuadros populares de cara a las elecciones presidenciales de diciembre de 1957, que Pérez Jiménez cambió por un plebiscito, originando el descontento contra su régimen y los acontecimientos de enero.

Sustentada la Junta Patriótica en 180 cuadros de la base de URD y algunos jóvenes de AD, la alianza se erige realmente sobre el liderazgo de Fabricio Ojeda, quien redactaba los textos y manifiestos para la agitación.

En Caracas circularon 200 mil volantes pidiendo al pueblo fortalecer la unidad en la rebelión; en octubre, se activaron contactos con el frente universitario y de resistencia de los liceos, para un trabajo clandestino que produjo un permanente clima de tensión en noviembre y diciembre.

Al tiempo, Betancourt, Caldera y Villalba pactaban con el magnate y miembro del partido Republicano, Nelson Rockefeller, quien los reunió para definir el esquema político venezolano favorable para las élites y la nación del norte.

Enero decisivo

El 1º de enero de 1958 irrumpe la rebelión militar liderada por el coronel Hugo Trejo, anunciada en la madrugada por el vuelo de aviones caza F-86 sobre Miraflores, mientras dos unidades de tanques del Cuartel Urdaneta (Catia) parten hacia Maracay. Los oficiales allanaron la sede de la Seguridad Nacional y liberaron a los presos.

Los insurgentes son detenidos, entre ellos Trejo, quien luego de un Consejo de Guerra pasa a retiro por insurrección militar y es prisionero en la Cárcel Modelo. Días más tarde, el 10 de enero, la Junta Patriótica moviliza a 5 mil personas que se concentraron en El Silencio, Caracas, con numerosos choques contra los cuerpos de seguridad y lucha entre los habitantes de los barrios caraqueños y la policía.

El 20 de enero la Junta Patriótica impulsa una huelga de los diarios, que al día siguiente se transforma en huelga general, las fábricas se paralizaron, el pueblo se lanzó a las calles y la insurrección popular comenzó su marcha indetenible.

En la madrugada del 23 de enero de 1958, los oficiales progresistas de las Fuerzas Armadas se adhieren a la causa popular y dan un ultimátum a Pérez Jiménez, quien huyó rumbo a Ciudad Trujillo, en República Dominicana.

Antes de subirse al avión y ante la pregunta "¿y a quién nombramos?", el dictador sugiere el nombre de Wolfgang Larrazábal. "Nómbrenlo para que dirija una junta de gobierno. Ese es el mejor. Que Dios los proteja. Adiós".

Tras su huída, una Junta Militar presidida por Larrazábal asume el poder. Los presos políticos son liberados y con los días comienzan a llegar los exiliados, entre ellos Betancourt, para incorporarse a la política amplia de la Junta de Gobierno, pero con una agenda propia.

Traición al pueblo

La traición al pueblo comenzó cuando la Junta de Gobierno se abrió a la burguesía con la incorporación de los empresarios Eugenio Mendoza y Blas Lamberti, aprovechando que la Junta Patriótica mantenía su política de unidad nacional, que no impidió el surgimiento de las candidaturas partidistas de Larrazábal, Caldera y Betancourt.

Con la anuencia del Departamento de Estado estadounidense y la imposición de una élite política, el 31 de octubre se firma el Pacto de Punto Fijo, que acordó conformar "un gobierno de unidad nacional y elaboración y aplicación de un programa mínimo común".

El acuerdo fue la continuación del pacto de Nueva York firmado un año antes y contemplaba excluir a la izquierda del juego político. Los firmantes fueron Rómulo Betancourt, Gonzalo Barrios y Raúl Leoni (AD); Jóvito Villalba, Ignacio Luis Arcaya y Manuel López Rivas (URD); Rafael Caldera, Pedro del Corral y Lorenzo Fernández (Copei).

Betancourt, Caldera y Larrazábal, respaldado por URD, PCV y MENI, se miden en elecciones presidenciales el 7 de diciembre de 1958, resultando ganador el adeco. Su gobierno, como los que le sucedieron en los 40 años siguientes se caracterizó por violación de los derechos humanos y persecución contra los dirigentes de izquierda.

