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Reinaldo Iturriza https://pakitoarriaran.org/taxonomy/term/40 es Reencontrar el hilo interrumpido https://pakitoarriaran.org/articulos/reencontrar-el-hilo-interrumpido <span class="field field--name-title field--type-string field--label-hidden">Reencontrar el hilo interrumpido</span> <div class="field field--name-field-imagen-articulos field--type-image field--label-above"> <div class="field__label">Imagen</div> <div class="field__item"><img src="https://pakitoarriaran.org/sites/default/files/2023-03/ni%C3%B1o.jpg" width="550" height="300" alt="Niño" typeof="foaf:Image" /> </div> </div><span class="field field--name-uid field--type-entity-reference field--label-hidden"><span lang="" about="https://pakitoarriaran.org/user/37" typeof="schema:Person" property="schema:name" datatype="" xml:lang="">Zamora</span></span> <span class="field field--name-created field--type-created field--label-hidden">Mar, 28/03/2023 - 09:27</span> <div class="field field--name-field-autor-articulos field--type-string field--label-above"> <div class="field__label">Autor</div> <div class="field__item">Reinaldo Iturriza</div> </div> <div class="clearfix text-formatted field field--name-body field--type-text-with-summary field--label-hidden field__item"><p>Puede que Chávez haya inventado la democracia del siglo XXI, para emplear la expresión de William Ospina (1). Si tal afirmación parece equívoca en estos tiempos es porque lo correcto, una vez más, es caminar a contracorriente.</p> <p>Forjadas en la lucha contra dictaduras militares, las fuerzas políticas democráticas del siglo XX quisieron ser civilistas y representativas. Gobernaron conforme a las reglas establecidas en un pacto de elites, al servicio del capital (fundamentalmente orientado al mercado internacional) y subordinadas a los intereses del imperialismo estadounidense.</p> <p>El chavismo irrumpe en escena una vez que aquel pacto de elites ha entrado en crisis terminal, hacia finales de los 80 y comienzos de los 90, crisis a su vez directamente relacionada con el profundo impacto económico y social que tendrá el fin de la fase de expansión material del ciclo de acumulación del siglo petrolero venezolano, como lo ha definido Malfred Gerig (2), durante la década de los 70.</p> <p>El fin de siglo será testigo de una alianza de fuerzas civiles y militares que plantea que ha llegado el momento de la democracia participativa y protagónica. La revolución bolivariana se caracterizará por su orientación nacional y popular, incluso cuando se incline por la vía socialista (no será nunca un socialismo cipayo). Aunque deberá enfrentar la violenta oposición de las elites desplazadas del poder político, tanto la fortaleza de esta alianza como su orientación, que le garantizará el decidido respaldo de las mayorías populares, hará posible transitar la vía pacífica y democrática.</p> <p>Justo esto último es lo que destaca Ospina en el artículo que escribe tras la muerte del presidente Chávez: “qué alto sentido de respeto por los conciudadanos el de un país que aun en medio de las más borrascosas diferencias de opinión no se hunde en la violencia sectaria y en el baño de sangre que ha caracterizado cíclicamente a algunos de sus vecinos. Venezuela vive hace quince años, no en la polarización, como afirman algunos, sino en la apasionada politización que caracteriza los momentos de grandes transformaciones históricas”.</p> <p>Es cierto que, en líneas generales, la permanencia de Chávez en el poder coincidió con una nueva aunque breve fase de expansión material del ciclo de acumulación de capital en Venezuela, pero no se trató de una simple y afortunada coincidencia, a despecho de quienes pretenden explicar el período recurriendo al manido tópico de la abundancia de petrodólares.</p> <p>Brevísima digresión: es incalculable el perjuicio hermenéutico producido por el abuso del referido tópico, al punto de haberse convertido en uno de los más serios obstáculos epistemológicos para comprender la experiencia Chávez.</p> <p>Hubo fortuna, pero también virtud, como ha escrito el brasileño André Singer a propósito de Lula da Silva, en su extraordinario análisis sobre el lulismo (3). Virtud y fortuna. Entre las virtudes de Hugo Chávez en la Presidencia, pueden destacarse dos de ellas: por una parte, la democratización en la distribución de la renta para comenzar a saldar la enorme deuda social, lo cual supone, fundamentalmente, la decisión de modificar sustancialmente la política redistributiva, antes que la disponibilidad de recursos abundantes, contrario a lo que se afirma con frecuencia; y por otra parte, la decisión de introducir cambios estructurales en lo económico, creando paulatinamente las condiciones para pasar de una economía rentista a una de tipo productivo.</p> <p>Apuntaba Ospina, refiriéndose al proceso bolivariano: “nadie puede ignorar la importancia de lo que ocurre, nadie puede ignorar la enormidad de los problemas urgentes que ha enfrentado, la enormidad de las soluciones que ha intentando”. La “magnitud histórica” de todo esto consistía en haberse “cumplido en un clima de paz, de respeto por la vida, en el marco de unas instituciones, y atendiendo a altos principios de humanidad y de dignidad”.</p> <p>Es igualmente cierto que diez años después de aquellas palabras, el clima político imperante es el de una desapasionada “despolarización”, lo que guarda relación con el fin de la breve fase de expansión material que acompañó a Chávez, pero sobre todo con el colapso societal que le sobrevino. Un colapso que afectó de manera muy grave y principalmente, como era harto predecible, las condiciones de vida de las clases populares, pero también, de forma muy regresiva, los cimientos de la economía, la manera de hacer política, las conquistas culturales de comienzos de siglo (recuperación de la dignidad nacional, del orgullo de clase, etc.) y el posicionamiento geopolítico del país.</p> <p>Quizá no haya precisión más importante que la siguiente: dicho colapso está muy lejos de ser una fatalidad histórica. No existe tal cosa como una falla de origen en el proceso bolivariano, en razón de la cual se habría producido tal desenlace inevitable, como lo postula cierta historiografía. Antes al contrario, el colapso obedece a la traumática y dolorosa interrupción del fascinante experimento democrático liderado por Hugo Chávez.</p> <p>Por supuesto que es necesaria y, más que esto, decisiva la discusión franca sobre las múltiples causales de dicha interrupción y la diversidad de agentes intervinientes, sobre su mayor o menor responsabilidad o peso, sobre el orden en que ocurren los hechos, etc.</p> <p>Lo que no podemos permitirnos, a mi juicio, es actuar como si tal interrupción no se ha consumado. Es nuestra responsabilidad no transigir con la posición de quienes, para decirlo con Ospina, pretenden ignorar la importancia de lo que hemos hecho, la enormidad de los problemas que hemos enfrentado y de las soluciones que hemos intentado.</p> <p>Resulta intolerable, por ejemplo, la ligereza con la que el antichavismo se refiere al infructuoso intento de sentar las bases de una economía productiva, reclamándole “a Chávez no haber hecho plenamente en diez años esa siembra y esa diversificación que ellos no intentaron en 50”, como recuerda el escritor colombiano. Eso en el mejor de los casos, porque con frecuencia aquel señalamiento es reemplazado por la remanida retórica anticomunista, pletórica de referencias a las pretendidas violaciones a las sagradas libertades económicas que estarían en el origen de la actual situación.</p> <p>En cuanto al oficialismo, no faltará quien afirme que el país continua transitando al socialismo, muy a pesar de que, dado que no ha quedado otra alternativa, haya debido adentrarse en el laberinto del monetarismo más ortodoxo. Hay casos peores, a los que no vale la pena referirse aquí.</p> <p>Puede que Hugo Chávez haya dejado infinidad de pistas para que, en caso de extravío, pudiéramos encontrar una salida: “Nosotros estamos luchando para derrotar la inflación, y la derrotaremos. Pero no a costa del hambre de los trabajadores, no a costa del hambre del pueblo” (4). Pero también puede que eso no sea suficiente. Antes que Ariadna, Chávez fue Teseo. Pero no Teseo el héroe mitológico. Si Chávez fue capaz de salir del laberinto, es porque siempre fue parte de un Teseo colectivo. Hoy, ese Teseo debe reencontrarse con el hilo interrumpido.</p> <p>Publicado originalmente en Venezuelanalysis</p> <p>********</p> <p>(1) William Ospina. Chávez: una revolución democrática. El Espectador, 9 de marzo de 2013.</p> <p>(2) Malfred Gerig. La Larga Depresión venezolana: economía política del auge y caída del siglo petrolero. CEDES – Editorial Trinchera. Caracas, Venezuela. 2022.</p> <p>(3) André Singer. Os sentidos do Lulismo. Reforma gradual e pacto conservador. Companhia das Letras. Sao Paulo, Brasil. 2012.</p> <p>(4) Hugo Chávez Frías. Acto con motivo del Día Internacional del Trabajador. Caracas, Venezuela. 30 de abril de 2008.</p> </div>Tue, 28 Mar 2023 13:27:11 +0000Zamora2745 at https://pakitoarriaran.org Volver a Chávez https://pakitoarriaran.org/articulos/volver-chavez <span class="field field--name-title field--type-string field--label-hidden">Volver a Chávez</span> <div class="field field--name-field-imagen-articulos field--type-image field--label-above"> <div class="field__label">Imagen</div> <div class="field__item"><img src="https://pakitoarriaran.org/sites/default/files/2022-05/chavez.jpg" width="550" height="300" alt="Foto: Sandra Iturriza" typeof="foaf:Image" /> </div> </div><span class="field field--name-uid field--type-entity-reference field--label-hidden"><span lang="" about="https://pakitoarriaran.org/user/37" typeof="schema:Person" property="schema:name" datatype="" xml:lang="">Zamora</span></span> <span class="field field--name-created field--type-created field--label-hidden">Mar, 31/05/2022 - 08:33</span> <div class="field field--name-field-autor-articulos field--type-string field--label-above"> <div class="field__label">Autor</div> <div class="field__item">Reinaldo Iturriza</div> </div> <div class="clearfix text-formatted field field--name-body field--type-text-with-summary field--label-hidden field__item"><p>Cuando se trata de procesos de cambio revolucionario, casi siempre a escala nacional, es preciso perderle el miedo a la idea de comenzar de nuevo. Más que una simple idea entre otras, comenzar de nuevo bien puede ser una circunstancia que se nos imponga como un imperativo político e incluso ético.</p> <p>En un texto de 1922, Lenin planteaba la necesidad de “volver a empezar desde el principio” tantas veces como fuera necesario. Sin embargo, debemos admitir que tal expresión puede inducir a equívocos, sobre todo si se incurre en el error de obviar el contexto histórico. Comenzar de nuevo no debe y no puede significar comenzar de cero.</p> <p>Ni siquiera en febrero de 1999, cuando Hugo Chávez asumió el poder, estábamos comenzando de cero. Mucha agua había corrido bajo el puente de la historia antes de desembocar en la revolución bolivariana. Es cierto que el profundo convencimiento popular de que una etapa de la vida nacional estaba llegando a su fin hacía no solo aceptable, sino incluso deseable la idea de que era posible hacer borrón y cuenta nueva. Digamos que la promesa de comenzar de cero lograba traducir parcialmente, en aquel momento, el anhelo de buena parte de las clases populares, al tiempo que contribuía a robustecer su voluntad de lucha y les hacía sentir partícipes de una épica. Pero ni siquiera aquella promesa resultaba tan eficaz como un discurso político que actualizaba el ideario bolivariano, zamorista y robinsoniano, que hasta entonces yacía sumergido en las profundidades de la memoria nacional, y que nuevamente, para sorpresa de las mayorías, tenía mucho que aportar a la hora de encarar los problemas fundamentales de la sociedad venezolana.</p> <p>Si bien la revolución bolivariana tiene algo de ruptura con el continuum de la historia, no es menos cierto que esta sería inconcebible sin un redescubrimiento de cierto continuum histórico, que remite a la tradición de lucha de los oprimidos.</p> <p>Si veintitrés años después –o nueve, si tomamos como referencia la desaparición física de Hugo Chávez– nos planteamos la necesidad de comenzar de nuevo, es porque resulta un imperativo actualizar y hasta cierto punto redescubrir el horizonte programático del proceso bolivariano. Más que empezar desde el principio, se trataría de reafirmar los principios estratégicos fundamentales de la revolución bolivariana, a saber: recuperación y firme defensa de la soberanía sobre nuestros recursos; defensa de nuestros derechos, en particular de los derechos económicos, sociales y culturales conquistados popularmente; centralidad de la idea-fuerza de democracia participativa y protagónica o, lo que es lo mismo, defensa de la soberanía popular; y transformación de una estructura económica dependiente y subordinada, vía la construcción de una sólida economía mixta, con especial énfasis en las formas de propiedad social.</p> <p>Así, comenzar de nuevo no sería sino otra forma de plantear aquello que lo más lúcido de la militancia popular chavista y, más allá, parte importante de la sociedad venezolana, hoy eleva como consigna programática, aglutinante y movilizadora, o esgrime como sentida aspiración: volver a Chávez.</p> <p>Evidentemente, si hay que volver a Chávez es porque se ha producido un alejamiento de lo que este significa. No de Chávez como persona, digámoslo una vez, sino del horizonte programático perfilado por el chavismo bajo su liderazgo.</p> <p>Volver a Chávez no es una consigna o una aspiración nostálgica o anacrónica. Unos contenidos programáticos o principios estratégicos solo pueden y deben ser actualizados si nos sirven para pensar y actuar en el presente. Caso contrario, simplemente se prescinde de ellos y se procede a construir o definir otros que permitan trazar un nuevo horizonte. De igual forma, si es preciso redescubrirlos, es porque existen fuerzas que han tenido un éxito parcial en su esfuerzo por ocultarlos, ignorarlos o silenciarlos.</p> <p>De lo anterior se desprende que volver a Chávez no tiene nada que ver con querer retornar, para vivir para siempre en él, a ese pasado en el que éramos felices y nadábamos, despreocupados e irresponsables, en un tranquilo océano de petróleo, según el relato de la derecha y de alguna izquierda. Tiene que ver, en cambio, y para decirlo con Mark Fisher, con asumir que “el pasado todavía no ha ocurrido” y, por tanto, con la necesidad de volver a narrarlo, porque “el objetivo político de los relatos reaccionarios es sofocar los potenciales que aún esperan en él, listos para ser despertados otra vez”. Volver a Chávez es reencontrarnos con nuestros “futuros perdidos”.</p> <p>Dicho de otra manera, despachar el imperativo de comenzar de nuevo por nostálgico o anacrónico es un gesto profundamente reaccionario, que persigue el propósito de sofocar los potenciales contenidos en ese tiempo pasado en que, por ejemplo, Chávez no solo se planteaba el problema de la transición al socialismo, sino que además conducía un esfuerzo de gobierno que debía distinguirse por su “calidad revolucionaria”, esto es: debía partirse del principio de que la experiencia –interrumpida– de la transición tenía que resultar gratificante para las clases populares, como repetía el mismo Chávez una y otra vez.