El 23 de enero de este año, el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Mike Pompeo, confesó que la segunda o tercera batería de sanciones contra altos funcionarios del Gobierno venezolano fueron resultado de las recomendaciones preparadas en sus cuarteles de inteligencia y acordadas con el Departamento de Estado.

Las sanciones económicas forman parte de las maniobras políticas de Estados Unidos en contra de los países que reafirman su soberanía, como ha ocurrido con el pueblo cubano y hoy con el venezolano, que han visto afectada su cotidianidad como consecuencia de un bloqueo financiero progresivo.

Concentrada en la clase dominante y monopolios estadounidenses que en más de medio siglo extrajeron riquezas de la isla, la soberanía fue recuperada por la Revolución cubana el 1 de enero de 1959, un año después, en abril de 1960, el subsecretario de Estado adjunto para los Asuntos Interamericanos, Lester Dewitrt Mallory, dio el abreboca de lo preparado para Cuba si no se subordinaba a los intereses imperialistas.

"El único medio previsible que tenemos hoy para enajenar el apoyo interno a la revolución es a través del desencanto y el desaliento, basados en la insatisfacción y las dificultades económicas", señaló Dewitrt. "Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba", con el propósito de "causar hambre, desesperación y derrocamiento del Gobierno".

Dos meses después, el presidente estadounidense, Dwight Eisenhower, reduce la compra de 700 mil toneladas de su principal producto de exportación, el azúcar, en el mercado norteamericano, para provocar una debacle en la economía de la isla.

El 3 de enero de 1961, Washington rompe relaciones diplomáticas con Cuba y al año siguiente, mediante la Orden Ejecutiva Presidencial 3447 firmada por, John F. Kennedy, es declarado el bloqueo.

Este 3 de febrero se cumplen 56 años de la Orden Ejecutiva Presidencial 3447 firmada por el entonces presidente estadounidense, John F. Kennedy, con la que implantó formalmente el bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba.

 

(Misión Verdad) - Confirmado: EEUU reconoce que las sanciones buscan el colapso de Venezuela

Una tesis ya bastante repetida, pero que suma mayores dosis de realismo al escenario actual: a medida que los partidos opositores hacen visible su incapacidad para dirigir el frente interno de la operación de cambio de régimen, las potencias occidentales asumen la vocería y el curso de las acciones contra Venezuela. Cada vez de forma más agresiva y brutal.

El estado profundo en el confesionario

La semana pasada el jefe de la CIA, Mike Pompeo, confesó en un foro del think thank neoconservador American Enterprises Institute, que el aparato de inteligencia que dirige trabajó codo a codo junto a Trump los componentes operativos de las sanciones contra Venezuela.

Los medios internacionales que reseñaron el pronunciamiento extrajeron la parte más rentable para su parrilla, encubriendo los detalles que por casi una hora ofreció Pompeo sobre el trayecto que dio pie a la institucionalización de sanciones financieras mediante una Orden Ejecutiva (13692) y varias designaciones de la OFAC/Departamento del Tesoro a más de 30 funcionarios de alto nivel del Estado venezolano.

Para instrumentar las sanciones la CIA, según su máximo jefe, preparó sendos informes sobre el estatus actual de las Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y su relación con el poder ejecutivo, de igual forma se elaboró un mosaico sobre los puntos débiles en la deuda externa en cuanto a tiempos y capacidad de pago del país, en busca de una mayor efectividad que se traduciría no sólo en forzar una situación de default, sino distorsionar el esquema de comercio internacional de Venezuela en productos básicos como alimentos y medicinas.

Quizás por el aplastante flujo de (des)información en Venezuela, donde acontecimientos claves pueden ser remontados por alguna irrupción “noticiosa” de sucesos ligados a la farándula o del espectáculo, las declaraciones del jefe de la CIA pasaron por el redil de la indiferencia, promovida interesadamente por las nuevas tecnologías de la información con respecto a la política. Y eso también forma parte del plan: la individualización como proceso sistémico (el opuesto absoluto a la política) es la última pincelada de la gran obra del poder global para suprimir los vasos comunicantes de la sociedad.