 

Fabricio Ojeda es ejemplo indestructible de la lucha del pueblo por la patria libre
Este martes 23 de enero, Día Nacional de la Democracia, los venezolanos rendirán homenaje al luchador revolucionario Fabricio Ojeda, quien representa un ejemplo indestructible de las luchas del pueblo por defender la dignidad y soberanía de la patria.

Ojeda, quien nació en Boconó, Trujillo en 1929, se destacó en la política, el periodismo y fue uno de los líderes de la resistencia a la dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez.

Como joven comunista, estuvo al frente de la Junta Patriótica, conformada por el Partido Comunista de Venezuela (PCV), la Unión Republicana Democrática (URD) y los representantes de Acción Democrática.

Tras un intenso combate popular, el 23 de enero de 1958, cayó la dictadura, y los partidos políticos "socialdemócratas" firmaron el acuerdo conocido como el Pacto de Punto Fijo, previamente acordado en Nueva York (EE.UU), que impuso un sistema de gobernabilidad del país que excluyó completamente a los partidos revolucionarios que luchaban por una verdadera democracia.

Estos sectores se apropiaron de la victoria popular para instaurar un sistema político que excluyó a los venezolanos más humildes, y les negó el acceso a conquistas sociales.

Ante esta traición, Fabricio Ojeda, quien en diciembre de 1958 fue electo por el pueblo como diputado al Congreso Nacional, renunció en junio de 1962 a este cargo, y junto a muchos otros dirigentes políticos de izquierda, decidió unirse a la lucha armada, y se convirtió en comandante guerrillero de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN).

El 20 de junio de 1966, cuando desde el seno de las FALN se planteaba la pacificación de la lucha armada, Ojeda fue capturado en La Guaira, estado Vargas, por el Servicio de Inteligencia de las Fuerzas Armadas. En extrañas circunstancias, a dos días de su aprehensión, apareció asesinado en su celda, que estaba ubicada a escasos 200 metros del despacho presidencial, con signos de tortura.

El 23 de enero de 2017 los restos mortales del luchador revolucionario fueron trasladados desde el Cementerio General del Sur hasta el Panteón Nacional, en un acto que contó con la participación masiva del pueblo venezolano y representantes de movimientos sociales y políticos.

Durante una ceremonia efectuada en el panteón, el presidente de la República, Nicolás Maduro, realzó los valores de Ojeda y de aquellos lucharon por la libertad del pueblo de Venezuela ante la opresión, y le otorgó la Orden Libertadores post morten Primera Clase.

"Fabricio Ojeda ha entrado hoy al Panteón Nacional por sus propios méritos de luchador, como patriota, como joven eterno", expresó el Jefe de Estado en esa oportunidad.

 

Ataviada de progresismo la burguesía usurpó la conquista popular del 23 de Enero
El 23 de enero de 1958 produjo resultados aparentemente imprevistos, más no insospechados, que demostraron nuevamente cómo factores de poder económico han incidido en la vida política del país o cómo la burguesía importadora surgida del modelo petrolero históricamente se ha impuesto sobre las causas populares con los ropajes del progresismo.

Contener a las fuerzas sociales ha sido una de las preocupaciones de las clases políticas y económicas dominantes, sobre todo después del régimen de Juan Vicente Gómez (1908-1935), como lo demostró un año después de la muerte del dictador la Huelga petrolera de 1936, que obliga a los dos últimos representantes de la hegemonía andina, Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita (1935-1945), a iniciar una etapa de institucionalidad democrática y burguesa.

Como lo explica Orlando Araujo, en tal momento ya se había afianzado una burguesía importadora y financiera, surgida del comercio y latifundio, pero con un impulso nunca antes obtenido a través de la renta petrolera junto a un pensamiento ultraconservador que le impedía confiar aún en el régimen de partidos.

El autor de Venezuela violenta señala que este sector comercial y financiero va a ser el intermediario entre los grandes exportadores extranjeros y quienes reciben el ingreso petrolero, que va directo a los industriales, banqueros e importadores que atenderán la demanda nacional de productos necesarios y suntuarios.