</p> <p>Anacrónica es la conseja, que presume de novedosa y oportuna, según la cual lo conveniente es no regresar a Chávez, porque “la gente” desea un “cambio”, y lo que corresponde es ubicarse en un improbable centro político en lugar de extraviarse en dirección a la izquierda.</p> <p>No hace falta ser un Saint Just para saber que el mentado centro es el lugar que ocupan desde siempre quienes prefieren el congelamiento de las revoluciones a las peligrosas calenturas populares.</p> <p>Este planteo de que es improcedente regresar a Chávez no pasa de ser una manera distinta de afirmar que, en lugar de actualizar o redescubrir, lo que hay que hacer es comenzar de cero, y tal afirmación es indisociable de la idea conforme a la cual es más fácil imaginarse –y por tanto acelerar– el fin de la revolución bolivariana que el fin del neoliberalismo.</p> <p>Someter a las sociedades a sucesivos traumas políticos, económicos y sociales, hasta hacer tabula rasa y comenzar de cero, ha sido el sueño de los neoliberales a partir de la década de los 70 del siglo XX, y la pesadilla de los pueblos, allí donde estos objetivos han sido alcanzados. Los traumas sufridos por la sociedad venezolana durante buena parte de la última década guardan relación directa, al menos parcialmente, con propósitos muy similares.</p> <p>En nuestro caso, decidimos reafirmarnos en la convicción de que, más allá de lo fácil o difícil que pueda ser, lo correcto –en el sentido de que eso es lo que dicta el hecho de ubicarse a favor de los intereses de las clases populares– es volver a Chávez o comenzar de nuevo, es decir, plantearnos la actualización y el redescubrimiento del horizonte programático de la revolución bolivariana, para estar nuevamente en condiciones de derrotar al neoliberalismo.</p> </div>Tue, 31 May 2022 12:33:39 +0000Zamora2435 at https://pakitoarriaran.org «Con gente como esta…» Un libro que expone los desafíos que enfrenta el socialismo https://pakitoarriaran.org/entrevistas/con-gente-como-esta-un-libro-que-expone-los-desafios-que-enfrenta-el-socialismo <span class="field field--name-title field--type-string field--label-hidden">«Con gente como esta…» Un libro que expone los desafíos que enfrenta el socialismo</span> <div class="field field--name-field-imagen-entrevista field--type-image field--label-hidden field__item"><img src="https://pakitoarriaran.org/sites/default/files/2022-05/persona.jpg" width="550" height="300" alt="Persona " typeof="foaf:Image" /> </div><span class="field field--name-uid field--type-entity-reference field--label-hidden"><span lang="" about="https://pakitoarriaran.org/user/37" typeof="schema:Person" property="schema:name" datatype="" xml:lang="">Zamora</span></span> <span class="field field--name-created field--type-created field--label-hidden">Jue, 19/05/2022 - 11:57</span> <div class="field field--name-field-autor-entrevistas field--type-string field--label-hidden field__item">Yonaski Moreno</div> <div class="field field--name-field-entrevista-entrevistas field--type-string field--label-inline"> <div class="field__label">Entrevista a</div> <div class="field__item">Reinaldo Iturriza</div> </div> <div class="clearfix text-formatted field field--name-body field--type-text-with-summary field--label-hidden field__item"><p><strong>¿Qué lo motivó a escribir este libro?</strong></p> <p>Hacia mediados de 2019, cuando resultaba más que evidente que la estrategia estadounidense de “cambio de régimen” vía experimento Guaidó había resultado en un completo fracaso, me dispuse a escribir lo que hoy llamaría una radiografía cultural del chavismo. Me parecía pertinente auscultar el alma de esa identidad política en la que me reconozco plenamente, y evaluar hasta qué punto los sucesivos shocks políticos, económicos, sociales y culturales que ha padecido la sociedad venezolana durante buena parte de la última década, habían dejado una huella en nosotros y nosotras. Partiendo de la sospecha de que se estaba produciendo, lenta pero sostenidamente, una mutación no solo en el chavismo, sino en general en las clases populares e incluso en lo que pudiera llamarse el régimen de gubernamentalidad, me motivaba identificar la naturaleza y las implicaciones de estos cambios.</p> <p>Más recientemente, en febrero de este año, escribí lo que considero un primer balance general de la etapa post-Chávez, y que incluyo en el libro a manera de larga introducción.</p> <p>En líneas más generales, diría que intento abordar, de la manera más desprejuiciada y menos autocomplaciente posible, asuntos que considero fundamentales y que deben ser discutidos pública y ampliamente. Por ejemplo, la orientación de la política económica de nuestro Gobierno. Además, son asuntos, me parece, cuyo interés trasciende las fronteras nacionales. Creo importante fortalecer los canales de interlocución con la militancia popular y revolucionaria a escala global.</p> <p><strong>De acuerdo a lo que expone en su obra, ¿cuáles son los desafíos que enfrenta el socialismo en la actualidad?</strong></p> <p>La idea-fuerza de socialismo del siglo XXI ha venido perdiendo eficacia política en años recientes. Incluso, da la impresión de que el socialismo se ha convertido en una mala palabra, en un anatema casi, para parte del liderazgo oficial. Con eficacia política me refiero a que el socialismo del siglo XXI, tal y como Chávez lo concebía, siempre estuvo asociado al esfuerzo, materializado a través de políticas públicas, orientado a resolver los problemas concretos de la población. Chávez planteaba, como recordaremos, que era sencillamente imposible resolver dichos problemas en el marco de nuestro capitalismo dependiente y subordinado. Había que ir más allá, debía producirse la transición hacia otra manera de vivir en sociedad. Con la idea-fuerza de socialismo del siglo XXI Chávez perfilaba un horizonte estratégico. Es decir, el socialismo nunca se trató de una abstracción, de un ideal hermoso pero irrealizable, de un exceso ideológico.</p> <p>Pues bien, me parece bastante evidente que durante los últimos años ha ganado mucho terreno la idea de que para resolver nuestros problemas es preciso, antes que cualquier otra cosa, prescindir del socialismo. Y se pretende prescindir de este asociándolo justamente con lo que no es: un modelo que ha probado ser un fracaso, un exceso, etc. Si se cometieron errores en la ejecución de políticas orientadas conforme a un horizonte estratégico que, por demás, contaba con el respaldo mayoritario de las clases populares, lo que procede es corregir los errores, no renunciar al horizonte estratégico.</p> <p>En tal sentido, nos enfrentamos al desafío de actualizar y redescubrir, incluso, la idea-fuerza del socialismo del siglo XXI. Actualizarlo quiere decir, por supuesto, que hay que adecuarlo al tiempo presente. Pero sobre todo quiere decir que las orientaciones estratégicas asociadas a dicha idea-fuerza siguen teniendo plena vigencia.</p> <p><strong>¿Por qué publicar un libro en este momento y no anteriormente, cuando se vivían las peores consecuencias del asedio contra Venezuela?</strong></p> <p>En primer lugar, la verdad no estoy muy seguro de que no estemos padeciendo todavía las peores consecuencias del asedio imperialista. Venezuela sigue siendo una nación sometida a medidas coercitivas, arbitrarias e injustas que dificultan en grado extremo el funcionamiento de su economía en general, y la materialidad de las mayorías populares en particular. Hay que saber interpretar con mucha cautela los signos de recuperación económica. Estamos viviendo en un país profundamente desigual. Como lo planteo en el libro, hay una parte de la población que ha sido nuevamente invisibilizada, que ha sido expulsada del mercado de bienes de consumo de primera necesidad, del mercado laboral formal, etc.</p> <p>Uno de los signos de estos tiempos es también la ausencia de perspectivas de futuro, lo que guarda relación, por cierto, con el desdibujamiento de nuestro horizonte estratégico. El fenómeno migratorio, por ejemplo, obedece ciertamente a razones de índole económica, pero también tiene que ver con este asunto de las perspectivas. En tal contexto, no tengo dudas de que a mucha gente le parecerá un despropósito publicar un libro. Sin embargo, lo concibo como un muy modesto aporte. Hay que contribuir de alguna forma al ensanchamiento de nuestras perspectivas, y creo que eso puede hacerse aportando al libre debate de las ideas, que es vital para cualquier sociedad.</p> <p>Este libro lo he publicado por mi cuenta, echando mano de los ahorros familiares. Parece una simple anécdota, pero es más que eso: en 2020, en plena cuarentena, nuestra hija mayor nos manifestó su deseo de irse a estudiar a un país suramericano. Pronto entendimos que tal decisión tenía que ver, precisamente, con el hecho de que sus perspectivas de futuro en Venezuela, al menos en el corto plazo, se habían reducido al mínimo. A pesar de que, muy en el fondo, no estábamos de acuerdo, decidimos hacer lo que consideramos correcto: apoyarla. Al cabo de un año casi habíamos logrado reunir lo suficiente para el boleto aéreo. Para nuestra sorpresa, en diciembre pasado, nuestra hija nos comunicó su decisión de permanecer en el país.  Pues bien, decidimos invertir ese dinero para editar y publicar cien ejemplares de este libro.</p> <p><strong>¿A qué gente se refiere en el título de la obra?</strong></p> <p>A la mayoría de nuestro pueblo. A la gente que sigue luchando, empecinadamente, a pesar de todas las adversidades y obstáculos, y que intenta ser coherente con la forma de hacer política que aprendimos con Chávez. A la gente que ha vuelto a ser invisible, y sin la cual no podemos sino sentirnos incompletos. A la gente que está triste, pero que está dispuesta a recuperar la confianza, a sanar sus heridas y sus traumas, que siente profunda inconformidad con la desfiguración del pasado, que está intentando comprender el presente y desea recuperar su futuro. En fin, me refiero a la mayoría de la gente que está leyendo estas líneas.</p> <p><strong>¿Dónde y cómo puede adquirirse el texto?</strong></p> <p>El libro puede descargarse gratuitamente en la página saberypoder.com, en la sección Libros y en la barra lateral derecha. Si alguna persona desea adquirir el libro impreso, puede escribir a mi correo: reinaldo.iturriza@gmail.com, o al número telefónico: 0412.722.0469, y allí nos ponemos de acuerdo.</p> </div>Thu, 19 May 2022 15:57:08 +0000Zamora2415 at https://pakitoarriaran.org El chavismo en el laberinto hegemónico (y una novedad histórica) https://pakitoarriaran.org/articulos/el-chavismo-en-el-laberinto-hegemonico-y-una-novedad-historica <span class="field field--name-title field--type-string field--label-hidden">El chavismo en el laberinto hegemónico (y una novedad histórica)</span> <div class="field field--name-field-imagen-articulos field--type-image field--label-above"> <div class="field__label">Imagen</div> <div class="field__item"><img src="https://pakitoarriaran.org/sites/default/files/2021-12/cemento1.jpg" width="550" height="300" alt="Cemento. Sandra Iturriza" typeof="foaf:Image" /> </div> </div><span class="field field--name-uid field--type-entity-reference field--label-hidden"><span lang="" about="https://pakitoarriaran.org/user/37" typeof="schema:Person" property="schema:name" datatype="" xml:lang="">Zamora</span></span> <span class="field field--name-created field--type-created field--label-hidden">Mar, 21/12/2021 - 12:36</span> <div class="field field--name-field-autor-articulos field--type-string field--label-above"> <div class="field__label">Autor</div> <div class="field__item">Reinaldo Iturriza</div> </div> <div class="clearfix text-formatted field field--name-body field--type-text-with-summary field--label-hidden field__item"><p><strong>Elecciones, salario, inflación y fractura hegemónica</strong></p> <p><a href="https://elotrosaberypoder.wordpress.com/2021/11/27/la-contienda-electoral-del-21n-un-analisis-en-frio/">El pasado 21N, por primera vez en los últimos veintiún años, y tomando como referencia solo las contiendas electorales de carácter regional, las candidaturas oficiales del chavismo obtuvieron un porcentaje de votos menor que el alcanzando por el conjunto de fuerzas políticas de oposición: 45,30% versus 52,34%. A esto debemos sumarle una merma de 1.770.596 votos en relación con las elecciones regionales de 2017, lo que equivale a una disminución del 30,44% de su caudal electoral.</a></p> <p>Si tomamos como referencia todas las elecciones celebradas en idéntico período, y exceptuando el referendo para la reforma constitucional de 2007, el chavismo siempre obtuvo mayor porcentaje de votos que la oposición, salvo en una oportunidad: las elecciones parlamentarias en diciembre de 2015.</p> <p>Hagamos un brevísimo ejercicio de memoria: en las elecciones previas a las parlamentarias de 2015, esto es, en las municipales de diciembre de 2013, el chavismo había alcanzado una cómoda victoria. ¿Qué ocurrió entre una elección y otra? Es cierto que el salario mínimo integral experimentó un incremento del 87,93%, pasando de un valor promedio de Bs.F. 5.414,38 en 2014 a un valor promedio de Bs.F. 10.175,34 en 2015. No obstante, la inflación (precio de alimentos) ascendió a 68,5% en 2014 y marcó 180,9% en 2015. Dicho de otra manera, la inflación aumentó 164,09% en 2015 en relación con el año precedente, casi dos veces más que el porcentaje de incremento del salario mínimo integral. El cuadro 1 del anexo ofrece más detalles al respecto.</p> <p>Si la evaluación del comportamiento de este par de indicadores nos permite una primera aproximación parcial a la magnitud de la desvalorización del salario mínimo integral entre 2014 y 2015, procedamos a tomar en consideración el valor real del salario mínimo integral, medido de acuerdo al valor del dólar especulativo. Así, tenemos que en 2014 el valor promedio del salario mínimo integral fue de 60,17 dólares, -41,05% menos que en 2013, mientras que en 2015 el valor promedio fue de 23,15 dólares. En otras palabras, en 2015, el valor promedio del salario mínimo integral disminuyó -61,53% en relación con el año precedente, como puede observarse en el cuadro 2 del anexo.</p> <p>Lejos de cualquier determinismo económico, no pretendo sugerir que el comportamiento de estos indicadores nos ofrece una explicación suficiente de las razones de la derrota en las elecciones parlamentarias de 2015. Si existiera tal cosa como una relación causal unívoca, mecánica, entre la desvalorización del salario mínimo integral y los resultados electorales, en adelante el chavismo difícilmente hubiera obtenido alguna victoria electoral: luego de recuperar levemente su valor promedio en 2016 (se apreció 33,05% en relación con 2015), ubicándose en 30,80 dólares, en 2017 disminuyó -35,13% en relación con el año previo, marcando 19,98 dólares; en 2018 cayó -70,73%, ubicándose su valor promedio en 5,85 dólares; en 2019 apenas se apreció, un 6,61%, marcando 6,23 dólares, y en 2020 disminuyó -52,34%, para situarse en 2,97 dólares (ver cuadro 2 del anexo).