Las diferencias entre la oposición venezolana parecen haber llegado a un punto de no retorno, donde el discurso unitario fue poco a poco dejado de lado y sustituido por los intereses de cada uno de los partidos que han conformado esta coalición.

Mesa de la Unidad Democrática (MUD) es el nombre con el que fue bautizado el encuentro de diversos sectores de la oposición en el año 2008, aunque para entonces, todos los partidos agrupados participaban electoralmente con su propia bandera.

Fue hasta el año 2015, en las elecciones parlamentarias, que los integrantes del grupo político decidieron presentarse con la tarjeta de la MUD. En ese momento, la coalición logró alzarse con la mayoría de los votos.

Lo que parecía el inicio de un gran auge de la oposición venezolana, se convirtió en una lucha interna por el poder y, a partir de allí, las ansias por figurar condujeron al desvanecimiento del "ideal unitario" y la pérdida de apoyo de sus simpatizantes.

La "unidad" se divide

A inicios del mes de julio de este año, Acción Democrática (AD) anunció su separación de la plataforma por las diferencias en las decisiones que debían tomarse, especialmente los desencuentros del llamado G4 que estaba compuesto por esta organización política, junto a Primero Justicia, Voluntad Popular y Un Nuevo Tiempo.

La salida del partido blanco mostró el gran debilitamiento de la fuerza opositora, que comenzó con pequeños rompimientos internos, señala el portal de Efecto Cocuyo.

Las fracturas en el bloque comenzaron a vislumbrarse en el año 2016, sin embargo, no fue sino hasta 2017 cuando ciertos partidos mostraron abiertamente sus desavenencias.

En agosto del año pasado, María Corina Machado, coordinadora nacional de Vente Venezuela, oficializó la salida de su partido de la coalición, pues las medidas que desde la MUD comenzaban a tomarse no eran consistentes con las que -desde su percepción- eran requeridas.

"Es hora de las definiciones. Vente Venezuela hoy se deslinda de la ruta escogida por la MUD", señaló la dirigente, de acuerdo a reseña de Hispantv.

El partido de Machado se negaba a acudir a las elecciones regionales celebradas ese año, porque la ruta a seguir "es la ruta de la rebeldía, de la desobediencia cívica", dijo durante su discurso.

Tras celebrarse dichos comicios, la disolución comenzó a parecer la única salida para la alianza opositora. La tensión en la Mesa aumentó cuando el exgobernador del estado Miranda, Henrique Capriles Radonski, anunció su salida.

"Hablo por mí, no por mi partido. Mientras esté en la Unidad el señor Ramos Allup (secretario general de AD), yo no voy a seguir en esa Mesa", expresó Capriles Radonski, tras la juramentación de los cuatro gobernadores electos de Acción Democrática ante a la Asamblea Nacional Constituyente.

Creación de nuevos grupos "unitarios"

Frente al notorio fracaso de la MUD, los integrantes del bloque comenzaron a migrar a nuevos grupos en los que esperaban hacer su propia interpretación de la política y luchar por sus objetivos: llegar al poder, sin necesidad de compartirlo.

En 2017 se comenzó a hablar de "Soy Venezuela", alianza que agrupaba a los partidos de Machado y Antonio Ledezma, con el apoyo de varios dirigentes y activistas independientes con un discurso radical que demandaba la salida del Presidente constitucional de la República de Venezuela, Nicolás Maduro.

Asimismo, surgió en marzo de este año el "Frente Amplio Venezuela Libre", agrupando, de acuerdo a la web de la unidad, a diversos representantes de la sociedad civil venezolana, la Asamblea Nacional (AN) -en desacato del ordenamiento jurídico-, dirigentes de partidos políticos, miembros de la iglesia católica, cristiana y movimientos de fe.

Este nuevo bloque expone en su manifiesto el objetivo de "rescatar la democracia", en un país que ha celebrado 25 elecciones en casi 20 años de revolución.

El pasado mes de julio llegó también "Concertación por el Cambio", alianza liderada por Henri Falcón e integrada por Avanzada Progresista, Movimiento al Socialismo y algunos disidentes de Un Nuevo Tiempo, de acuerdo al portal El Estímulo. Este nuevo bloque rompió con la MUD porque esta "se separó de su ruta: la ruta electoral", expuso Falcón.

Estos grupos nacieron con la esperanza de recuperar la confianza de los seguidores opositores, defraudados por la falta de propuestas y planteamientos contundentes por parte de la MUD. No obstante, estas nuevas organizaciones han incurrido los mismos errores, manteniéndose fuera de la escena política del país.

 

De las guarimbas al magnicidio frustrado: tácticas de la oposición para intentar llegar al poder
Desde la llegada del comandante Hugo Chávez al poder en febrero de 1999, la derecha venezolana ha mostrado su férrea postura contra el Gobierno Bolivariano, ejerciendo presiones desde distintos puntos para forzar su salida del poder.

El golpe de Estado ejecutado contra Chávez en abril de 2002, evidenció el deseo de la oligarquía de retomar el poder que tuvo secuestrado durante 40 años.

Los actos desestabilizadores para doblegar la gestión del Gobierno no terminaron allí. Al poco tiempo de que Nicolás Maduro se colocara la banda presidencial el abril de 2013, iniciaron los ataques que pretendían ocasionar su salida del Palacio de Miraflores.