Su peso en la vida política del país se fortalece con la creación de la Federación de Cámaras de Comercio (Fedecámaras) en 1945, durante el gobierno de Medina; y la Corporación Venezolana de Fomento, en 1946, durante el Trienio adeco, que con el pretexto de impulsar el sector industrial, sirvió realmente para trasladar la renta petrolera a los bolsillos burgueses mediante créditos.

Por entonces, la burguesía comercial comienza a tener funciones públicas. El comerciante Eugenio Mendoza, fue ministro de Fomento de Medina (en 1958 repetirá en el cargo) y su hermano, Eduardo Mendoza Goiticoa, ministro de Agricultura de la Junta Revolucionaria de Gobierno, lo que demuestra cómo pasó a ser un factor de poder al nivel de los partidos y las Fuerzas Armadas, configurando el escenario venezolano de la segunda mitad del siglo XX.

Estas élites conservadoras pactan con la Junta Militar que derrocó a Rómulo Gallegos en 1948, por su desconfianza ante el régimen de partidos, tanto por su administración de la renta como por el rechazo a las reivindicaciones populares impulsadas por organizaciones de izquierda, obligadas luego a la clandestinidad, por lo que resulta provechoso el "Nuevo Ideal Nacional" propuesto por Marcos Pérez Jiménez.

Los altos precios del petróleo en la década de 1950 les mantiene contentos, sobre todo a quienes se dedican a la industria de la construcción, que se beneficiaron del impulso de las obras públicas hecho por el dictador, pero para 1957 habían caído los precios de crudo y el gobierno comienza a incumplir a sus acreedores del negocio importador y constructor.

Para el 23 de enero de 1958, confluyen los intereses del Ejército, hastiado de un régimen policial, el pueblo organizado que reclamaba sus derechos legítimos y la burguesía, que luego de lucrarse durante los últimos 10 años, participa junto con la iglesia del radicalismo pequeño burgués que aspiraba derrocar al dictador.

Sin apoyo del Departamento de Estado, que había ya pactado con los viejos dirigentes partidistas en Nueva York, el dictador huye a República Dominicana y la Junta Patriótica, cuyos cuadros impulsaron el derrocamiento, anuncia el comienzo de la democracia en Venezuela.

La burguesía fue contenida por la acción popular hasta la llegada de Rómulo Betancourt, el 9 de febrero, quien solicita la "ampliación" de la Junta Patriótica, con dirigentes como Raúl Leoni (AD), Lorenzo Fernández (Copei) y Andrés Boulton, por el sector económico, para tener un mayor control político.

También se plantearon un control administrativo del Estado, incorporando a la Junta de Gobierno, presidida por Wolfgang Larrazábal, al industrial Eugenio Mendoza y al banquero Blas Lamberti. Les tocaba comenzar a creer en el régimen de partidos, en el voto directo, en gremios y sindicatos, considerando que el pueblo no aceptaría otro gobierno militar, ni ellos un gobierno que les restara privilegios.

Los ropajes progresistas vistieron primero a Fedecámaras, que pidió una tregua obrero-patronal para desmovilizar a las fuerzas trabajadoras, mientras el llamado a elecciones hecho por la Junta de Gobierno apaciguó la movilización popular y el 31 de octubre se firma el Pacto de Punto Fijo, que realmente igualó al poder económico, militar y político, excluyendo al pueblo.

Con el triunfo de Rómulo Betancourt el 7 de diciembre, comenzará una etapa de elecciones regulares, cercanía a Estados Unidos, incorporación de las élites a la vida política y persecución de la izquierda.

Las fuerzas de la banca, comercio y construcción abrevarán nuevamente de la serie de subsidios, créditos y contratos, se apropiarán de las redes de distribución de bienes y servicios, además fortalecerán a otros propietarios, los dueños de los medios de comunicación, que con el tiempo serán actores políticos.

Son viejos poderes fácticos que siempre usan el atavío del progresismo, expropiando el lenguaje reivindicativo, para venderse como salvadores usando el marketing político. Son los outsiders, "gerentes" y "sociedad civil" que con el mismo proyecto de élite trataron de salvar al Puntofijismo en sus estertores y fueron derrotados por la victoria popular de Hugo Chávez en diciembre de 1998.