Seis voces insumisas para reivindicar la desobediencia

Performance de presos políticos
Ibai Azparren

El documental «2 urte, 4 hilabete eta egun bat» de Lander Garro narra la historia de seis personas que lucharon contra el servicio militar obligatorio. Todas fueron encerradas por elegir la cárcel antes que el Ejército y todas apostaron por la desobediencia civil no violenta como herramienta de lucha contra el Gobierno español.

Perciben que compartieron algo que les une, que los relatos carcelarios de hace más de 30 años han dejado una huella indeleble en su memoria, que sus destinos se congregaron a la sombra de una lucha, de una batalla ganada pero no celebrada y, quizás, poco recordada. Gaizka Aranguren, comunicador, Fernan Mendiola, coordinador del Grado de Historia y Patrimonio en la UPNA; Juan Kruz Lakasta, periodista en Euskalerria Irratia; Iñigo Balbas, bombero; Jaxin G. Viniegra, periodista y técnico de cooperación, y Tonino Carotone, músico, unieron fuerzas en una de las campañas de desobediencia civil no violenta más exitosas que se han vivido en Europa en las últimas décadas. Por su lucha contra el servicio militar obligatorio fueron presos y cumplieron condena en la antigua prisión de Iruñea. Los seis ponen voz, tres décadas después, al documental “Bi urte, lau hilabete eta egun bat”, dirigido por Lander Garro y coproducido por Izaskun Arandia (Izar Films) y el propio Aranguren (Labrit Multimedia).

Un largometraje que es, en cierto modo y según Garro, una «crónica del movimiento contra el servicio militar», en la que se reivindica el testimonio de una forma de lucha y la «influencia que esta puede tener en el futuro» a la hora de afrontar nuevos retos. Lejos de una crónica autocomplaciente, de conmemorar una victoria diluida en el tiempo, el documental pretende, en palabras de Aranguren, reivindicar la desobediencia civil y no violenta como instrumento político para influir en nuestra sociedad. Un documental político cuya base ha sido la convivencia de aquellas seis personas, hoy convertidas en personajes, en aquella prisión derruida en el año 2012 y cuyo solar hoy se apellida Parque de la Insumisión.

Precisamente, Aranguren explica que la idea del documental emana de las imágenes grabadas aquel año de demolición: «Cuando me enteré de que el Ayuntamiento iba a derruir la cárcel, hice algunas llamadas para entrar con cámaras. Enrique Maya me llamó para saber exactamente qué queríamos hacer; la idea era entrar unos diez insumisos y recrear algunas cosas. Me hizo una pregunta elocuente: ¿saldréis esta vez?». Salieron, y el documental partió de aquellas grabaciones tomadas hace ocho años; también de las actas de las asambleas que realizaron en prisión, entonces prohibidas y que reflejan la facultad de cientos de jóvenes para organizarse dentro de lo que fue una trinchera.

«Ver las imágenes de la cárcel fue para mí decisivo, porque en definitiva esto es un artefacto cinematográfico y el cine siempre es una sucesión de imágenes. Sin imágenes, puedes contar una historia igual en los libros o en la wikipedia. A partir de ahí, mi tarea fue completar esos testimonios principales con testimonios periféricos que han quedado al margen de crónicas oficiales, como las mujeres militantes o familiares de insumisos», detalla Garro. Una polifonía de voces insumisas que llenaron las cárceles, primero las militares, tras ser procesados en consejos de guerra, y luego las civiles, cuando eran condenados a dos años, cuatro meses y un día de prisión por no hacer la Prestación Social Sustitutoria.

Nafarroa fue la punta de lanza de la insumisión en Euskal Herria y también en el Estado español; hubo más de 3.000 insumisos en el herrialde y, durante muchos años, más de la mitad de los presos del Estado se concentraban en la vieja cárcel de Iruñea. «Es una experiencia dura entrar en prisión porque ves cómo este sistema trata peor a la gente que está peor; la cárcel está pensada para los pobres, el sistema es absolutamente autoritario. Sin frivolizar, uno de cada cuatro presos lo pasó muy mal», recuerda Lakasta.

Su paso por la cárcel fue, no obstante, una fase de crecimiento personal, de aprendizaje, de larguísimas discusiones entre cuatro paredes. «Funcionábamos a través del consenso y eso es muy especial. Al final, nos juntamos insumisos de diferentes tendencias ideológicas y buscar ese consenso no es fácil. Hicimos mucha mala leche, pero aprendimos mucho», recalca. Esas relaciones de confianza entre diferentes, esa transversalidad, fue para Garro una de las claves del éxito. «Desde las instituciones insisten en que lucha de la calle no sirve para nada. La desesperación de la sociedad es el sueño más erótico de la burocracia. Y si te das cuenta, cuando empezó el movimiento de la mili, cuenta el pionero Pepe Beunza, el mero hecho de oponerse a los soldados parecía una quimera, un sueño loco. Sin embargo, mucha gente se unió a la lucha, y poco a poco, con mucho sacrificio, se consiguió derribarla. La lección, en este sentido, es nítida: el que no juega no gana, y el que juega siempre tiene alguna opción. Donde pone mili, pongamos capital, libre mercado, burocracia... pongamos el sueño más disparatado y hermoso», remarca.