Guarimbas como fórmula para derrocar

El 1 de abril de 2017 la Asamblea Nacional (AN) convocó a sus simpatizantes a una sesión parlamenaria en la plaza Brión de Chacaíto, en Caracas, en contra de las sentencias 155 y 156 que fueron emitidas por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) para hacer frente al desacato mantenido por el Poder Legislativo desde el 5 de enero de 2016.

Durante la concentración, el entonces presidente del órgano legislativo, Julio Borges, instó a los presentes a movilizarse hacia la Defensoría del Pueblo -presidida en ese momento por Tarek William Saab- que rechazara las decisiones del máximo tribunal.

Desde ese momento, comenzaron a gestarse una serie de convocatorias que desembocaron en manifestaciones violentas, actos vandálicos y acciones terroristas por parte de una derecha radical que pedía de esta forma la renuncia del presidente de la República Nicolás Maduro.

Fueron más de 100 días de violencia concentrados en 51 municipios del territorio venezolano, donde al menos 172 personas perdieron la vida, la mayoría no participaba en las manifestaciones.

La oleada de violencia incentivada por la coalición opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) desembocó en al menos 913 ataques directos a instituciones públicas, entre escuelas, instalaciones militares, instalaciones eléctricas e infraestructuras de servicios básicos, reseñó la vicepresidencia de la República.

También fueron devastadas 35 sedes de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) y 58 patrullas policiales del cuerpo de seguridad; ocho sedes del Servicio Autónomo de Registros y Notarías (Saren); cinco sedes oficiales del Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (Saime); tres instalaciones del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) y tres sedes de los bomberos.

El Ministerio del Poder Popular para Relaciones Interiores, Justicia y Paz contabilizó un total de 1.285 afectaciones específicas, tanto al sector público como al privado, traducido en pérdidas económicas por hasta 135 millones 346 mil 779 dólares.

Además, el Estado venezolano detectó un total de 1.400 personas heridas durante las manifestaciones violentas, de las cuales, el 70% fueron identificadas como funcionarios públicos.

Por su parte, la oposición venezolana reivindicaba a los grupos violentos presentándolos como "escuderos de la libertad", para así intentar desviar la mirada de un país al que sumieron en el caos con una agenda de corte insurreccional a la que se exhibió como heroica.

El plan violento con el que se esperaba derrocar a Maduro no fue orquestado por los seguidores de base de la oposición. Un reporte de la web RT -citando al periodista e investigador Víctor Hugo Majano- revela que la derecha venezolana recibía cuantiosas cantidades de dinero desde Estados Unidos (EEUU), enmascarando esa operación financiera "con una recolección de recursos para pagar insumos médicos".

La derecha hizo uso de niños y jóvenes en estado de precarización social y económica, quienes bajo la promesa de una remuneración económica saltaban al frente de la confrontación con armas letales, artefactos explosivos e instrumentos de defensa artesanales.

Escalada violenta, el magnicidio frustrado

La derecha venezolana ha destinado grandes esfuerzos para poner fin al gobierno del Presidente Nicolás Maduro, entre los que se incluyen los actos violentos de "La Salida", en 2014; el intento de golpe de Estado denominado "Golpe Azul", en 2015; la desestabilización generada por las guarimbas, el 2017, y el llamado a una intervención militar y bloqueo económico y financiero a Venezuela que aún se mantiene.

Ante la ineficacia de estos planes, medidas más fuertes -o desesperadas- fueron aplicadas, siendo así que el 4 de agosto de este año fue perpetrado un magnicidio en grado de frustración contra el Presidente Maduro, durante la celebración del 81 aniversario de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) en la avenida Bolívar, en Caracas.

El magnicidio frustrado no solo fue contra la primera autoridad ejecutiva, sino contra todo el Alto Mando Militar presente en el acto y representantes de los poderes públicos.

Entre los detenidos por el caso, se encuentra el exdiputado por la AN en desacato del ordenamiento jurídico, Juan Requesens, quién facilitó el ingreso desde Colombia del coordinador logístico del atentado, Juan Carlos Monasterio, a través de contactos con la oficina de migración colombiana.

Requesens señaló que el exdiputado Julio Borges -prófugo de la justicia y sobre quien recae la autoría intelectual del hecho- lo contactó para que colaborara con Monasterio, alias "Bons". La operación fue preparada desde la localidad colombiana de Chinácota, al Norte de Santander.

Gracias a los mecanismos de seguridad empleados durante el acto en la avenida Bolívar, los drones cargados con el explosivo C-4, con los que se pretendía acabar con la figura presidencial, explotaron lejos del lugar en que estaba previsto.

Nuevas amenazas

El pasado 12 de diciembre, el Presidente Maduro denunció que desde Estados Unidos se dirige un plan de carácter terrorista e intervencionista para "violentar la democracia" e imponer un gobierno dictatorial en Venezuela.

"Han asignado al señor John Bolton (consejero de Seguridad de EEUU) nuevamente como jefe del plan, del complot para llenar de violencia a Venezuela y para buscar una intervención militar extranjera, un golpe de Estado, asesinar al Presidente e imponer lo que llaman ellos un consejo de gobierno transitorio", detalló el mandatario.

El Mandatario refirió que el plan golpista también cuenta con la participación del gobierno colombiano, donde, en el municipio Tona, hay un campamento de entrenamiento con 734 mercenarios, colombianos y venezolanos, que buscan generar situaciones que justifiquen una acción militar contra nuestro país.