</p> <p>Lo que resulta indiscutible es que, para el momento de las elecciones parlamentarias de 2015, la clase trabajadora venezolana había experimentado cuatro años consecutivos de significativa desvalorización de sus ingresos, si tomamos como referencia el valor promedio del salario mínimo integral de acuerdo al dólar especulativo, o tres años consecutivos, si la referencia es el salario según el dólar oficial (ver cuadro 2 del anexo). Durante este período, tal circunstancia económica, a la que se suman una serie de factores políticos, geopolíticos, sociales y culturales, irá creando las condiciones históricas para que se produzca una fractura del bloque histórico democrático popular chavista. El resultado de la contienda de 2015 debe entenderse como el correlato electoral de este fenómeno.</p> <p>Está por realizarse un estudio pormenorizado de la manera como fue mutando la estructura de clases de la sociedad venezolana durante aquellos años. Sin disponer, por los momentos, de datos más precisos, no es aventurado afirmar, sin embargo, que durante tal período aumentó notablemente la cantidad de “nuevos” pobres, con el agravante de que muchos de ellos recién habían logrado salir de la pobreza entre 2004 y 2012.</p> <p>Los datos a la mano sobre pobreza por ingreso, informalidad y desempleo permiten inferir una reducción significativa de una fracción de clase, el subproletariado, que a mi juicio constituyó el centro de gravedad de la política de Chávez. Debe entenderse como formando parte del subproletariado, siguiendo al brasileño Paul Singer, a los pobres que trabajan, aunque su trabajo no les proporcione medios suficientes para asegurar la reproducción normal de su fuerza de trabajo.</p> <p>Según la CEPAL, la pobreza por ingreso se redujo de 47% en 2004 a 21,2% en 2012, y la pobreza extrema de 18,6% a 6%. La informalidad, mientras tanto, se redujo de 48,9% en el segundo semestre de 2004 a 42,1% en el segundo semestre de 2012. Por último, el desempleo disminuyó de 13,9% a 7,4% en el mismo período. Se cuentan por millones los trabajadores y las trabajadoras que abandonaron su condición de subproletarios para incorporarse, de pleno derecho, a la clase trabajadora formal no empobrecida. La revalorización del salario durante estos años dio pie al surgimiento de lo pudiera considerarse, aunque de manera un tanto equívoca, una “nueva clase media popular”.</p> <p>Esta “nueva clase media popular”, que en realidad refiere a una clase trabajadora robustecida tras años de revalorización de sus ingresos, será la principal afectada entre 2012 o 2013, según se considere, y 2015, siendo los más perjudicados, en las primeras de cambio, y como resulta harto predecible, quienes se ubicaban más próximos a la línea de la pobreza.</p> <p>Parece igualmente indiscutible que, tras la derrota en las parlamentarias de 2015, el objetivo estratégico primordial del liderazgo político y partidista de la revolución bolivariana consistía en recomponer fuerzas, encarando la fractura del bloque histórico democrático popular chavista. Pues bien, más allá de cualquier declaración oficial u oficiosa, y dando por hecho que el liderazgo hizo suyo aquel objetivo, lo sensato sería reconocer que éste estuvo muy lejos de ser alcanzado.</p> <p>En el interregno 2016-2018, el valor promedio del salario mínimo integral se apreció siempre en mayor proporción que la inflación, como puede verse en el cuadro 1 del anexo. Sin embargo, medido en dólares, la situación es muy distinta: como se aprecia en el cuadro 2, si la referencia es el precio oficial, observamos que en 2016 el comportamiento de los indicadores favoreció al valor promedio del salario mínimo integral, que se apreció 78,39% respecto del año anterior, mientras que la inflación aumentó 51,69%. En 2017, el valor promedio del salario mínimo integral siguió apreciéndose, con un 55,21% de incremento, pero la inflación aumentó 214,36% respecto del año anterior, casi cuatro veces más. En 2018, con una economía azotada por la hiperinflación, la situación fue mucho más grave: el valor promedio del salario mínimo integral cayó -68,81%, mientras que la inflación se disparó 14.977,70%. Si la referencia es el dólar especulativo, la correlación siempre fue negativa: el salario aumentó 33,05% en 2016, pero se mantuvo por debajo de la inflación, y disminuyó -35,13% y -70,73% en 2017 y 2018, respectivamente.</p> <p>Como es sabido, en septiembre de 2018 el Gobierno decidió adoptar un conjunto de medidas económicas orientadas principalmente a reducir la hiperinflación. Vistos los resultados, puede afirmarse que está en vías de lograrlo: ésta pasa de 130.060,20% en 2018 a 9.585,50% en 2019, vuelve a bajar en 2020, cuando marca 2.959,8%, y todo indica que en 2021 seguirá disminuyendo. Pero, en este punto, la pregunta es inevitable: ¿a qué precio? El precio no es otro que el valor del salario. Dicho de manera sencilla: el precio lo está pagando la clase trabajadora venezolana.</p> <p>Como puede verse en el cuadro 1, tanto en 2019 (aunque por muy poco margen) como en 2020, el valor promedio del salario mínimo integral se apreció por encima de la inflación. No obstante, el cuadro 2 nos muestra que en 2019 se produce una caída de -84,64 en el valor promedio del salario mínimo integral medido en dólares oficiales (6,87 dólares) y otra caída de -55,19% en 2020, cuando el salario mínimo integral pasa a valer 3,04 dólares. Más elocuente aún, nótese que la variación interanual de la inflación (-92,63% y -69,12% en 2019 y 2020, respectivamente) es prácticamente equivalente a la pérdida de valor del salario mínimo integral. En otras palabras, el valor del salario disminuye casi exactamente en la misma proporción que la inflación.</p> <p>Vistos estos indicadores, no puede sorprendernos en lo absoluto la pérdida de apoyo de las candidaturas oficiales: una disminución de 7,39 puntos porcentuales en relación con 2017, lo que equivale, como apuntamos al principio, a una disminución del 30,44% de votantes.</p> <p><strong>Bloque histórico democrático popular chavista o novedad histórica</strong></p> <p>Circunstancias gravísimas y determinantes como el asedio económico imperialista, <a href="https://elotrosaberypoder.wordpress.com/2019/02/13/venezuela-formar-filas-contra-el-neoliberalismo-disciplinario/">al que me he referido en varios artículos previos</a>, y que suele estar ausente en la mayor parte de los análisis del antichavismo, puede considerarse un atenuante, sin duda alguna, pero no exime en lo absoluto de responsabilidad al liderazgo político y partidista de la revolución bolivariana.</p> <p>Adicionalmente, parto del principio, indisociable de la cultura política chavista, de que una de las peores prácticas en que puede incurrir el liderazgo es proceder a “culpar” a las mayorías populares, y concluir que la pérdida de apoyo electoral sería reflejo de una improbable “incomprensión” del momento histórico. El tono elogioso con el que muchos voceros oficiales y oficiosos se refieren a esa minoría “<a href="https://elotrosaberypoder.wordpress.com/2019/06/23/radiografia-sentimental-del-chavismo-vii-irreductibles/">irreductible</a>” de venezolanos y venezolanas que, pese a todo, aún siguen expresando su apoyo electoral a las candidaturas oficiales, apenas es capaz de disimular el reproche implícito a las mayorías crecientemente desafiliadas.</p> <p>Antes al contrario, estoy convencido de que tanto la minoría “irreductible” como las mayorías desafiliadas están más bien próximas a comprender cabalmente el profundo y nefasto impacto que produce un asedio económico imperialista que es sistemático y deliberado, y la forma como éste afecta nuestras vidas. La diferencia estriba en la manera como una y otras evalúan el desempeño del Gobierno a la hora de hacerle frente. La evaluación tiende a ser, sin duda, muy negativa, por cierto no solo para las mayorías, y es absurdo pensar que esta valoración no se expresará en las urnas electorales.</p> <p>La desafiliación política de las mayorías populares, quizá el principal fenómeno político de estos tiempos, es la resultante, en buena medida, de la incapacidad del liderazgo para recomponer el bloque histórico democrático popular chavista. Revertir el proceso que condujo a su fractura pasa necesariamente por anteponer los intereses de la clase trabajadora. Pues bien, no es posible recomponer bloque histórico democrático popular aplicando medidas económicas que anteponen el objetivo de controlar la hiperinflación al objetivo de revalorizar los ingresos de trabajadores y trabajadoras.</p> <p>Parafraseando a Marx, bien es cierto que en el caso de una nación asediada por el imperialismo, como en el caso venezolano, la cuestión social es, antes que todo, la cuestión nacional, y es imposible resolver la primera cuestión sin resolver la segunda. Ahora bien, ¿cómo resolver la cuestión nacional si la base social de apoyo al proyecto revolucionario se fractura y se debilita a pasos agigantados?</p> <p>El proceso que apuntala el liderazgo, entendiendo siempre que no se trata de una unidad monolítica, y en cuyo seno pudieran manifestarse divergencias programáticas de mayor o menor envergadura, pareciera más bien orientado a recomponer un bloque histórico de distinta naturaleza, uno en el que lo popular, la clase trabajadora, y específicamente el subproletariado en tanto fracción de clase, ya no constituyen el centro de gravedad, lugar que pasarían a ocupar diversas fracciones de la burguesía, tanto de la “nueva” como de la tradicional o histórica.</p> <p>Si tal hipótesis resultara correcta, esto nos permitiría comprender varias cosas, a saber: por qué el liderazgo ha puesto más empeño en suscitar la fractura de la clase política antichavista, que en recuperar apoyo popular masivo; por qué ha puesto tanto empeño en aceitar una maquinaria electoral cada vez más clientelar y asistencial, para derrotar no solo al antichavismo fracturado, sino para combatir cualquier resquicio de maquinaria popular y revolucionaria, <a href="https://elotrosaberypoder.wordpress.com/2021/08/27/dos-almas-un-solo-cuerpo/">como quedó claramente en evidencia en el municipio Simón Planas del estado Lara</a>, durante las primarias abiertas del 8 de agosto; por qué el Gran Polo Patriótico es un espacio de confluencia política cada vez más menguado.</p> <p>Limitémonos al primer asunto. Buena parte de la vocería oficial y oficiosa no solo ha celebrado el éxito indiscutible de las tácticas encaminadas a dividir a la clase política antichavista, sino que además se ha mostrado muy optimista respecto de lo que pueda suceder en el corto y mediano plazo: a su juicio, y en resumen, se trata de diferencias insalvables entre figuras enceguecidas por sus ambiciones de poder. Siendo así, no tendría mucho sentido perder el tiempo en detalles más bien secundarios, como el hecho de que la oposición antichavista, de haber logrado definir una candidatura unitaria, hubiera podido obtener al menos nueve gobernaciones adicionales; o el hecho de que, por segunda vez en seis años, el chavismo obtuvo menos votos que la oposición; o el hecho de que el chavismo perdió casi un tercio de sus votantes en relación con las últimas elecciones regionales.</p> <p>Es decir, pareciera haberse instalado muy cómodamente la idea de que es posible seguir ganando elecciones haciendo lo mínimo necesario. Salvo en casos puntuales, como en el estado Barinas, donde fue preciso recurrir a la vía judicial para “resolver” un asunto que tendría que resolverse siempre, y en todas partes, no solo de manera política, sino haciendo política chavista: <a href="https://elotrosaberypoder.wordpress.com/2015/12/23/repolitizar-gobernar-revolucionariamente/">gobernando revolucionariamente para ganar elecciones.</a></p> <p>Así las cosas, no sería de extrañar que eventualmente se hiciera público algún análisis que concluyera que, muy por el contrario de lo que plantean voces agoreras, el bloque histórico ¿chavista? se está recomponiendo con la incorporación a filas de una suerte de “oposición antichavista democrática”.</p> <p>Los signos de interrogación remiten a un problema, permítaseme la expresión, existencial. Supongamos que tal es el escenario: que el liderazgo, o al menos parte de él, ha asumido que solo es posible prevalecer en el poder recomponiendo bloque histórico vía la incorporación de la “oposición antichavista democrática” y desplazando a la clase trabajadora de su centro de gravedad. ¿Cabría hablar, con propiedad, de bloque histórico democrático popular chavista? ¿Seguiríamos denominándolo chavista, por pura convención, aunque cada vez lo sea menos, y a falta de algún término que dé cuenta de la novedad histórica?</p> <p>Vayamos más lejos, por más problemas que nos depare el territorio de lo nuevo, como podría haberlo dicho Rosa Luxemburg: ¿acaso alguien en su sano juicio sería capaz de afirmar que la mayoría de ese casi 60% que no acudió a votar el 21N se reconoce en la clase política antichavista? Réstesele el voto ausente (migrantes), el antichavismo desafiliado (quienes, a pesar de identificarse como antichavistas, decidieron abstenerse) y el abstencionismo estructural. Con todo, es muy probable que el grueso de quienes decidieron abstenerse se identificara, durante muchos años, con el chavismo, e incluso puede que una parte lo siga haciendo, pero dejó de sentirse representada en el PSUV.</p> <p><a href="https://elotrosaberypoder.wordpress.com/2020/02/18/cuarentena-ix-estado-de-excepcion-y-el-lugar-de-las-mayorias-populares/">En artículos previos</a>, intentando analizar a fondo este asunto de la desafiliación política, he sugerido que el fenómeno describiría el hecho de que parte importante de la población ya no se reconoce en el chavismo en tanto identidad política. Pero, ¿acaso no será ésta una manera errada de plantear el problema? ¿No será más bien al contrario: no tanto que millones de personas, o al menos una cantidad considerable de ellas, ya no se identifican con el chavismo, sino que aquella novedad histórica, que aún no sabemos cómo nombrar, ya no expresa los intereses de las mayorías populares?</p> </div>Tue, 21 Dec 2021 16:36:47 +0000Zamora2183 at https://pakitoarriaran.org Una muy singular normalidad sin sobresaltos https://pakitoarriaran.org/articulos/una-muy-singular-normalidad-sin-sobresaltos <span class="field field--name-title field--type-string field--label-hidden">Una muy singular normalidad sin sobresaltos</span> <div class="field field--name-field-imagen-articulos field--type-image field--label-above"> <div class="field__label">Imagen</div> <div class="field__item"><img src="https://pakitoarriaran.org/sites/default/files/2021-06/parque0.jpg" width="550" height="300" alt="Parque Central, Caracas" typeof="foaf:Image" /> </div> </div><span class="field field--name-uid field--type-entity-reference field--label-hidden"><span lang="" about="https://pakitoarriaran.org/user/37" typeof="schema:Person" property="schema:name" datatype="" xml:lang="">Zamora</span></span> <span class="field field--name-created field--type-created field--label-hidden">Vie, 25/06/2021 - 11:21</span> <div class="field field--name-field-autor-articulos field--type-string field--label-above"> <div class="field__label">Autor</div> <div class="field__item">Reinaldo Iturriza</div> </div> <div class="clearfix text-formatted field field--name-body field--type-text-with-summary field--label-hidden field__item"><p>I.-</p> <p>A muy pocos días de celebrarse el bicentenario de la Batalla de Carabobo, que sellaría la independencia nacional, la cotidianidad caraqueña trascurre sin mayores sobresaltos.