Aquella lucha logró volver atractiva la rebelión y demostró, según Lakasta, que la desobediencia civil no violenta podía servir para «construir mayorías sociales que posteriormente, y con toda la humildad, tuvieron su influencia en el desarrollo de la política vasca. No digo que fuera la principal característica, pero sí que la impulsó en una dirección y luego diversos movimientos aprovecharon ese medio como fuente de inspiración, como los solidarios o los muros populares. Algunas formas de defender el referéndum en Catalunya tienen ese aire».

una victoria no capitalizada

Tras muchos años de lucha, generosas dosis de prisión y un recorrido por los juzgados, los insumisos lograron lo que años atrás parecía impensable: el 1 de enero de 2002 cesaban por completo los llamamientos a filas. «Vino de la mano del Gobierno del PP, después de acordarlo con CIU, y para nosotros era muy difícil salir a la calle para celebrarlo. Un raro final de una hermosa victoria que no se capitalizó adecuadamente. Eso, en realidad, no sería un problema si no hubiéramos tenido otros muchos retos posteriores, pero los hemos tenido, y los tendremos, por eso es importante demostrar que hay maneras de cambiar las cosas», señala Garro.

Es irrefutable que la profesionalización de las Fuerzas Armadas fue una de las causas subyacentes de la desaparición de la mili, pero también el impedimento para ejecutar las penas previstas contra los insumisos y para lograr un cumplimiento de la prestación social sustitutoria que desbordaron la capacidad del sistema, hasta el punto de que quedaron para la historia las palabras del entonces ministro de Defensa de Felipe González, Julián García Vargas: «Los objetores y los insumisos nos llevan a un callejón sin salida».

Sin embargo, Aranguren explica que acabar con la mili era «una batalla más» que respondía a un objetivo táctico, pues su lucha tenía como fin la desaparición de todos los ejércitos. Lakasta precisa en este sentido que «éramos antimilitaristas y además teníamos muy claro el papel que el Ejército español había jugado históricamente en Euskal Herria. También había una cuestión anticapitalista. Yo creo que, en cuanto a los movimientos sociales, el camino es lo importante, no tanto conseguir el objetivo, pero además de eso, conseguimos la victoria y no la identificamos y, en ese sentido, este documental puede jugar un papel muy importante».

Lakasta opina, por otro lado, que «el relato tiene su importancia, por un lado para saber cuál fue la historia, pero también para aprender lo que se puede utilizar y yo creo que la desobediencia civil no violenta, tal y como se hizo en aquella época, tiene muchas virtudes y es muy eficaz. Hacer esa transmisión a los jóvenes me parece muy importante». Y es que los nacidos en el presente siglo o a finales del anterior tal vez les suene marciano lo de la mili. En el libro “Ez dugu nahi,” de Edurne Elizondo, la autora comparte esa preocupación, la de olvidar una lucha exitosa. «Esta revuelta pacífica de miles de jóvenes logró poner en aprietos al propio Gobierno español, pero a pesar de ello, los jóvenes de hoy en día ni siquiera saben lo que fue la insumisión», señala. Quizá tanto su obra como el documental de Garro, que se preestrenará el 24 de junio en el Antzoki Zaharra de Donostia, sirvan de altavoz e incluso de impulso.

16 segundoko epaiketak, Lacalleren irudiak... intsumisioaren istorioak

«Ehun intsumiso inguruk errepidea moztu zuten Beriainen, Espainiako Txirrindularitza Itzuliaren hamahirugarren etapan, Nafarroako hiriburuko espetxean preso dauden intsumisoen askatasuna eskatzeko». Horrela hasi zen “Egin” egunkariak gertakari haiei eskaini zien kronika, 1994ko maiatzaren 8an. Iñaki Vigor “Egin”-eko kazetaria zen orduan eta ongi gogoratzen ditu intsumisoen aurkako epaiketak: «Hainbeste kasu zeuden epaileak erabat gaindituta zeudela. Azkenerako epaiketak abiada bizian egitea erabaki zuten, desobedientziaren arrazoiak azaltzeko denborarik utzi gabe». Kasuetako batean, honela hasi zuen epaiketaren kronika: «16 segundo baino ez zituen iraun atzo egindako epaiketak...».

Garai hartan, Iruñeko kartzela intsumisioaren mugimenduaren erdigune bihurtu zen. «Ehun bat intsumiso egon ziren aldi berean preso. Horietako askok hirugarren gradua zuten, eta espetxera lo egitera bakarrik joaten ziren. Egunean zehar, lan egitera irteten ziren. Horien artean zen, adibidez, Cesar Ekisoain, ‘Egin’-en gurekin lan egiten zuena», gogoratu du Martxelo Diaz kazetariak. «Intsumisoek hirugarren graduen aurrean planto egitea erabaki eta Iruñeko kartzela kolapsatzea lortu zuten. Egun batean, espetxetik bota zituzten eta intsumisoek berriz sartu nahi zuten! Egoera kafkiarra zen», gogoratu du.

Garaiko mobilizazioen argazkiak “Egin” eta “Egunkaria”-rentzat lan egiten zuen Joxe Lacallek ateratzen zituen. Oraindik ez zen argazki-makina digitalik. Ondorioz, Iruñean errebelatu eta autobusez bidaltzen zituzten argazkiak Donostiara, gero Hernanira eramateko. Hori zen ohikoena, baina norbait Hernanira joatekoa bazen, argazkiak eramaten zituen. Martxelori tokatu zitzaion egun horretan: «Abendua zen eta elurra hasi zen. Etxegaraten geratu ginen trabatuta. Eta gurekin, intsumisoen argazkiak kartzelara sartu nahian! Erredakziora deitu eta artxiboko irudiak sartu behar izan zituzten».I.A.

Fuente
https://www.naiz.eus
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