De lo que dice Pompeo se desprenden, al menos, tres signos que van enmarcando el conflicto político, y su transnacionalización consciente por razones geopolíticas urgentes, luego de la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) y el descalabro de la oposición interna:

1) la confesión de la CIA es un reflejo de que el poder duro (le llaman Estado profundo al cónclave de grandes corporaciones que deciden la política exterior de las potencias) deja atrás a la diplomacia, y en el mejor de los casos le impone sus ritmos y formas de ejecución,

2) que organismos de seguridad estadounidense entren en juego frontal devela que el enfoque de las sanciones y sus derivaciones en el terreno corresponden a un laboratorio prebélico, donde la vida de la población y el Estado-nación se vuelven objetivos a ser destruidos por mecanismos de poder real (interrupción de suministros alimentarios, sanitarios y financieros), forzando un escenario de intervención preventiva por “razones humanitarias”; el tan anunciado “colapso” final,

y 3) las agencias del poder ejecutivo de EEUU y el Congreso se ajustan a un punto de giro operativo y narrativo donde “la salida” a la cuestión venezolana es transnacional y a la fuerza; las elecciones y el Estado en ejercicio (la Constitución nacional), en cuanto práctica social y marcos simbólicos de la nación venezolana, se transforman en obstáculos para desarrollar el plan de fondo. Por esa razón el “fraude” cantado a los minutos de haberse anunciado que se convocarían próximamente las elecciones presidenciales.

La creación de “Soy Venezuela” como vanguardia ideológica de la “intervención humanitaria”, nombrada ya sin ningún tapujo pues saben que desde el Congreso recibirán algunos aplausos, debe verse como la ampliación de ese frente. El vértigo que implica el aumento de las sanciones también requiere aparentar cierta venezolanización.

El departamento de estado acata las órdenes

A través de una videoconferencia a periodistas de varios medios un alto funcionario del Departamento de Estado, referido sin mayores detalles como “Oficial del Departamento de Estado Mayor”, ofreció algunos detalles sobre la gira que prepara el Secretario de Estado, Rex Tillerson, por Latinoamérica a partir del 1 de febrero. En la programación está pautado visitar México, Argentina, Colombia, Perú y Jamaica, donde se reunirá con las principales autoridades y el cuerpo diplomático de países que forman parte del “Grupo de Lima”.

Como dato fundamental: esta gira se realiza a pocos días de que China, calificado como una de las principales amenazas para EEUU en su Estrategia de Seguridad Nacional y de Defensa del año 2018, presentara oficialmente su proyecto la Franja y la Ruta en el II Foro Celac-China. Un dato que no es menor, dado que China viene aumentando su influencia financiera en la región y desplazando a EEUU como principal socio comercial, donde Venezuela figura como un pivote estratégico para la proyección del gigante asiático.

Los periodistas interrogaron al “Oficial” sobre los diversos temas que trataría Tillerson en la gira. Las laberínticas negociaciones sobre el TCLAN con México, el aumento de la producción de drogas en Colombia y otras negociaciones sobre la apertura de mercados para las exportaciones estadounidenses asoman llevarse buena parte de la agenda, aunque el tema Venezuela entrará por la cornisa y a la fuerza para las primeras planas de la prensa mundial.

Así lo hizo ver en medio de las preguntas, debido a que el marco de desconfianza e incertidumbre que ha generado la Administración Trump en los países de la región pueden competir en condiciones de igualdad con el forzado tema venezolano en términos de pertinencia.

A una pregunta de la periodista María Molina, de Radio Colombia, sobre la efectividad de las sanciones contra Venezuela, respondió: “La campaña de presión está funcionando. Las sanciones financieras que hemos impuesto al gobierno venezolano lo han obligado a comenzar a caer en default, tanto en deuda soberana como de PDVSA, su compañía petrolera. Y lo que estamos viendo (…) es un colapso económico total en Venezuela. Entonces nuestra política funciona, nuestra estrategia funciona (…)”. La declaración de un crimen brutal.

También resalta (con cierto tono de euforia) las sanciones coordinadas con la Unión Europea y la creación del Grupo de Lima, a modo de configurar una coalición que acompañe y aumente la capacidad de daño de la agenda de sanciones de EEUU.

De esta forma EEUU reconoció una obviedad, pero que suena distinta cuando emana de la boca del poder: las sanciones impuestas contra Venezuela no tenían como objetivo “restaurar la democracia” u ofrecer incentivos para una “negociación seria” con la oposición, sino el colapso financiero y económico del país para enfilar una situación de caos perpetuo que abra una salida militar. La privación de alimentos y medicinas, el boicot del dólar paralelo y el bloqueo financiero, son pasos previos y reconocen sus ejecutores que van por buen camino. Y ya el tiempo de ocultar las agendas pasó.

Mientras tanto el Congreso de EEUU ya aprobó en su cámara baja un proyecto de ley de “asistencia humanitaria” a Venezuela, que obliga a la diplomacia estadounidense a buscar en el Consejo de Seguridad de la ONU las medidas coercitivas que permitan hacer llegar esa “ayuda” bajo mecanismos militares y privados. El Departamento de Estado reconoce que las políticas de sanciones representan un conjunto de agresiones previas para que dicha ley imponga como única opción viable para Venezuela.

Un cuadro que parece estar lo suficientemente cerrado.