</p> <p>En Parque Central, donde vivo, la mayoría de los comercios están abiertos hasta bien entrada la tarde. Podría decirse que se consigue lo que usted busque. Las grandes aglomeraciones de gente, las colas, el desabastecimiento, son cosa del pasado. Los precios de algunos productos pueden variar significativamente de algún lugar a otro. Salvo muy contadas excepciones, todo está dolarizado. Desde que inició la cuarentena se han multiplicado los pequeños emprendimientos que incluyen servicio a domicilio. Antes del coronavirus el cuentapropismo ya marcaba la pauta.</p> <p data-entity-type="" data-entity-uuid="" style="text-align: center;"><span><img alt="" height="1023" src="https://pakitoarriaran.org/sites/default/files/2021-06/parque1.jpg" width="766" /><span title="Dar clic y arrastrar para cambiar tamaño">​</span></span></p> <p>El CLAP distribuye una bolsa de alimentos con periodicidad mensual. La última incluyó cuatro kilos de harina de maíz, dos kilos de arroz, dos kilos de frijol chino, un kilo de azúcar, un kilo de pasta, dos latas de sardinas y doscientos gramos de leche en polvo. El precio ronda los 0,30 dólares, al cambio de hoy.</p> <p>A muy pocos metros, en el hotel Alba Caracas, se ha instalado desde comienzos de junio un centro de vacunación contra el COVID-19, al que acude mucha gente. La prioridad la tienen las personas mayores de 60 años, y les siguen el personal de salud y las personas con alguna patología. Los primeros reciben una vacuna rusa, la Sputnik. El resto, si tiene menos de 60 años, una vacuna proveniente de China. La mayoría de quienes hacen su cola han recibido un mensaje de texto, indicándoles que han sido seleccionados. Un mensaje posterior les indica el lugar, el día y la hora de la cita. Pero también acude alguna gente que no ha sido notificada, reclamando su derecho a ser vacunada. La cantidad de dosis diarias no siempre alcanza, por lo que algunas personas deben armarse de paciencia, regresarse a sus casas sin ser vacunadas e intentarlo otro día.</p> <p data-entity-type="" data-entity-uuid="" style="text-align: center;"><span><img alt="" height="766" src="https://pakitoarriaran.org/sites/default/files/2021-06/parque3(1).jpg" width="1024" /><span title="Dar clic y arrastrar para cambiar tamaño">​</span></span></p> <p>También a escasos metros de Parque Central, una estación de servicio expende gasolina a precio regulado. Funciona de manera irregular, dependiendo de los niveles de abastecimiento. Durante las últimas semanas se ha visto poco movimiento. La mayoría de los días ha permanecido cerrada. El tiempo que puede tomar ponerle gasolina al carro es bastante azaroso: con suerte, alrededor de una hora. Por término medio, unas tres horas. En momentos de mayor escasez, doce horas o más. Hay quienes tardan solo algunos minutos: los que pagan en dólares a alguno de los funcionarios policiales o efectivos militares que resguardan la estación de servicio. Al menos en teoría, cualquiera tiene derecho a 120 litros mensuales de gasolina a precio regulado, y puede abastecerse cada cinco días, de acuerdo al número de placa del carro. Estas condiciones no aplican si se tienen dólares suficientes para saltarse los controles o para pagar 0,50 dólares por litro, el precio en las estaciones premium, como se les llama oficialmente.</p> <p data-entity-type="" data-entity-uuid="" style="text-align: center;"><span><img alt="" height="766" src="https://pakitoarriaran.org/sites/default/files/2021-06/parque3.jpg" width="1024" /><span title="Dar clic y arrastrar para cambiar tamaño">​</span></span></p> <p>A pesar de estas limitaciones, hay días de mucho tráfico vehicular, aunque en líneas generales las colas son mucho menos frecuentes que hace unos pocos años. De un tiempo a esta parte se observa una mayor cantidad de unidades del transporte público terrestre. Durante décadas un tema muy sensible para la población, lo que obligaba a la intervención estatal, hoy en día las tarifas las imponen los conductores, quienes las ajustan periódicamente. Las dos estaciones aledañas del Metro de Caracas, Bellas Artes y Parque Central, siguen en funcionamiento, aunque cierran un poco más temprano. El Metrocable de San Agustín presta servicio de manera parcial.</p> <p>El servicio eléctrico funciona normalmente, con muy pocas interrupciones. Algo similar puede decirse del servicio de telefonía e internet. El suministro de agua potable, en cambio, es bastante irregular, y puede faltar dos o tres días a la semana. Las personas que viven en los pisos más altos son las más afectadas, porque el agua no llega con suficiente presión, y pueden estar hasta cinco o más días sin el servicio. En el propio Parque Central se puede recargar un botellón de 18 litros por medio dólar.</p> <p>Hace mucho tiempo que desapareció la prensa escrita. La información y la opinión circulan, fundamentalmente, a través de los teléfonos celulares. Los quioscos que antes vendían periódicos se han convertido en lugares de expendio de cigarrillos, café y chucherías. Las tres o cuatro tradicionales marcas de cigarrillos han sido desplazadas por otras seis u ocho, hace un par de años desconocidas, que se venden a un precio mucho menor. Las galletas provenientes de Turquía, más baratas, han invadido el mercado, aunque también es posible conseguir chocolates de marcas estadounidenses o europeas, a precios menos accesibles.</p> <p>Ésta es apenas una pincelada de lo que ocurre en pleno centro geográfico de Caracas, pero no es, ni siquiera aproximadamente, lo que se vive en los márgenes de la ciudad formal, así como tampoco en buena parte del resto del país. La realidad es también lo que no se cuenta.</p> <p>II.-</p> <p>En la Venezuela de comienzos de siglo la gente común y corriente se habituó a una cotidianidad vertiginosa que, en la mayoría de los casos, fue vivenciada como una experiencia gozosa. Aunque la politización de las mayorías populares no se produjo de manera súbita, así fue percibido por parte importante de la sociedad, para la cual aquellas mayorías se hicieron no solo visibles, sino muy bulliciosas, con la llegada de Chávez al poder.</p> <p>La onda expansiva de lo que pudiera llamarse la experiencia Chávez alcanzó a impactar con mucha fuerza a la sociedad venezolana hasta bien entrada la segunda década del siglo, cuando una mezcla de grave crisis económica incipiente con violencia antichavista comenzó a trastocar la sociabilidad construida durante la revolución bolivariana.</p> <p>Que la memoria es selectiva lo demuestran los relatos, a la orden del día, que evitan a toda costa referirse a cualquier mínimo episodio que refiera a aquellos tiempos, nada lejanos, en que tanta gente se sentía plena y feliz, se sabía protagonista, y tenía una confianza inusitada en el futuro.</p> <p>Una sucesión de humillaciones y privaciones, errores y brutales agresiones, terror incluido, perspectiva cierta y por fortuna conjurada de guerra fratricida incluida, fueron trocando aquel vértigo creador en miedo, dolor, desconfianza, incertidumbre. Los brevísimos momentos de tregua apenas alcanzaban para reunir fuerzas. La calma, cuando la había, era una tensa calma. Luego fue la hiperinflación, con toda su carga destructiva, como si el propósito fuera el trastorno generalizado, que ya nadie pudiera estar en sus cabales.</p> <p>Si tuviera que nombrar de alguna forma lo que hoy somos, diría que somos sobrevivientes. Con todo, no estoy seguro de que el término nos haga justicia. Tengo mis serias dudas. Justicia sería, a mi juicio, encontrar una palabra que nos describa no como víctimas lastimeras y miserables, incapaces de valerse por sí mismas, sino como hombres y mujeres que hemos sido capaces de seguir adelante, a pesar de todo. Justicia sería poder hablar de nosotros, poder contarnos, sabiendo que estamos incompletos, que nos falta una parte, de nuevo invisible, y que la queremos de vuelta.</p> <p>¡Saltos! ¡Saltos! ¡Saltos!</p> <p>Puede que resulte muy extraño decirlo cuando lo que impera es esta muy singular normalidad sin sobresaltos. Pero la política no ha muerto, solo se está transformando.</p> <p>Es cierto que la gente evita hablar de política en las calles, que la pugnacidad de otros tiempos casi ha desaparecido. Es posible que, para decirlo con Bolívar, el enemigo se sitúe en una altura inaccesible y plana, y nos domine y nos cruce con todos sus fuegos. Pero aquel bullicio aún recorre nuestras entrañas, como una procesión. Podrá ser intangible, invisible, pero existe. Y es una llama inextinguible.</p> <p data-entity-type="" data-entity-uuid="" style="text-align: center;"><span><img alt="" height="766" src="https://pakitoarriaran.org/sites/default/files/2021-06/parque4.jpg" width="1024" /><span title="Dar clic y arrastrar para cambiar tamaño">​</span></span></p> <p>Fotos: Sandra Iturriza</p> </div>Fri, 25 Jun 2021 15:21:20 +0000Zamora1943 at https://pakitoarriaran.org Salvajes y desafiliados: una conversa con Reinaldo Iturriza https://pakitoarriaran.org/entrevistas/salvajes-y-desafiliados-una-conversa-con-reinaldo-iturriza <span class="field field--name-title field--type-string field--label-hidden">Salvajes y desafiliados: una conversa con Reinaldo Iturriza</span> <div class="field field--name-field-imagen-entrevista field--type-image field--label-hidden field__item"><img src="https://pakitoarriaran.org/sites/default/files/2020-10/Iturriza.jpg" width="550" height="300" alt="Reinaldo Iturriza" typeof="foaf:Image" /> </div><span class="field field--name-uid field--type-entity-reference field--label-hidden"><span lang="" about="https://pakitoarriaran.org/user/37" typeof="schema:Person" property="schema:name" datatype="" xml:lang="">Zamora</span></span> <span class="field field--name-created field--type-created field--label-hidden">Vie, 16/10/2020 - 13:25</span> <div class="field field--name-field-autor-entrevistas field--type-string field--label-hidden field__item">Cira Pascual Marquina</div> <div class="field field--name-field-entrevista-entrevistas field--type-string field--label-inline"> <div class="field__label">Entrevista a</div> <div class="field__item">Reinaldo Iturriza</div> </div> <div class="clearfix text-formatted field field--name-body field--type-text-with-summary field--label-hidden field__item"><p>En esta entrevista con Reinaldo Iturriza, bloguero y autor de El chavismo salvaje, hablamos sobre algunas de las cuestiones más complejas que enfrenta el chavismo hoy: la desafiliación política de sectores amplios de la sociedad venezolana y los encuentros y desencuentros de Chavez (y su proyecto) con la izquierda.</p> <p><strong>Cira Pascual Marquina (CPM): Tú has desarrollado una lectura creativa sobre la identidad de Chavismo. Como ejercicio, ¿podrías hacer una síntesis sobre esta lectura?</strong></p> <p>Reinaldo Iturriza (RI): Está en primer lugar lo planteado en El chavismo salvaje. Cronológicamente, este libro recoge escritos que van desde 2007 hasta 2012, fundamentalmente. Entre otras cosas, hay allí un primer intento de identificar las tensiones a lo interno del chavismo, de explicar a qué lógicas responden las distintas líneas de fuerza que lo atraviesan, cómo éstas se expresan en prácticas, etc. Escribir estos textos implicó, naturalmente, un mínimo ejercicio de abstracción, intentando captar el movimiento real, por demás vertiginoso, pero en ningún momento tuve la intención de ubicarme como un observador del chavismo “desde afuera”. Todo lo contrario, son textos enteramente militantes. En ese entonces consideraba que teníamos la obligación de intentar explicar lo que íbamos comprendiendo acerca de lo que habíamos sido y éramos como movimiento. Había que hacer un esfuerzo por partida doble: por una parte, dejar registro de lo que significaba para nosotros y nosotras la experiencia de la revolución bolivariana, y por la otra construir un relato al margen de la propaganda, que no hiciera concesiones a interpretaciones autoindulgentes.</p> <p>El mismo concepto de “chavismo salvaje” está lejos de ser una simple metáfora, o una provocación. Lo que identificaba entonces es que había un intento de “brutalizar” al chavismo, que es una de las prácticas fundantes del antichavismo, pero igualmente otro orientado a “embrutecerlo”, que sería lo propio de lo que allí denomino como “oficialismo”. Con todo, hacía la importante salvedad de que el funcionariado, por ejemplo, no era por definición “oficialista”, y precisaba que perfectamente podía reproducirse una lógica política “oficialista” militando en el movimiento popular. Intentaba, en síntesis, que problematizáramos la cuestión del poder, de su ejercicio, y por su supuesto del Estado, de la institucionalidad.</p> <p>En El chavismo salvaje planteé unos cuantos problemas de esta índole y dejé abiertas, como es inevitable, muchas interrogantes. Fue realmente un punto de partida. En adelante he intentado profundizar en algunos de estos asuntos, y en otros que han ido surgiendo.</p> <p>Luego, en 2017, escribí un pequeño ensayo aún inédito: Chávez lector de Nietzsche. Chávez fue un intenso y desprejuiciado lector de Nietzsche durante sus últimos dos años de vida. Y como cabría esperar de un hombre como Chávez, no se trataba de simples disquisiciones filosóficas. Tales lecturas, entre otras, inspiraron algunas decisiones de gran envergadura. El célebre “Comuna o nada” nace, al menos en parte, de esta peculiar y muy heterodoxa lectura que hacía Chávez de Nietzsche. En fin, en línea con el análisis iniciado en El chavismo salvaje, y tomando como referencia la lectura que hacía Gilles Deleuze de Nietzsche, sugería la existencia de un chavismo activo que se distinguiría claramente de un chavismo reactivo.</p> <p>En 2018 escribí otro libro aún inédito, La política de los comunes, en el que además reúno algunos textos ya publicados sobre la cuestión comunal en Venezuela. Entre otras cosas, allí intento demostrar que el chavismo significó una ruptura con la cultura política adeca. Es decir, si bien hay una clara línea de continuidad entre ésta y lo que podría llamarse la cultura política chavista, lo que distinguiría a esta última es, precisamente, lo que tiene de singular. ¿En qué consiste la singularidad del chavismo? ¿En qué punto ocurre esto? Cuando, en plena década de los 90, se produce lo que el mismo Chávez llamaría una verdadera “ruptura epistemológica”, que es lo que sucede cuando los jóvenes militares bolivarianos “descubren” la idea-fuerza de democracia participativa y protagónica. De nuevo, aquí estamos en presencia de un acontecimiento teórico y político en toda la línea, en tanto que, gravitando en torno a esta idea-fuerza, la política revolucionaria en Venezuela ya no sería la misma. Hay un antes y un después de este acontecimiento. Creo no exagerar al afirmar que la misma revolución bolivariana será posible a partir de esta ruptura. Ella lo cambia todo, y en particular la manera de relacionarse con el sujeto popular.</p> <p>Más recientemente, en 2019, escribí la Radiografía sentimental del chavismo, y comencé a trabajar en una línea de investigación a la que intitulé Cuarentena, lo que por cierto no tiene que ver con la contingencia derivada de la pandemia por el coronavirus, sino con el hecho de que, en 2017, las líneas de fuerza más reaccionarias del antichavismo se hicieron fervorosos promotores del bloqueo económico total contra Venezuela (una “cuarentena” para contener y erradicar la “enfermedad contagiosa” que es el chavismo).</p> <p>La Radiografía puede ser leída como una actualización del análisis iniciado en El chavismo salvaje. Por ejemplo, lo que identifico en la Radiografía como “chavismo desafiliado” no es más que la expresión más contemporánea del mismo chavismo salvaje hastiado, ¡ya en 2010!, de lo que llamo la “política boba”, con el agravante de que este fenómeno de desafiliación se ha hecho masivo.</p> <p>En Cuarentena he intentado identificar los condicionantes de este fenómeno de desafiliación política, comenzando a hurgar a fondo en un campo de análisis al que no presté la suficiente atención en todos estos años: el económico. Más que un asunto pendiente, se trata, digamos, de una deuda colectiva, mucho más que personal: comprender, por ejemplo, cuál es la composición de clases de la sociedad venezolana actual. Pero, más allá de la pertinencia de una instantánea sobre la actual coyuntura histórica, me parece que debemos ser capaces de saber cuál ha sido la evolución de la estructura de clases en la sociedad venezolana, pongamos, desde la década de los 70. Hasta tanto no dispongamos de información tan básica como crucial, estaremos condenados a repetir las mismas generalidades sobre el “rentismo petrolero”, el “post-rentismo” y cuestiones por el estilo.</p> <p>Algunas de mis hipótesis de trabajo, actualmente, son las siguientes: 1) hay una relación estrecha, no mecánica, pero tampoco casual, entre la emergencia de las primeras células revolucionarias en el seno del Ejército venezolano, en la década de los 80, y el progresivo aumento de la informalidad y el desempleo; 2) hay evidencia histórica, documental, de la claridad estratégica de los militares bolivarianos respecto de lo que tendría que ser la médula del sujeto popular revolucionario: eso que tan temprano como en 1993 Chávez identificaba como “clase marginal”, conformada, fundamentalmente, por lo que algunos estudiosos llaman “subproletariado”, que es la fracción de clase proletaria más golpeada por la crisis económica: son los pobres que trabajan, pero cuyo trabajo no les garantiza lo mínimo suficiente para la reproducción de la vida; 3) el apoyo de este “subproletariado” será decisivo en la victoria electoral de Chávez en 1998 y más determinante aún en la resistencia contra todas y cada una de las tentativas destituyentes de los primeros años de revolución bolivariana, incluido el categórico triunfo en el referendo de 2004; 4) la política social, económica y cultural durante las presidencias de Chávez tendrá como propósito, fundamentalmente, afectar positivamente las condiciones materiales y espirituales de vida de esta fracción de clase; 5) todo el esfuerzo de construcción de hegemonía popular y democrática liderado por Chávez tendrá como centro de gravedad esta fracción de clase: sus aspiraciones y demandas, pero también su organización. Desde esta perspectiva, me parece, puede entenderse una iniciativa como la creación de los consejos comunales y, más tarde, de las Comunas; 6) la derrota en las parlamentarias de 2015 es un campanazo, en el sentido de que es signo de fractura de esta construcción hegemónica democrática.</p> <p>Pienso que, con información suficiente a la mano, es posible demostrar, sin mayores contratiempos, que este “subproletariado” es el correlato económico (y al mismo tiempo político, sin duda alguna) de eso que en algún momento llamé “chavismo salvaje”. Y habiendo hecho el correspondiente análisis riguroso, pormenorizado, de la evolución de la estructura de clases de la sociedad venezolana durante las últimas décadas, algo que, insisto, está por hacerse, creo que estaríamos en mejores condiciones para encarar los desafíos del tiempo presente.</p> <p>La pregunta sobre el “chavismo salvaje” hoy, en buena medida desafiliado, es la pregunta sobre el “subproletariado”. Y las respuestas a estas preguntas nos arrojarían pistas inestimables sobre cómo proceder para retomar la construcción de hegemonía popular y democrática.</p> <p><strong>CPM: Ahora viene algo más complicado... contrastemos la identidad del Chavismo con el ejercicio de la política desde el Estado hoy (entendiendo todos los factores externos que condicionan la política, pero centrándonos en el ejercicio cotidiano de la misma)</strong></p> <p>RI: Es que, de entrada, es prácticamente imposible referirse al ejercicio cotidiano de la política gubernamental sin tomar en cuenta estos factores externos. Si hay algo que sobredetermina, digamos, nuestra vida cotidiana es el bloqueo económico que pesa sobre el conjunto de la sociedad venezolana. Los efectos del bloqueo llegan al extremo de lo inenarrable: éste produce sufrimiento, privaciones, angustia, ansiedad, miedo, ira, desconfianza, muerte, a lo que se suman la incertidumbre y el estrechamiento del horizonte que produce una circunstancia como la pandemia. Hablamos de una experiencia que es difícil de transmitir a pueblos que, por una razón u otra, han tenido la fortuna de no padecer un asedio tan criminal.</p> <p>Además, allí donde tiene eficacia el relato imperialista se produce lo que Walter Benjamin llamaría empatía con el vencedor, cuya traducción sería más o menos la siguiente: si en Venezuela estamos atravesando por semejante trance histórico es porque nos lo tenemos bien merecido, idea que se expresa de distintas formas, incluido el truculento expediente sobre la existencia de una “dictadura”, un “régimen”, etc.</p> <p>Hay empatía con el vencedor por dos razones, principalmente: porque se es cómplice de quienes se arrogan el derecho de hacer el papel de verdugos, que es el caso, por ejemplo, del antichavismo más cipayo, y porque se tiene miedo de padecer un asedio similar, por lo que se elige no levantar cabeza, desviar la mirada o directamente ensañarse contra el vencido, para decirlo en términos del mismo Benjamin.</p> <p><strong>CPM: Ahora bien, y ésta es una pregunta clave: ¿el pueblo venezolano ha sido vencido?</strong></p> <p>RI: Cualquiera podría opinar que estoy equivocado, y seguramente sería capaz de esgrimir razones muy válidas, pero mi respuesta es que no. No creo que el pueblo venezolano haya sido vencido. Y una de las razones que sustentan mi posición es, precisamente, el profundo convencimiento de una parte importante de la población, así lo percibo, de que, con todo y los nefastos efectos del bloqueo, tenemos un margen de maniobra. Es decir, nuestro destino sigue estando en nuestras manos.</p> <p>Lo que percibo es que, para una parte importante de la población, el bloqueo no es una fatalidad. Es un crimen, y ese crimen produce privaciones y muertes. Pero no es una fatalidad. De ese convencimiento se deriva el hecho de que tanta gente, en todas partes, rechace tan enérgicamente el relato, propio del oficialismo, según el cual todo lo que padecemos es consecuencia del bloqueo. Y lo peor que podemos hacer en este momento es apelar a un hecho tan grave como el bloqueo para convertirlo en un pretexto.</p> <p>El problema con este relato es que libera de cualquier responsabilidad a quienes, precisamente, tienen responsabilidades de gobierno y, peor aún, libera de responsabilidad a todo el mundo: no seríamos más que víctimas que habría que proteger o, en todo caso, no tendríamos más que la obligación de “resistir”, preferiblemente sin “quejarnos” tanto. Hay mucho de falsa épica en este relato, y también mucho de fatalismo.</p> <p>¿El gobierno venezolano debe dejar de cumplir con su obligación de proteger a la población? Por supuesto que no. ¿Todo el que está ejerciendo funciones de gobierno ha hecho suyo este relato? Tampoco lo creo. Pero es sin duda un relato que ha ganado mucho terreno.</p> <p>De hecho, me parece bastante evidente que hay una crisis del relato bolivariano. ¿Cómo superarla? Poniendo en la balanza ambas cosas: el bloqueo, los efectos de las medidas coercitivas unilaterales, el asedio imperial, de un lado, y del otro nuestro margen de maniobra, las alternativas que tenemos, lo que podemos hacer. Eso pasa por tener confianza en el genio colectivo, es decir, en el sujeto popular que, en última instancia, hizo posible la revolución bolivariana.</p> <p>¿Eso quiere decir que todas y cada una de las decisiones gubernamentales deben ser previamente discutidas públicamente, a la manera asamblearia? Está claro que no. Pero no puede seguir siendo una práctica común tomar tal o cual decisión en determinada materia y que, frente a cualquier manifestación de inconformidad o incomprensión respecto de lo decidido, la respuesta sea, cuando la hay: no había ninguna otra alternativa.</p> <p>Cuando en política se parte del principio de que no hay alternativas, es como si decidieras bajar las santamarías. Y hay que saber medir las consecuencias de bajarle las santamarías en la cara al pueblo que se politizó con Chávez. Por esa razón, entre otras, es que hay tanta gente desafiliada, que ya no espera nada ni del chavismo ni del antichavismo. Eso sí debería preocuparnos y ocuparnos, y no el hecho de que todavía haya mucha otra gente que expresa de manera abierta su inconformidad, lo que a fin de cuentas es señal de vitalidad política.</p> <p><strong>CPM: Durante todo el Proceso Bolivariano siempre hubo una relación tensionada entre la institucionalidad y el movimiento popular. Durante muchos años, esa tensión fue productiva o virtuosa, pero en este momento estamos viendo que las tensiones se van convirtiendo en grietas. ¿Qué ocurre?</strong></p> <p>RI: Respecto de este asunto, pienso que lo que conocemos como el movimiento popular está en la obligación de ser profundamente autocrítico. No basta con que constatemos que eso que identificas correctamente como tensión virtuosa haya degenerado, ciertamente, en algo que se asemeja al antagonismo puro y duro.</p> <p>Uno podría despachar el asunto diciendo que esta situación no es más que una expresión de la lucha de clases a lo interno del movimiento, aunque también es cierto que hay gente que no alcanza a ver siquiera esto, y termina cediendo a la tentación de pasar cualquier conflicto, tensión o antagonismo por el tamiz de la lealtad y la traición, de manera que ya no hay más conflicto, sino leales y traidores por todas partes.</p> <p>Intentemos aproximarnos a la raíz del conflicto. He dicho más arriba que el esfuerzo de construcción de hegemonía popular y democrática liderado por Chávez tuvo como centro de gravedad al subproletariado, buena parte del cual, durante la primera década de este siglo, pasó a engrosar las filas del proletariado, eso que de manera más o menos equívoca llamamos “nueva clase media popular”, pero que nunca fue clase media en sentido estricto, sino clase trabajadora que, por primera vez en su historia, pudo vivir dignamente. Lo significativo aquí, entre otras cosas, es que estamos hablando de la mayoría del país.</p> <p>En otras palabras, Chávez se hizo un líder con la suficiente auctoritas no solo para gobernar al país, con amplias libertades democráticas, sino también para arbitrar entre las distintas líneas de fuerza del chavismo, poniendo en el centro de la política chavista, reitero, a una fracción de clase determinada, sin que esto implicara, por cierto, que la pequeña burguesía y la burguesía dejaran de beneficiarse, al margen de que estén dispuestas a reconocerlo.</p> <p>Ahora bien, por razones que no da chance de profundizar aquí, y en las que hay que seguir escudriñando, me parece que quedó irresuelto el problema de la organización de esa fracción de clase, y en general de la clase trabajadora. No puede ignorarse el hecho de que el chavismo insurge en un contexto de severa crisis de las formas tradicionales de mediación política: partidos, sindicatos, gremios, lo que exigía a todo el movimiento ensayar nuevas formas de organización, sin que fuera posible, y tampoco deseable, prescindir de las formas más tradicionales. Los consejos comunales y las Comunas vendrían a ser las formas más avanzadas de este ejercicio de experimentación política. En ellos el subproletariado se sentía, digamos, a sus anchas, con la ventaja de que estos espacios tendían a permitirle una interlocución más directa con el mismo Chávez, sin tener que pasar por el partido, el sindicato, las gobernaciones, las alcaldías, etc.</p> <p>Pero sabemos de sobra que esto no siempre ocurría así. Más bien era todo lo contrario: una y otra vez, el pueblo organizado en estos y otros espacios afines tenía que verse obligado a lidiar, naturalmente, con el partido, las gobernaciones, las alcaldías, etc., y la relación solía ser muy problemática, por decir lo menos. Y no podía ser de otra forma, porque se trataba de dos lógicas, incluso de dos maneras radicalmente distintas de concebir la política, que se enfrentaban. Entonces Chávez arbitraba, desempeñando, al mismo tiempo, el papel de jefe de Estado y el de subversivo dentro del Estado; el Chávez que está en la obligación de preservar el statu quo y el que desea transformarlo; todo a pulso, casi siempre con mucha mano zurda, realzando la importancia del partido o de preservar el control de gobernaciones y alcaldías, por ejemplo, pero al mismo tiempo exhortando a ese pueblo que se politizó al margen de las formas tradicionales de representación política, a no ser apéndice de nada ni de nadie.</p> <p>Mientras todo esto ocurría, ¿qué papel desempeñaba el movimiento popular? Me parece que intentaba, correctamente por demás, abrirse paso y ejercer un liderazgo en estos espacios de organización popular, en ocasiones dentro del partido, a veces en funciones de gobierno, pero representando siempre una modesta parte dentro de un todo muy vasto. Muy cualificado políticamente, pero con limitaciones muy evidentes, apenas disimuladas por la ventaja que implicaba contar con un liderazgo como el de Chávez.</p> <p>Creo que es bastante obvio, y por eso realmente no tiene mérito repetirlo aquí, que la ausencia física de Chávez trastoca profundamente la dinámica a lo interno del movimiento. Y es igualmente obvio que Maduro no es Chávez. Supongamos que es cierto que el subproletariado, o en general la clase trabajadora, ya no es el centro de gravedad de la política chavista, sino la “burguesía revolucionaria”, porque así lo determina la nueva correlación de fuerzas. Pues bien, ¿qué papel le corresponde jugar al movimiento popular? Ciertamente, dejar constancia de las implicaciones políticas de este trastocamiento, pero eso pasa, necesariamente, por preguntarse qué ha sido de la clase trabajadora, por interrogarse por las tribulaciones que anidan en el alma popular. Y en las actuales circunstancias, creo que eso implica comprender qué pasa por la cabeza del pueblo venezolano todo, pero en particular del chavismo desafiliado, ese vasto sujeto que parece haber quedado sin interlocución posible, en una suerte de no-lugar de la política, como ya lo he planteado en alguno de los textos que forman parte de la Radiografía.</p> <p><strong>CPM: El pasado y el presente. Para una parte del Chavismo (Misión Verdad, por poner un ejemplo) el Proceso Bolivariano está en su momento más glorioso por su capacidad de resistir los golpes. Para otra parte del Chavismo, el Proceso se está achicando por haberse apartado de la vocación democrática que lo caracterizó y por haberse desdibujado el horizonte socialista. Sin embargo, hay otro grupo a lo interno que (como Marx en el 18 Brumario) considera que la revolución debe dejar atrás su pasado y hacer su poesía en el presente. Entonces, ¿cuál debe ser la relación de la revolución con su pasado, y hasta cuándo?