Las giras de altos funcionarios de EEUU como método

Parece que Tillerson tiene bien marcada su agenda y hacia dónde dirigir la brújula y las presiones, no en balde Pompeo se adjudica las sanciones y el “Oficial” entrevistado del Departamento de Estado le fabrica un molde a los objetivos que persiguen las sanciones. Una maniobra que transparenta a los actores de peso que están detrás operando los controles.

En este sentido, y a la luz de los componentes del frente interno (diálogo, Asamblea Nacional en manos de actores como Un Nuevo Tiempo, la descomposición de la oposición de partidos políticos y la convocatoria a presidenciales) todo sugiere que la gira de Tillerson no solo anuncia una ronda de sanciones más agresivas contra la economía -desde el medio Diario de las Américas se proyecta un posible embargo petrolero-, sino la construcción de las bases de apoyo regional para su sostenimiento y legitimidad. Para eso fue creado el Grupo de Lima, que en esta primera etapa ha fungido como garante del cerco político, diplomático y financiero contra el país.

Un mínimo asomo prospectivo de las variables comentadas, permite mantener la probabilidad de que a medida que avance el colapso inducido por las sanciones, esa coalición podría transformarse en un frente militar para presionar por una intervención “humanitaria”. La resistencia que generó las palabras de Trump sobre que no descartaba la “opción militar” en Venezuela, suena distinto si la “alternativa” es una intervención para supuestamente proteger/salvar una nación colapsada o la apertura de “corredores humanitarios” por países fronterizos, con fines de balcanización. En ese cambio de sentido está trabajando la CIA y el Congreso, ante lo cual el Departamento de Estado y su “jefe” bajan la cabeza.

Medios con amplias relaciones comerciales y políticas con la CIA, piense en The Washington Post y New York Times, aceleran a todo dar una intensa campaña para homologar a Venezuela con Somalia o El Congo, países también víctimas de recursos de guerra similares. Los crímenes no son solo económicos, también informativos.

Las giras de altos funcionarios de EEUU como mecanismo para preparar una agenda de asedio más abarcante, tiene su antecedente en la gira de Mike Pence en agosto, semanas después de instalada la ANC y con una coalición opositora devastada, donde trató de integrar apoyos regionales en pro de aumentar las presiones contra Venezuela.

Unas semanas más tardes una Orden Ejecutiva firmada por Donald Trump institucionalizó el bloqueo financiero contra Venezuela, una acción que hoy caotizado todos los aspectos de la vida social, económica y política del país. Un crimen que hoy rebasa toda la legalidad internacional y local y que pone en el paredón el estómago de la población.

Desde julio de 1963 fue vetada cualquier transacción con La Habana y congelados los valores de Cuba en EEUU. En mayo de 1964 el Departamento de Comercio implanta prohibición total de embarques de alimentos y medicinas.

Este bloqueo económico, comercial y financiero impuesto hace 55 años a Cuba ha provocado pérdidas por más de 130.178 millones de dólares, reza el informe titulado Cuba vs bloqueo, divulgado por el Gobierno cubano.

El mismo objetivo

En Venezuela, luego del triunfo de Nicolás Maduro en las elecciones presidenciales de 2013, Estados Unidos lanzó una de sus primeras arremetidas al implementar el fracking o método de fractura hidraúlica, técnica contaminante para extraer petróleo e inundar el mercado mundial con el objetivo de bajar los precios del crudo y desestabilizar las economías de los países exportadores, especialmente Venezuela y Rusia.

Igualmente, a través de una Orden Ejecutiva firmada en 2015, Barack Obama firma un decreto donde declara a Venezuela "amenaza extraordinaria e inusual a la seguridad nacional y política exterior estadounidense", la cual fue extendida por un año en 2016.

Como bloqueo financiero, en 2016 fueron retenidos 1.200 millones de dólares en bonos para el pago de medicamentos y alimentos para los venezolanos por parte de la operadora internacional Euroclear —propiedad de J.P Morgan— empresa financiera que ha sido intermediaria del país en transacciones con bonos.

Maduro también denunció que Euroclear congeló al país 450 millones de dólares para compras de medicinas, materiales de construcción y alimentos.

En enero de 2017, el presidente de la Comisión del Poder Público de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), Pedro Carreño, denunció que "la tercera semana de noviembre fueron devueltas 23 operaciones en el sistema financiero internacional en 39 millones de dólares para alimentos, insumos básicos y medicamentos", como parte de la guerra financiera.

Las coincidencias entre ambas guerras financieras se evidencia en los modos y efectos que buscan causar las maniobras de bloqueo, que en Cuba suman 57 años continuos; y en Venezuela se vive a diario en un daño económico a la cotidianidad y vida de sus ciudadanos.