</strong></p> <p>RI: El pasado no nos sirve de nada si no nos permite avanzar, o desplazarnos, en el presente. Permíteme que insista en este punto de la construcción de hegemonía popular y democrática.</p> <p>Cuando uno lee con detenimiento al Chávez de la década de los 90, algunos de los pasajes más extraordinarios tienen que ver con la dura polémica que sostiene entonces con el liderazgo de los partidos de izquierda venezolanos, con parte de su militancia, con algunos referentes de la intelectualidad de izquierda. En resumen, Chávez les cuestionaba su profunda desconexión con las mayorías populares, su vocación por las discusiones interminables sin pasaje al acto, su lectura manualesca de los clásicos del marxismo, su escasa vocación de poder, su cortedad de miras estratégica, su sectarismo, su menosprecio por el pueblo. En la versión del mismo Chávez, esta izquierda consideraba aquellos cuestionamientos como un anatema, como palabrería propia de un advenedizo. He intentado reconstruir parcialmente este episodio en La política de los comunes.</p> <p>Desconozco, y la verdad importa poco, si Chávez había estudiado para entonces a un autor como Gramsci, pero conocía a profundidad la obra de gente como Alfredo Maneiro, José Esteban Ruiz Guevara, Pedro Duno, José Rafael Núñez Tenorio, Kléber Ramírez, Domingo Alberto Rangel, Alí Rodríguez Araque, Víctor Hugo Morales, Hugo Trejo, entre otros que pudieran mencionarse, y de hecho conoció y dialogó personalmente si no con todos, sí con la mayoría de ellos, antes de llegar a la Presidencia, dicho sea de paso, y en algunos casos incluso antes del 4F de 1992.</p> <p>Lo que quiero decir es que Chávez era todo lo contrario de un advenedizo: era, sin duda alguna, un militar de izquierda que, precisamente por conocerla lo suficiente, aunque no hubiera militado en ella, y en buena medida inspirado en el acervo crítico de quienes tenía como sus más lúcidos referentes, pronto comprendió que, para que la revolución bolivariana fuera posible, era imprescindible ir “más allá de la izquierda”, como lo planteara Maneiro en su célebre texto de 1980.</p> <p>De nuevo, aquí el “descubrimiento” de la idea-fuerza de democracia participativa y protagónica resultó decisivo: ella implicaba, en los hechos, someter a cuestionamiento radical, inclemente, lo que podríamos denominar la tradicional cultura política de izquierdas, comenzando porque el liderazgo político debía abandonar cualquier pretensión de “vanguardia esclarecida” y tenía que aprender a desplazarse por las catacumbas populares como pez en el agua, llevando la palabra, sí, pero sobre todo escuchando, sintiendo el padecimiento de las mayorías, acompañando sus luchas. Me parece que Chávez, al que tanto se ha acusado de líder mesiánico, vertical, autoritario, comprendió que al ciudadano común había que tratarlo como un igual, con respeto, con dignidad, y no estoy seguro de que hayamos asimilado todavía el profundo impacto que esto tuvo en el campo de la cultura política.</p> <p>Es a partir de la centralidad de esta idea de que el pueblo venezolano no solo está cualificado para participar activamente en los asuntos políticos, sino además para ser protagonista, que Chávez y el chavismo incipiente van conformando un poderoso bloque de poder, que termina alzándose con la victoria electoral de 1998. Hablamos de un momento histórico en que los rótulos importaban muy poco: no importaba si usted se autodefinía como una persona de izquierdas, lo que importaba era si usted consideraba necesario derrotar a la clase política que representaba a la democracia burguesa, al pacto de élites, y si creía posible construir una democracia genuina, popular, participativa y protagónica.</p> <p>Cualquiera que revise los estudios de opinión de la época puede constatar que la mayoría de la gente que votó por Chávez no se identificaba con la izquierda. Pero, además, ¿qué cosa era la izquierda? Porque lo cierto es que, definitivamente, no hay una izquierda, sino muchas. No lo tenía claro el movimiento, que reunía en su seno distintas expresiones de la izquierda, desde la más tradicional hasta la más radical, pero también a gente de la derecha. No lo tenía claro la gente, y tampoco Chávez, que incluso coqueteó durante breve tiempo con la “tercera vía”, como seguramente recordaremos.</p> <p>Pero sucede que, en 2006, la mayoría de la gente que vota por Chávez se autodefine de izquierdas. ¿Qué significaba entonces ser de izquierdas? No es una pregunta cualquiera. Por simple deducción lógica podemos concluir que no significaba lo mismo que a comienzos del gobierno de Chávez, y mucho menos lo que significaba a mediados de la década de los 90, cuando el mismo Chávez entablaba aquella polémica con el liderazgo político de la izquierda tradicional. Habiendo superado ya varias pruebas de fuego, se había producido una suerte de decantación ideológica, programática, que no dejaba de expresarse en la gramática política, y por supuesto en la acción de gobierno.</p> <p>Hablando de gramática política, cuando en 2004 Chávez comienza a hablar de socialismo, lo hace planteando expresamente la necesidad de revisar e ir más allá de la vieja cultura política de izquierdas. En el fondo, no hacía más que reiterar, en otros términos y en circunstancias históricas muy distintas, con un acumulado político inestimable, lo que ya había planteado a mediados de los años 90.</p> <p>Chávez no se deslinda de la izquierda, la izquierda se resignifica con Chávez y el chavismo, se cualifica, se hace más potente, más nacional y popular, intentando consolidar una nueva cultura política, una forma distinta de concebir el ejercicio de la política, más radicalmente democrática.</p> <p>Con la ventaja que implica hacer cualquier lectura retrospectiva, hoy puede evaluarse qué tan lejos llegaron Chávez y el chavismo, o qué tan lejos llegamos, en este intento de refundar el ejercicio de la política revolucionaria. Podemos señalar, aquí y allá, dónde hubo avances más lentos, retrocesos incluso; cuánto siguió pesando la vieja cultura política, no solo de la izquierda más tradicional, sino incluso de la adeca; podemos y debemos identificar cuáles siguen siendo los problemas irresueltos.</p> <p>Pero lo que no puede desconocerse es que la tentativa de construir hegemonía democrática y popular, eso que Chávez llamaba el socialismo venezolano, bolivariano, del siglo XXI, fue apuntalado, en buena medida, por un liderazgo de izquierda revolucionaria, que logró aglutinar en torno suyo a las mayorías populares.</p> <p>Por todo lo anterior, hay que ser extremadamente cautos, diría incluso que muy escrupulosos y manejarse con mucha honestidad política e intelectual, cuando se discute, hoy en día, sobre la izquierda. Más específicamente, percibo una cierta inclinación por distinguir entre izquierda y chavismo, o por erigirse como el “legítimo” representante de aquella o de este último. En los casos más extremos, hay una cierta propensión a identificar a la “izquierda”, así, entre comillas, como una amenaza o algo por el estilo, como el epítome de lo que está extraviado en política.</p> <p>El asunto, por supuesto, está muy lejos de ser puramente nominal. Aquí no se trata tanto de cómo usted se autodenomine. La historia nos ha brindado unos cuantos ejemplos, y lo seguirá haciendo, lamentablemente, de muchos “legatarios” de Chávez que terminaron en farsa. Aquí de lo que se trata es de a cuál cultura política se tributa: cómo concebimos el ejercicio de la política, cómo procedemos (por ejemplo, cuando se está cerca del “poder” o lejos de él), cómo dirimimos las diferencias, cómo nos relacionamos con la gente, que es quizá lo más importante.</p> <p>Irónicamente, en muchas de las invectivas contra la “izquierda” pueden identificarse exactamente las mismas prácticas, los mismos malos hábitos, de la izquierda más tradicional: soberbia, autoritarismo, verticalismo, sectarismo, menosprecio por la gente; el convencimiento de que se forma parte de una vanguardia preclara que sí está informada, sí entiende, sí es capaz de ver lo que la mayoría no puede ver, sí sabe lo que hay que decir en el momento correcto y conoce perfectamente cuáles cosas no deben ser discutidas. En suma, la misma cultura política que hizo de la izquierda más tradicional un conjunto de fuerzas sencillamente incapaz de construir hegemonía popular y democrática.</p> <p>Dejar atrás el pasado y hacer poesía en el presente, decías en tu pregunta, siguiendo a Marx. Me parece que al poeta le hace falta un buen baño de humildad. No olvidar que la poesía popular fue hecha todos estos años, y sigue haciéndose, en buena medida, contra la vieja cultura política de izquierdas. Nos hace falta asumir que si a tanta gente no le gusta la poesía que recitamos hoy, no es tanto porque está hastiada del presente, sino porque sabe, después de Chávez, que no es posible lidiar con el presente repitiendo los mismos errores del pasado.</p> </div>Fri, 16 Oct 2020 17:25:47 +0000Zamora1402 at https://pakitoarriaran.org Una política alegre https://pakitoarriaran.org/articulos/una-politica-alegre <span class="field field--name-title field--type-string field--label-hidden">Una política alegre</span> <div class="field field--name-field-imagen-articulos field--type-image field--label-above"> <div class="field__label">Imagen</div> <div class="field__item"><img src="https://pakitoarriaran.org/sites/default/files/2020-09/Chaplin.jpg" width="550" height="300" alt="Charles Chaplin" typeof="foaf:Image" /> </div> </div><span class="field field--name-uid field--type-entity-reference field--label-hidden"><span lang="" about="https://pakitoarriaran.org/user/37" typeof="schema:Person" property="schema:name" datatype="" xml:lang="">Zamora</span></span> <span class="field field--name-created field--type-created field--label-hidden">Jue, 10/09/2020 - 04:06</span> <div class="field field--name-field-autor-articulos field--type-string field--label-above"> <div class="field__label">Autor</div> <div class="field__item">Reinaldo Iturriza</div> </div> <div class="clearfix text-formatted field field--name-body field--type-text-with-summary field--label-hidden field__item"><p>Más allá del shock que produce la guerra total contra la nación, y del hecho innegable de que la mayoría de la población no tiene más opción que concentrarse en la resolución cotidiana de la materialidad, hay otras razones que explican el creciente y peligroso desinterés por los asuntos políticos.</p> <p>Una de ellas es la indignación campante, que determina el ánimo de parte considerable de quienes, de una forma u otra, intervienen en el debate público, expresión esta última que raya en el eufemismo, a juzgar por la virulencia de algunas polémicas.</p> <p>Hay gente que vive indignada, cuya vida transcurre como si no fuera posible vivirla sin indignación. Es gente que ha llegado al punto de considerar la indignación como un derecho irrenunciable, incluso por encima del mismo derecho a la vida. Peor aún, que se cree ya no con el derecho, sino en la obligación de señalar a los que han traicionado: a unos porque, dicen otros, hacen alarde de resistirlo todo, pero han terminado por aceptar cualquier cosa; a otros porque, dicen unos, ya no resisten, y no les viene en gana aceptar nada.</p> <p>Quiénes son traidores a quiénes y quiénes son leales a qué ideales, importa poco. Lo importante, tal parece, es que hay traidores por todas partes, lo que justificaría la indignación generalizada. Cualquiera puede ser lo mismo leal que traidor y, por más insólito que parezca, puede incluso ser ambas cosas al mismo tiempo. Todo depende del cristal con el que se mire.</p> <p>¿A quién conviene este terrible juego de espejos? ¿A quién beneficia la clausura de la política que supone esta entronización de la moralina, justo cuando el tiempo histórico más nos exige política con pe mayúscula?</p> <p>A estas alturas, difícilmente pueda encontrarse a persona sensata que no haya preferido abstenerse, en algún momento, de sentar posición sobre tal o cual asunto, para mantenerse a buen resguardo de la iracundia. En ocasiones, el silencio no es autocensura, sino el recurso que se tiene a la mano para censurar a los vociferantes.</p> <p>Si miraran más allá de sus narices se darían cuenta de que ya hemos tenido suficiente de su pretendida superioridad moral.</p> <p>La política no puede ser un torneo de bajas pasiones. Ejercer el liderazgo pasa por asumir la responsabilidad de hacer cuanto sea necesario para que prevalezca la unidad. De igual forma, carece de cualquier sentido hacer llamados a la unidad denostando del liderazgo.</p> <p>La indignación, que no debe confundirse con la legítima rabia, es una pasión triste, diría Spinoza. Una pasión que disminuye nuestra potencia de actuar. En lugar de reivindicar la “alegría” de los que aún resisten frente a la “tristeza” de los que han sucumbido, o la “tristeza” por los que han traicionado y la “alegría” por los que sí se han mantenido fieles a sus principios, lo que hace falta es una política alegre, deslastrada de tanta indignación, soberbia y paranoia.</p> <p>¿Esto supone abandonar los principios en favor de una unidad ilusoria? En lo absoluto. Supone, por ejemplo, no olvidar que cuando lo más supremacista del antichavismo, presumiendo de una supuesta superioridad que era realmente impotencia, hizo suyo insistir en que el chavismo no tenía cabida en la sociedad venezolana, por considerarlo una excrecencia, un accidente histórico, un motivo de vergüenza, una peste que había que erradicar, respondimos construyendo una sociedad más democrática e igualitaria, en la que nadie sobraba, en la que cada persona importaba.</p> <p>De allí venimos y hacia allá debemos ir. De lo contrario, ¿hacia dónde vamos?</p> </div>Thu, 10 Sep 2020 08:06:47 +0000Zamora1306 at https://pakitoarriaran.org Comenzar de nuevo https://pakitoarriaran.org/articulos/comenzar-de-nuevo <span class="field field--name-title field--type-string field--label-hidden">Comenzar de nuevo</span> <div class="field field--name-field-imagen-articulos field--type-image field--label-above"> <div class="field__label">Imagen</div> <div class="field__item"><img src="https://pakitoarriaran.org/sites/default/files/2020-06/edficios.jpg" width="550" height="300" alt="Edificio en Caracas." typeof="foaf:Image" /> </div> </div><span class="field field--name-uid field--type-entity-reference field--label-hidden"><span lang="" about="https://pakitoarriaran.org/user/37" typeof="schema:Person" property="schema:name" datatype="" xml:lang="">Zamora</span></span> <span class="field field--name-created field--type-created field--label-hidden">Lun, 22/06/2020 - 12:50</span> <div class="field field--name-field-autor-articulos field--type-string field--label-above"> <div class="field__label">Autor</div> <div class="field__item">Reinaldo Iturriza</div> </div> <div class="clearfix text-formatted field field--name-body field--type-text-with-summary field--label-hidden field__item"><blockquote><p>A mi padre, a los setenta y cinco años de su nacimiento</p> </blockquote> <p>¿Hasta cuándo podremos tolerar esto? – preguntó M en la cocina, quizá intentando encontrar el eco que no había conseguido en la mesa. Mientras desayunábamos, había estado comentando sobre lo difícil que resultaría la cuarentena para muchas familias, en especial para aquellas que no podían asegurar las tres comidas diarias. Nuestra respuesta había sido el silencio. Ciertamente, no un silencio cómplice, como el de quienes solo tienen ojos para mirar sus propios platos. Más bien un silencio doloroso, apesadumbrado, pero silencio al fin.</p> <p>El silencio nos persiguió hasta la cocina. No hubo comentario alguno, como si aquella pregunta fuera la hija huérfana de respuestas que hace tiempo habían iniciado un viaje sin retorno. Sin embargo, un pensamiento me atravesó la cabeza: Lo que sí es seguro, es que esta situación resulta más tolerable para nosotros, al menos más tolerable que para muchos otros.</p> <p>Recordé entonces aquella conversación con la mayor de mis hijas, en 2016, cuando por primera vez en mucho tiempo, al punto que no puedo recordar cuándo fue la última vez, algunos alimentos comenzaron a faltar en casa. Esta situación se parece mucho a la que ya vivimos en la década de los noventa – le comenté. No tienes por qué preocuparte por nosotros. De alguna manera lograremos salir adelante. Ya lo verás. Te acordarás de estas palabras. En cambio, muchos no podrán hacerlo. Son los que hoy, como ayer, vuelven a sobrevivir, y como ayer, en algún punto, ya no podrán hacerlo. Creer que esas vidas no tienen por qué importarnos, y creer que solo importa lo que hagamos con nuestras vidas: esa sería la peor de nuestras derrotas. Eso significaría que, después de todo lo vivido, por lo que hemos luchado todos estos años, no ha servido de nada.</p> <p>Como suele suceder en estas circunstancias, aquel recuerdo me condujo a otros recuerdos, y en cuestión de segundos, sin poder advertirlo y sin querer evitarlo, volví sobre mis pasos en los tempranos años noventa, cuando incursioné en la militancia revolucionaria.</p> <p>Ahora mismo pienso en aquellos años sin atisbo de nostalgia. Al contrario, me reconforta saber que, de alguna forma, sigo siendo aquel muchacho de dieciocho. A mis cuarenta y seis, ya no lucho por cambiar un mundo que apenas conozco, como cuando me iniciaba en la vida adulta. He tenido oportunidad de conocerlo bien. Y mientras mejor lo conozco, más ganas tengo de cambiarlo. Me considero un hombre afortunado: no le tengo miedo a comenzar de nuevo, si fuera necesario.</p> <p>Hoy me descubro llevando una vida muy similar a la que nos procuraron mis padres. Aunque, una vez formé mi propia familia, tuve que mudarme muchas veces, he vivido siempre en los mismos lugares: zonas residenciales de clase media trabajadora, a la que conozco muy bien, casi podría decir que como la palma de mi mano. Sin lujo alguno, más bien con frecuencia en el límite de la pobreza. Al principio, es posible, porque no nos quedaba otra opción. Pero de un tiempo a esta parte, así lo asumimos, por simple elección. Esto es lo que somos.</p> <p>No somos mejores ni peores que otros. Somos lo que somos con nuestras miserias y grandezas. Y no tenemos intención de aparentar algo que no somos. Dudo mucho que la vejez nos dé por hacerlo. Creo que moriremos como vivieron o siguen viviendo nuestros padres y como nos enseñaron a vivir. De los lazos que me unen a la mujer con la que vivo, tal vez sea ese uno de los más fuertes.</p> <p>A mis dieciocho apenas conocía el mundo que quería cambiar. Sabía, por supuesto, o más bien intuía, que algo andaba muy mal, y que nos merecíamos una vida mejor.</p> <p>Incendiamos la ciudad por los cuatro costados. Estábamos resueltos a cambiarlo todo. Por aquellos años amé por primera vez e hice amigos que siguen estando entre mis amigos más entrañables, aunque ya casi no los frecuente.</p> <p>Tras una pausa de pocos años que, no obstante, me pareció interminable, llegó el año 1998. Acababa de mudarme de la casa de mis padres y vivíamos en el típico edificio de clase media empobrecida, en la ciudad de Los Teques, en un modesto apartamento. La política era un tema prácticamente vedado en las conversaciones cotidianas con nuestros vecinos. Pero muy pronto, y debo admitir que para nuestra sorpresa, descubrimos que el anhelo de cambio era algo compartido por la inmensa mayoría de quienes nos rodeaban.</p> <p>La celebración popular de la noche del 6 de diciembre de 1998 es algo que no podré olvidar jamás. Aquella alegría tan genuina, casi podría decirse que tan furiosa, estaba hecha de una materia que la volvía perdurable, eterna, resistente a futuras frustraciones y derrotas. Fue como si exorcizáramos colectivamente la tristeza. Con todo, el hallazgo más sorprendente estaba por venir.</p> <p>Ocurrió en 2002. Entonces, y solo entonces realmente, descubrí al pueblo venezolano. Ese mismo pueblo por el que había estado luchado la década anterior. Comprendí, finalmente, que había luchado por el pueblo en abstracto, como suelen ser abstractos los ideales de un joven. Había luchado por un pueblo al que había sido incapaz de ver, aunque me cruzara con él incontables veces. Aquel año conocí el rostro del pueblo venezolano, y desde entonces comprendí que era correcto ser lo que era, no renegar de lo que era, pero que era parte de algo más grande. Descubrí, además, que estaba en el lugar donde debía estar.</p> <p>Más tarde comprendí, también, que si en los noventa no había podido conocer al ser colectivo del que formo parte, fue porque parte importante de eso que hoy somos permanecía invisible. Porque es muy difícil reconocer a un pueblo que no ha terminado de reconocerse a sí mismo, de afirmarse en la lucha por cambiar su mundo y, más allá, el mundo todo.</p> <p>Y pienso que tal vez algo de eso sea lo que nos está ocurriendo hoy, y puede que por tal motivo nos resulte tan sencillo, y tan intolerable al mismo tiempo, volver sobre 2016, y sobre los años noventa. Porque hoy no estamos todos los que somos. Una parte pareciera haber desaparecido de nuevo. Hay una parte de nosotros que ha vuelto a ser invisible. Y nos perturba pensar en lo intolerable que puede resultar para una parte de eso que somos, ser invisibles una vez más. Y está bien que la sola idea nos resulte intolerable a nosotros mismos. No podría ser de otro modo.</p> <p>De otra manera, estaríamos resignándonos a vivir una vida mutilada, incompleta, como tiene que ser la penosa vida de quienes solo tienen ojos para los platos que hay sobre su mesa. Eso sería traicionar lo que somos, lo que hemos sido.</p> <p>Hoy no estamos todos los que somos, y no asumirlo así sería engañarnos a nosotros mismos. Mal podríamos vernos al espejo si no somos capaces de ver que falta una parte, hoy invisible nuevamente. Estamos incompletos.</p> <p>Hay que comenzar de nuevo. Pero, contrario a lo que podría pensarse, la certeza de que tenemos que hacerlo no puede ser considerada una derrota. Todo lo contrario. Entre otras cosas, porque nadie nos podrá arrebatar la alegría de saber que no vamos a comenzar de cero.</p> </div>Mon, 22 Jun 2020 16:50:23 +0000Zamora1113 at https://pakitoarriaran.org Reinaldo Iturriza “La pandemia pone severamente en cuestión a la racionalidad neoliberal” https://pakitoarriaran.org/entrevistas/reinaldo-iturriza-la-pandemia-pone-severamente-en-cuestion-la-racionalidad-neoliberal <span class="field field--name-title field--type-string field--label-hidden">Reinaldo Iturriza “La pandemia pone severamente en cuestión a la racionalidad neoliberal”</span> <div class="field field--name-field-imagen-entrevista field--type-image field--label-hidden field__item"><img src="https://pakitoarriaran.org/sites/default/files/Articulos/ReinaldoIturrizaNaiz.jpg" width="550" height="300" alt="Reinaldo Iturriza" typeof="foaf:Image" /> </div><span class="field field--name-uid field--type-entity-reference field--label-hidden"><span lang="" about="https://pakitoarriaran.org/user/37" typeof="schema:Person" property="schema:name" datatype="" xml:lang="">Zamora</span></span> <span class="field field--name-created field--type-created field--label-hidden">Mar, 31/03/2020 - 19:03</span> <div class="field field--name-field-autor-entrevistas field--type-string field--label-hidden field__item">Ángel Daniel González</div> <div class="field field--name-field-entrevista-entrevistas field--type-string field--label-inline"> <div class="field__label">Entrevista a</div> <div class="field__item">Reinaldo Iturriza</div> </div> <div class="clearfix text-formatted field field--name-body field--type-text-with-summary field--label-hidden field__item"><p><em>Este viernes 27 de marzo fue publicado en <a href="http://www.ultimasnoticias.com.ve/noticias/coronavirus/el-mundo-en-shock-una-mirada-a-lo-que-viene-detras-de-la-pandemia/"><strong>Últimas Noticias</strong></a> un buen trabajo de Ángel González, intitulado <a href="http://pakitoarriaran.org/articulos/el-mundo-en-shock-una-mirada-lo-que-viene-detras-de-la-pandemia">El mundo en shock. Una mirada a lo que viene detrás de la pandemia</a>, que recoge el análisis de varios compañeros: Pablo Giménez, Luis Salas y José Negrón Valera. También algunas opiniones mías al respecto. Lo que sigue es la versión íntegra de la entrevista que me hiciera Ángel un día antes de la publicación del reportaje.</em></p> <p>********</p> <p><em><strong>Algunos dicen que la crisis desatada por la pandemia del coronavirus “cambiará al mundo”. Mucho se habla de las consecuencias económicas. Pero, ¿podemos hablar de consecuencias de carácter político? Prácticamente estamos en un “estado de emergencia global”. ¿Qué podemos esperar?</strong></em></p> <p>Las consecuencias económicas derivadas de la pandemia tienen, por supuesto, un correlato político. De hecho, como sabes, es sencillamente imposible separar una cosa de la otra, por más que el lenguaje a menudo excesivamente técnico e incluso eufemístico de los “expertos” en economía nos lleven a pensar que son campos separados. En primer lugar, no son pocos los analistas que han insistido en el hecho de que la pandemia funciona como un pretexto para que países como Estados Unidos adopten medidas que permiten encubrir, hasta cierto punto, una crisis global del capitalismo muy similar, e incluso de mayores proporciones, a la de 2007-2008. Apelando al pretexto de la pandemia, la Administración Trump ha recurrido al auxilio multimillonario de los grandes capitales, mientras ha postergado de una manera que parece deliberada la adopción de las medidas sanitarias de contención que recomienda la OMS, menospreciando expresamente la gravedad del problema, todo lo cual en razón de la “salud” de la economía, es decir, de los grandes capitales. Algo muy similar, como sabemos, ha ocurrido en Europa, particularmente en Reino Unido, pero también, en un primer momento, en países como Italia y España, hoy severamente golpeados por la pandemia. Es la misma actitud que han asumido gobiernos como los de Brasil, Colombia, Chile y México.</p> <p>Ahora bien, hablando más concretamente de las implicaciones políticas, quizá la más relevante sea el hecho de que la pandemia pone severamente en cuestión a la racionalidad neoliberal, que determina los modos de gobierno de buena parte de los países del Norte global, pero también del Sur. La pandemia ha puesto al descubierto, con mucha elocuencia, la ineficacia política de los recortes masivos a la salud pública, o problemas más específicos, como por ejemplo el hecho de que la producción masiva de implementos médicos para atender la crisis se haya relocalizado en países como China, donde es posible elaborarlos a menor costo. ¿El “estado de emergencia global” puede prefigurar un mundo post-neoliberal? Es muy pronto para afirmarlo. Con el añadido de que algo como el post-neoliberalismo no necesariamente significa un mundo más justo. A esto apuntan los análisis que vienen haciéndose respecto del gigantesco y muy eficaz sistema de control que les ha permitido a países como China y Corea del Sur, contener la propagación del virus. El resultado podría ser perfectamente un mundo más “seguro”, pero menos libre. En cualquier caso, también ha resultado muy evidente que estos últimos países han gestionado la crisis de manera mucho más eficaz (en lo que refiere, estrictamente, a la contención del virus) que sus pares del Norte. La Unión Europea, con los distintos países cerrando sus fronteras, y asumiendo posturas muy poco solidarias, parece una ficción. Todo indica que, en cuestión de días, Estados Unidos pasará a ser el epicentro de la crisis sanitaria global. A su vez, me parece que hay suficientes indicios de que China no tardará en reactivar su economía, lo que le permitirá recuperar el terreno perdido en un plazo relativamente corto, para afianzar su lugar como la principal economía del mundo, terminando de desplazar a Estados Unidos.</p> <p><em><strong>El filósofo esloveno Slavoj Zizek dijo que esta crisis podía abrir una oportunidad para avanzar hacia formas más colaborativas de relacionamiento político a nivel internacional. Una suerte de “comunismo globalizado”. ¿Cómo ves esa perspectiva?</strong></em></p> <p>Me parece que Zizek es realmente menos optimista de lo que puede parecer en primer término. Es justo decir que en ningún momento ha planteado algo como la muerte, a lo Kill Bill, del capitalismo. Lo que ha escrito es que la pandemia constituye una oportunidad para convencernos de que es necesario un cambio, porque no podemos seguir por el camino al que nos conduce el capitalismo global. Ha dicho textualmente: “el Coronavirus también nos obliga a re-inventar el comunismo basándonos en la confianza en las personas y la ciencia”. Tal sería, digamos, el dilema político que supone la pandemia. Hay que ser muy insensato para estar en desacuerdo.</p> <p><em><strong>Por otro lado, el filósofo surcoreano Byung Chul Han difiere directamente de Zizek y dice que éste se equivoca. Afirma que “la crisis no vencerá al capitalismo” y que coincide con el filósofo italiano Giorgio Agamben en su tesis de que se impondrá un “estado de excepción permanente” como situación “normal”. Y habla de una acentuación y desarrollo de los mecanismos de control social. ¿Qué podemos esperar, en realidad?</strong></em></p> <p>Si menospreciar en lo absoluto el aporte de estos intelectuales, creo que es necesario estar prevenidos respecto de estas “polémicas”. Cualquiera que lea con atención lo escrito tanto por Zizek como por Byung Chul Han puede concluir que, a fin de cuentas, sus posturas son muy similares. Sus diagnósticos también. Byung Chul Han refiere que Zizek evoca un “oscuro comunismo”, y plantea: “El virus no vencerá al capitalismo. La revolución viral no llegará a producirse. Ningún virus es capaz de hacer la revolución… No podemos dejar la revolución en manos del virus. Confiemos en que tras el virus venga una revolución humana”. Pues bien, es claro que Zizek no plantea en ningún momento que el virus vencerá al capitalismo. De igual forma, el comunismo del que habla es, digamos, bastante “transparente”. Ambos coindicen en que ésta tendrá que ser la tarea de personas de carne y hueso. En todo caso, lo más notable, me parece, es que ninguno de los dos ofrece mayores pistas al respecto.</p> <p>Agamben, por su parte, incluso ha creído necesario escribir una “aclaratoria”. Afirma que sus palabras iniciales han sido distorsionadas. En todo caso, el panorama que pinta es bastante sombrío: “Lo primero que muestra claramente la ola de pánico que ha paralizado al país es que nuestra sociedad ya no cree en nada más que en la nuda vida. Es evidente que los italianos están dispuestos a sacrificar prácticamente todo, las condiciones normales de vida, las relaciones sociales, el trabajo, incluso las amistades, los afectos y las convicciones religiosas y políticas ante el peligro de caer enfermos. La nuda vida —y el miedo a perderla— no es algo que una a los hombres, sino que los ciega y los separa”. Sospecho que esa posición es discutible: si estoy bien informado, me parece que la gravedad de la situación en Italia se relaciona, al menos en parte, con el hecho de que parte de la sociedad italiana (incluyendo, por supuesto, su liderazgo político y económico), en un primer momento, menospreció la gravedad de la situación. Y eso hizo que se multiplicara la exposición de las personas al virus, provocando la situación que ya conocemos. Luego, no estoy seguro de que sea correcto concluir que la gente decide permanecer en sus hogares porque son presas del pánico. Respetar la cuarentena, evitar exponerse y exponer a otros, también puede ser interpretado como una forma de solidaridad, y no como una señal inequívoca de pánico. En todo caso, el análisis que durante mucho tiempo viene haciendo Agamben sobre el “estado de excepción permanente” es extraordinariamente lúcido. Es cierto, como plantea en su artículo más reciente, que “una sociedad que vive en un estado de emergencia perpetua no puede ser una sociedad libre”. Pero habría que distinguir entre este fenómeno sobre el que tanto ha trabajado, de estado de excepción permanente, y que caracterizaría al mundo en que vivimos, y el estado de alarma decretado con motivo de la pandemia. Se superponen, y ciertamente el segundo puede tributar al primero, pero no son exactamente lo mismo.</p> <p><em><strong>¿Cuál es la perspectiva de esta crisis para Venezuela? En términos políticos…</strong></em></p> <p>Respecto de Venezuela, habría que decir que el estado de excepción en su modalidad de estado de alarma ha contado con el apoyo mayoritario de la población. Afirmar lo contrario sería mentir. Así de simple. Ahora bien, esta circunstancia puede parecer curiosa e inexplicable, siendo el caso que la autoridad que lo decreta es considerada ilegítima por una parte de la sociedad. ¿Qué ha sucedido? Que el Presidente ha actuado, sin duda alguna, con mucho sentido de la oportunidad, actuando firmemente y a tiempo, antes de que el virus se propague, como ha sucedido en otras latitudes. Me parece que predomina la percepción de que, en este caso, el Presidente no está actuando como el representante de una parcialidad que busca sacar provecho de la situación, sino como la autoridad de todos los venezolanos y venezolanas. ¿Cuál era la percepción generalizada antes de la pandemia? Que la autoridad del Estado prácticamente había desaparecido, que prevalecía el caos. Pues bien, el Estado ha “reaparecido” y el soberano, que es quien decide el estado de excepción, se ha relegitimado. Y lo ha hecho nada más y nada menos que velando por la salud y la seguridad de toda la población.</p> <p>A esta percepción de un mínimo de seguridad y orden en medio del caos, habría que tomar en cuenta que estamos ante un caos global. Habría que evaluar el impacto que tiene en la sociedad venezolana el hecho de estar expuesta a una cantidad realmente asombrosa de informaciones sobre muertes masivas, pánico, desabastecimiento, acaparamiento, precios especulativos, etc., en los países del “primer mundo”. Por una parte, estamos viendo cómo en muchos lugares del mundo, guardando las debidas distancias, ocurre ahora lo que hace al menos un lustro sucede en nuestro país, mientras que, justo ahora que prevalece el caos global, en nuestro país hemos sido capaces de controlar la situación. Eso no quiere decir, por supuesto, que nuestros gravísimos problemas han desaparecido súbitamente. Pero sí sugiere que una firme actuación de las autoridades, sumado a la voluntad de las mayorías populares, pueden hacer la diferencia.</p> <p>Esto deja muy mal parados a los actores políticos que se han prestado a la estrategia de “doble poder”, inscrita en los esfuerzos de Estados Unidos por acelerar el “cambio de régimen”, puesto que ha quedado una vez más en evidencia, ahora de manera particularmente elocuente, que el tal “doble poder” es una completa farsa. Pero también deja muy mal parados a los elementos que, dentro del Gobierno, vienen defendiendo posturas orientadas a una retirada estatal de la economía, y la idea de la “autorregulación” del mercado, que es precisamente lo que está causando estragos a escala global, mucho más que la pandemia propiamente.</p> <p>Es, por tanto, una oportunidad como muy pocas, que además se nos ha presentado de manera inesperada, para retomar la iniciativa en todos los órdenes, siempre en provecho de la sociedad en su conjunto (y no de parcialidades políticas), y con la mayor participación de las mayorías populares. Es una oportunidad para que, de la misma forma como lo han hecho para enfrentar la pandemia, las autoridades se pongan al frente de la situación, informando pormenorizadamente sobre las medidas económicas y de todo tipo, que tendrán que tomarse no solo para contener el virus, sino para erradicar los privilegios, combatir las injusticias, la pobreza, la desigualdad. Así, por ejemplo, sería realmente absurdo que, en momentos en que, por razones de fuerza mayor, gobiernos muy capitalistas del Norte global incurren en el “exceso” de poner en tela de juicio el afán privatizador neoliberal, en nuestro país insistamos con tales prácticas. De la misma forma, sería realmente absurdo que el Gobierno ceda a la pretensión de las elites económicas de que sean las mayorías populares las que carguen con el peso de la crisis. En definitiva, la relegitimación de nuestras autoridades no puede depender exclusivamente de garantizar un mínimo de seguridad a la población, sino que debe descansar, fundamentalmente, en el esfuerzo por construir una sociedad genuinamente democrática, más justa, solidaria e igualitaria.</p> <p>A lo anterior habría que sumarle varios datos significativos: la Secretaría General de Naciones Unidas solicitando el cese de las medidas coercitivas unilaterales, para que las naciones agredidas puedan ser capaces de enfrentar en mejores condiciones los efectos de la pandemia; la Unión Europea declarando que apoya las solicitudes que han hecho países como Venezuela e Irán, para el acceso a recursos que tienen disponibles organismos multilaterales; actores políticos del antichavismo que durante los últimos años habían quedado relegados a un segundo plano (en la medida en que la ultraderecha, encarnada en Voluntad Popular, asumía el liderazgo), manifestándose en favor de un acuerdo político, para que Venezuela pueda acceder al financiamiento externo, entre otros datos de contexto. En tales circunstancias, a la Administración Trump no se le ocurre mejor idea que ofrecer una recompensa por la cabeza del Presidente de la República, Nicolás Maduro, entre otras autoridades nacionales, como si transcurriera el siglo XIX y nuestro país fuera el lejano oeste. Este zarpazo del Gobierno estadounidense es una señal de que están leyendo estos datos y están sentado posición de la manera más brutal y grotesca posible, pateando la mesa una vez más, de manera de conjurar cualquier posibilidad de acuerdo político. De nuevo, actuando de manera unilateral y criminal, puesto que resulta claro que el perjudicado no es el Presidente Nicolás Maduro, sino toda la población venezolana. Pero además, es una clara señal de cómo Estados Unidos ha venido perdiendo progresivamente el liderazgo político global, contrario a lo que pudiera pensarse a propósito de semejante acto de “fuerza”. Son como bandazos que va dando la primera potencia mundial en la medida en que se produce su declive. Insisto, en los próximos días, el epicentro de la crisis sanitaria global será Estados Unidos. Y la Administración Trump ha demostrado fehacientemente su completa ineficacia a la hora de gestionar una crisis que le va a estallar en la cara, si no le estalló ya. Pues bien, respecto de Venezuela actúa con la misma torpeza: pudiendo ponerse a la cabeza del esfuerzo por lograr un acuerdo político que tiene cada vez más consenso nacional e internacional, lo sabotea permanentemente. Es como si quisiera arrastrarnos al precipicio al que lamentablemente se dirige Estados Unidos. Nuestro reto es evitarlo a toda costa, y creo que estamos en condiciones de hacerlo.</p> </div>Tue, 31 Mar 2020 23:03:54 +0000Zamora941 at https://pakitoarriaran.org Repolitizar: gobernar revolucionariamente https://pakitoarriaran.org/articulos/repolitizar-gobernar-revolucionariamente <span class="field field--name-title field--type-string field--label-hidden"> Repolitizar: gobernar revolucionariamente</span> <div class="field field--name-field-imagen-articulos field--type-image field--label-above"> <div class="field__label">Imagen</div> <div class="field__item"><img src="https://pakitoarriaran.org/sites/default/files/2019-11/ChavezTwitter.jpg" width="550" height="300" alt="Tuit de la cuenta del presidente Chávez" typeof="foaf:Image" /> </div> </div><span class="field field--name-uid field--type-entity-reference field--label-hidden"><span lang="" about="https://pakitoarriaran.org/user/37" typeof="schema:Person" property="schema:name" datatype="" xml:lang="">Zamora</span></span> <span class="field field--name-created field--type-created field--label-hidden">Mié, 27/11/2019 - 10:50</span> <div class="field field--name-field-autor-articulos field--type-string field--label-above"> <div class="field__label">Autor</div> <div class="field__item">Reinaldo Iturriza</div> </div> <div class="clearfix text-formatted field field--name-body field--type-text-with-summary field--label-hidden field__item"><p>Receloso como soy de los “instrumentos” para medir quién es más revolucionario que quién, y enemigo de los concursos de egos, me atrevo, sin embargo, a plantear que sí hay criterios para determinar cuándo se está gobernando de manera revolucionaria.</p> <p>Lo haré en términos muy generales, recurriendo, una vez más, a la gastada fórmula del decálogo. Lo hago porque me parece necesario. Porque no es momento de distribuir culpas, pero mucho menos de concluir que todos somos culpables. Porque los análisis deben partir de nuestras prácticas, y en ningún caso pueden convertirse en un desfile de generalidades.</p> <p>1. Un funcionario que se limita a administrar la institución, sea cual fuere, no es un funcionario revolucionario.</p> <p>2. No hace falta la presencia de revolucionarios para que las instituciones funcionen. De hecho, éstas pueden funcionar perfectamente bien sin aquellos. El asunto es: ¿funcionar para qué, para quiénes? <a href="https://elotrosaberypoder.wordpress.com/2012/11/19/desempolvar-a-maneiro-para-no-enterrar-a-la-revolucion/">En el caso de los revolucionarios, lo que corresponde, siguiendo a Alfredo Maneiro, es actuar con “calidad revolucionaria”, es decir, hacer uso de nuestra capacidad “para participar en un esfuerzo dirigido a la transformación de la sociedad, a la creación de un nuevo sistema de relaciones humanas”</a>.</p> <p>3. Si además el funcionario se limita a administrar clientelarmente los “<a href="https://elotrosaberypoder.wordpress.com/2015/12/18/chavismo-de-corazon/">beneficios</a>” del gobierno bolivariano, estamos frente a una gestión doblemente regresiva.</p> <p>4. Mal puede exigírsele al pueblo chavista silencio y complicidad frente a estas prácticas. El malestar que ellas producen debe ser convertido en fuerza para la organización, la movilización y el control popular de la gestión. Si esto no sucede, el malestar puede degenerar en resignación, forzando a una parte del pueblo a incorporarse a las redes clientelares para así poder acceder a “beneficios”. Allí donde hay clientela deja de haber ciudadanos. Allí donde el chavismo alguna vez produjo politización, empieza a campear la despolitización. En otros casos no hay siquiera resignación: hay retirada de la esfera pública.</p> <p>5. Repolitización significa gestión transformadora, movida por el principio universal de justicia. Ella supone una ética: <a href="https://elotrosaberypoder.wordpress.com/2013/02/02/por-una-cuestion-de-principios-para-pensar-la-militancia-i/">a los revolucionarios les corresponde situarse “desde el lugar de los que sufren”, para decirlo con Dussel</a>.</p> <p>6. El comandante Chávez nos orientó sobre la necesidad de repolitizar la gestión en un momento en que se imponía <a href="https://elotrosaberypoder.wordpress.com/2010/06/10/desde-que-llego-el-socialismo-i/">el fenómeno de la gestionalización de la política revolucionaria</a>. Esto ocurre cuando, frente a la crítica de la institucionalidad, los revolucionarios optan por ignorar la crítica popular y se refugian en la defensa de la institucionalidad. Común a todos los procesos revolucionarios, este fenómeno comenzó a perfilarse en Venezuela, por diversas razones, luego de la victoria en las elecciones presidenciales de 2006.</p> <p>7. La gestionalización de la política revolucionaria no es una fatalidad. No existe algo como la irreversibilidad del proceso de burocratización de la revolución bolivariana. La acción oportuna de las fuerzas revolucionarias puede hacer revertir este proceso. Hay que desconfiar de todo aquel que “decrete” el fin de los procesos revolucionarios.</p> <p>8. Un funcionario que se alía con los “poderes fácticos” para provecho personal o de grupo, de espalda a los intereses populares, no es revolucionario. Un funcionario que se limita a favorecer a grupos, por más que estos se autodenominen “revolucionarios”, no es revolucionario.</p> <p>9. Si usted evalúa una gestión de acuerdo al grado de beneficio obtenido en lo personal, ignorando deliberadamente el cuadro general, usted no está actuando como ciudadano, sino como cliente.</p> <p>10. No hay repolitización sin pueblo protagonista. Pero existe la tutela disfrazada de repolitización. La tutela es profundamente conservadora, antipopular. Quien la practica, se cree el único que sabe cómo hacer una revolución. Para quien se arroga el derecho de tutelar, la carga de la prueba siempre recae en el pueblo, que está obligado a probar, hasta el infinito, su condición de sujeto político, de ciudadano. Si las bases del chavismo resienten la actuación del funcionariado o el político corrupto, clientelar, el que tutela les exige disciplina, “conciencia”. Si las bases del chavismo se resignan o dejan de votar, no lo hacen de pleno derecho, sino porque les falta “conciencia”. ¿Quién les proveerá conciencia para que aquello no vuelva a ocurrir? El que tutela. ¿Qué ocurrirá con las causas del malestar? Probablemente permanecerán intactas, agudizándose el malestar popular. Al menos hasta que no se produzca, o se fortalezca, la alianza entre el funcionariado revolucionario y las bases populares.</p> <p>Estos sencillos criterios tendrían que servirnos para identificar a los funcionarios, casi todos anónimos, que luchan por transformar la institucionalidad para ponerla al servicio de los intereses populares. Casi siempre lo hacen en silencio, trabajando incansablemente, sin esperar nada a cambio. Ellos se distinguen claramente de los liderazgos negativos: aquellos que en nombre del “poder popular” y de la crítica a la “burocracia” y, en ocasiones, simplemente en nombre de la “crítica”, pretenden imponer intereses personales o de grupos. Que el escándalo del que son capaces no nos distraiga.</p> </div>Wed, 27 Nov 2019 14:50:12 +0000Zamora676 at https://pakitoarriaran.org